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La Opinión de Málaga

Memorias de Málaga

La Legión, su historia

El libro ‘La Legión’, que el autor desea donar al Archivo de la Congregación de Mena, fue escrito por el fundador del cuerpo de élite, José Millán-Astray, hace casi un siglo, en San Roque, Cádiz, en el año 1923

Un momento del traslado del Cristo de la Buena Muerte en la mañana del Jueves Santo.

La intención del autor de estas líneas es que el libro ‘La Legión’, escrito por su fundador, José Millán-Astray en 1923 y editado por V. H. Sanz Calleja, pase pronto a formar parte del Archivo de la Congregación de Mena (Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Soledad Coronada).

Este ejemplar lo encontré en la biblioteca de mi padre el 15 de agosto de 1946. Si lo detallo con tanta exactitud es porque ese día, cuando me dispuse a leerlo, mi padre me dijo que si lo quería me lo regalaba. Entonces, como tenía costumbre, puse la fecha y mi firma (escrito con lápiz y no con tinta). Años después le puse el sello o ex libris Fondo Bibliográfico Guillermo Jiménez Smerdou. El libro lo leí aquel año en el que todavía vivíamos los españoles bajo el peso de la Guerra Civil y sus consecuencias: paro, hambre, necesidades, militarismo…

Le pregunté a mi padre por qué compró el libro y me contó una historia que desconocía. En los años treinta era hermano de la Cofradía de Mena y no recordaba exactamente en cuál año de aquella década la salida procesional del Jueves Santo corría el riesgo de no producirse por problemas económicos.

Ante la necesidad imperiosa de conseguir dinero para poder hacer frente a los gastos de la salida procesional, un grupo de hermanos acordó recaudar la cantidad mínima para que los tronos del Cristo y la Virgen hicieran su tradicional salida. Y la salida procesional se llevó a cabo con el acompañamiento de las fuerzas de la Legión. La vinculación Mena-Legión se produjo en 1930, dos o tres años antes del plantearse el problema de la falta de dinero. La compra del libro por parte de mi padre fue por aquellos años.

La ministra de Defensa pasa revista a las tropas en el cuartel de la Legión en Montejaque en 2018. | LA OPINIÓN

Setenta años después

Setenta y tantos años después de su primera lectura, revolviendo entre mis libros, me tropecé con éste que hoy ocupa mi atención. Me lo releí casi de un tirón y al terminar su lectura me pregunté por su futuro. Es posible que a alguno de mis hijos le interese o quizá no. Ante el temor que se pierda pensé que tal vez la Cofradía de Mena no lo tuviera en su archivo o biblioteca y que pudiera interesarle. No he investigado si en las librerías de viejo quedan ejemplares. Posiblemente sí. Pero el que yo conservo está a punto de cumplir un siglo. Millán-Astray lo escribió en 1923 en San Roque, provincia de Cádiz.

Como es costumbre o habitual entre personajes de diversas ramas del saber y políticos, artistas de teatro y cine, pintores, músicos… la materialidad de escribir sus memorias es compartida entre el autor y un ‘negro’ para que las redacte, bien por no disponer de tiempo suficiente, por no sentirse seguro de sí mismo en la redacción, por no acertar en la transmisión del mensaje a los lectores u otras razones, así que pensé, hace años que Millán-Astray, tal vez, acudiera a un escritor o periodista para esta ocasión.

El adjetivo negro, que tiene una montaña de acepciones, es el elegido para identificar a las personas anónimas que realizan estos trabajos. En el caso del general Millán-Astray, el libro ‘La Legión’ lo escribió él, sin ayuda de nadie. Esto me lo confirmó su hija Peregrina. El padre de Millán Astray hizo la carrera de Derecho, y fue un buen escritor; su hija Pilar, hermana de José, también fue una destacada escritora. Dos de sus obras teatrales más aplaudidas fueron ‘Un caballero español’ y ‘La tonta del bote’.

Pilar fue pregonera de la Semana Santa de Málaga en la década de los cuarenta. Y un detalle que muchos españoles de hoy ignoran aunque no viene al caso: José Millán-Astray fue el fundador de Radio Nacional de España en enero de 1937.

La historia

El que mejor podía contar la creación de la Legión Extranjera Española era, por tanto, su fundador. En el libro que comento, Millán-Astray narra todo el proceso que culminó el 28 de enero de 1920 con su creación. En 1923 fue cuando publicó el libro en el que en la primera página aparece, bajo el escudo del nuevo cuerpo, la siguiente dedicatoria: «Al heroico y glorioso teniente coronel Sr. D. Santiago González-Tablas García-Herreros. Muerto en la toma de Tazarut, mandando sus Regulares (1922)». En la siguiente página aparece el cuadro de honor. Lo abre el cabo Suceso Herrero, «Héroe de la Legión, murió con todos sus legionarios en el Blocao de la Muerte, en Melilla, cuando acudió en socorro de la guarnición».

