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Las misteriosas almenas entre Bellavista y el Morlaco

Ctesifonte López, autor de ‘De la Caleta al cielo’ nos explica que estas almenas son los restos del conocido como ‘el Castillito Irlandés’, ligado a la familia Ocón

Un aspecto del pasillo con almenas, esta semana. A.V.

Junto a la casa que albergó la Fundación Manuel Alcántara, una de las viviendas de La Torrecilla, la preciosa propiedad de la familia Van Dulken, parece marcar el límite entre Bellavista y El Morlaco un muro almenado que culebrea y escolta la cuesta de la serpenteante calle Marcos de Obregón.

La presencia de unas almenas en este rincón de Málaga seguro que a más de uno le traslada a esos tiempos en los que el enemigo no eran sólo el terral o el alza de los precios sino especialmente los piratas berberiscos, sin olvidar a los ingleses, dispuestos a convertir en posesión colonial todo pedazo de tierra mal defendida.

Sin embargo, estas almenas nada tienen que ver con defensas costeras de tiempos de los Habsburgo o posteriores, cuando la toma inglesa de Gibraltar puso las pilas a las autoridades.

Vistas desde el pasillo con almenas esta semana. A.V.

La pista de estas almenas nos la proporciona Ctesifonte López, de la familia propietaria del Banco de Málaga, cuya sede principal estaba en Puerta del Mar con Atarazanas, autor del monumental trabajo ‘De la Caleta al cielo’. En este libro con hechuras de plaza de toros, evidencia del gran trabajo de documentación que realizó,el autor nos informa de que se trata de los restos del conocido como ‘el Castillito Irlandés’, que fue propiedad de Adolfo Ocón Toribio, sobrino del famoso marinista Emilio Ocón y pintor como su tío.

Lo del castillito suponemos que se lo ganó por las almenas; en cuanto a lo de irlandés, la explicación estriba, concluye el firmante, en que don Adolfo Ocón se casó en los años treinta con Juana Walsh Kennedy, cuyos apellidos evidencian que no era una italiana de pura cepa.

En mitad del paseo, un falso pimentero cargado de años y un posible depósito. A.V.

El ‘arranque almenado’ es hoy perfectamente practicable por cualquier peatón, al que le ahorra además la pronunciada curva de la calle Marcos de Obregón. Más de un centenar de peldaños tiene que afrontar el que quiera acortar por esos andurriales, pero le aguardarán unas vistas muy bonitas de Bellavista, con la casa blanca y modernista de la avenida del Pintor Sorolla haciendo de simbólica proa. En cuanto al ascenso en sí, es un pasillo estrecho, en el que el paseante se puede refugiar de las flechas del destino detrás de las almenas. En uno de los requiebros del ascenso, por cierto, vigila lo que en un primer momento parece una caseta de guardia junto a un vetusto falso pimentero, ¿un depósito ligado a la vieja casa ‘castellana’?

Transitando junto a los setos y buganvillas de las casas vecinas se llega al final del camino. Un curioso vestigio urbanístico en este rincón de Málaga de hermosos chalés e inmejorables vistas. 

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