Tras estas dos dedicatorias se citan los veintiocho jefes y oficiales muertos en acciones de guerra durante el periodo 1921-1922, con indicación de dónde perdió la vida cada uno de ellos, y como culminación del cuadro de honor la espeluznante información: Legionarios muertos: 329. Todas estas muertes en acciones de guerra en el norte de África corresponden a un corto periodo de tiempo: desde el 5 de abril de 1921 al 19 de diciembre de 1922. No oculta su fundador que la idea de crear una Legión extranjera en España partía de los excelentes resultados de la Legión extranjera francesa. La iniciativa contó con la protección del Rey y del entonces Alto Comisario, el general Berenguer.

Los primeros legionarios

Cuenta Millán-Astray, refiriéndose a los primeros legionarios: «Habíamos sufrido un error de cálculo al pensar en los hombres que se habían de presentar. Creímos que vendrían poco a poco, por grupos de ocho o diez al día, y que luego, con el conocimiento por la propaganda, vendrían más; pero no pensamos en la explosión. Y fue que en tres días se habían reunido cuatrocientos».

Sobre el origen y formación de los primeros legionarios recuerda el autor la presencia de un cojo, que no había manera de convencerlo de que no era posible su incorporación por su defecto físico o por otra causa. Insistió una y otra vez. Quería ser legionario y nada pedía.

Las palabras de bienvenida eran como para desistir: «Bien venidos a la Legión. En ella encontraréis cariño, amparo, una familia. Se os pide: Ser bravos y disciplinados. Se os exige obedecer las órdenes militares ciegamente. Entráis en un Cuerpo glorioso, gloria que se alcanza con las vidas y la sangre de los legionarios. Es, pues, preciso estar dispuestos a morir cuando lo reclame el deber; a sufrir fatigas, privaciones y dolores de crueles heridas. También hallaréis todo lo que se os ha prometido de vuestros sueldos, comida, ropa y ascensos y recompensas. Igualmente sufriréis duros castigos si cometéis graves faltas. ¡Entrad gozosos, sed felices y que Dios conceda a cada uno lo que venga buscando, si ha de ser para su bien».

En el breve interrogatorio que se le hace a los que aspiran a ser admitidos figuran las siguientes preguntas: ¿De dónde vienes? ¿De dónde eres? ¿Cuál es tu oficio?, pero con la advertencia que puede responder lo que estime oportuno.

Varias películas españolas fueron dedicadas a exaltar a la Legión (Raza, Harka, A mí la Legión). De la primera de ellas me he permitido saltarme la nota de «Es propiedad. Derechos reservados» y copio una escena muy difundida:

-¿Cuál es tu nombre?

-Rodrigo.

-¿Y el apellido?

-Díaz.

-¿Y el segundo apellido?

-De Vivar.

-¡El Cid Campeador!

-¡Quién sabe! – contestó, encogiéndose de hombros.

Galería legionaria

Uno de los capítulos más divertidos del libro es el titulado Galería Legionaria, en la que Millán-Astray recoge algunas historias, como la del cachondo Cid Campeador. Entre los muchos casos que se recogen cita a Werner, un austriaco, químico, mecánico y poeta; a Fulmán, que había sido espía; uno que había escapado de presidio y que mató a un policía, dos penas de muerte en España y una en Francia; otro que se autonombró príncipe ruso; un italiano que manifestó que era granadero de D’Annunzio y que pidió dos días de permiso, le obsequiaron con cinco duros para ir a Tetuán para firmar un poder en el consulado de su país… y que no volvió… Relata también el caso de Baltasar Queija de la Vega, el primer legionario que murió en combate. Era casi un niño, hizo versos de todos los conocidos… Y el primer oficial muerto en combate, el capitán Pompilio Martínez Zaldívar… En la última página se reproduce la Real Orden del 5 de agosto de 1922: El Rey (que Dios guarde), de acuerdo con su Consejo de Ministros, y conforme a lo propuesto por el Alto Comisario de España en Marruecos, ha tenido a bien conceder la Medalla Militar al Tercio de Extranjeros, Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta, nº 3, y Regimiento de Infantería la Corona, nº 71.

Está lejos todavía, pero en la Semana Santa de 2030 se cumplirá el centenario de la primera salida de Legión en la cofradía de Mena.

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