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La Opinión de Málaga

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Manuel Viola, una mirada fotográfica a la árida realidad de Etiopía

«A la mayoría de la gente no le gusta enfrentarse a la verdad, prefieren fingir que vivimos en un mundo feliz», asegura el médico y fotógrafo asentado en Málaga, que ha recorrido medio mundo con su cámara

Una de las imágenes del libro ‘Credo’. | MANUEL VIOLA

Manuel Viola (67 años) es médico porque le gusta intervenir las enfermedades que cree que hay que erradicar. Lo mismo le ocurre con la fotografía. «Saco fotografías de aquello que creo que se debe erradicar».

Con su fotografía sociodocumental, de un contundente blanco y negro «porque el color distrae», Manuel Viola, fotógrafo y director médico del Hospital HLA El Ángel, lleva denunciando con su cámara, desde hace décadas, la situación de extrema pobreza y vulnerabilidad en la que aún viven demasiados países. Un retrato de la grotesca realidad a la que «mucha gente no le gusta enfrentarse. Prefieren mirar a otro lado y fingir que vivimos en un mundo feliz».

Cinco viajes ha empleado Viola en recorrer el Norte de Etiopía y poder mostrar en ‘Credo’, un libro de más de 300 fotografías publicado por la fundación Asisa, el seno del origen de la civilización etíope y el poder absoluto que la fe ortodoxa ejerce sobre ella. «Es una devoción exacerbada, una religiosidad que roza el éxtasis».

Con una sensibilidad visual que posee solo aquel ama y cree en lo que hace, Viola logra inmortalizar la vida, la influencia de la religión y la pobreza extrema de los feligreses de ese recóndito país de África. Un país en el que la gente sobrevive gracias a sus creencias y al credo que los adorna.

Manuel Viola. | LA OPINIÓN

Sin buscar nunca sus historias, Viola se dio de bruces con la realidad de Etiopía. «Me había documentado y me pareció bonito, pero no me esperaba lo que me iba a encontrar», asegura el doctor. Desde el primer día, Viola tuvo claro que necesitaría volver a ese enigmático país para poder contar su historia como se merecía. «Cuando uno llega a Lalibela se queda absolutamente hipnotizado». La íntima y secreta ciudad es conocida por las peregrinaciones a sus 11 iglesias excavadas en piedra, consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

«Era como si hubiese viajado dos siglos atrás. Me encontré un mundo en el que todo era más pequeño. Allí una gallina es del tamaño de una paloma». ¿La razón? La falta de comida y recursos.

Su dieta se basa en el teff, un cereal proporcionado por distintas organizaciones internacionales y con el que elaboran una torta (injera) que constituye la base de su alimentación . «Y como no hay injera para todos los días, la Iglesia, para ayudarles, impone unos 200 días de ayuno al año», relata irónicamente el fotógrafo.

‘Credo’ es un grito de denuncia a la pobreza y a la falta de recursos. Su autor no duda en que una imagen vale más que mil palabras, pero defiende que «hay muchas que no deberían existir». Sin ninguna pretensión personal más allá de la denuncia, Viola espera que sus fotografías muevan a la gente a querer hacer las cosas de otra manera y ser menos egoístas. «Aunque sé que es una tontería que pretenda eso, nadie me quita que deje de intentarlo», asegura con rotundidad.

El doctor compagina su trabajo con su pasión por la fotografía que le ha llevado a recorrer medio mundo con su cámara en mano. La primera vez que marchó a Senegal fue acompañando a un amigo que buscaba sacar fotos de los cayucos. Una vez allí, le pegaron un tirón y, al darse la vuelta, se encontró con dos niños prácticamente desnudos y descalzos extendiendo la mano para que les diese algo. Como si la realidad le abofetease en la cara, aquella escena hizo despertar al fotógrafo social que formaba parte de su ser. «Eran los ‘talibés’. Una historia que he perseguido durante muchos años».

Desde aquel primer viaje a Senegal , ha pasado por Cuba, Camboya, Birmania, Marruecos o la India, a la que ha estado visitando durante ocho años. Aunque ahora va en busca de un poco de tranquilidad, Viola tiene muy claro que no dejará nunca de hacer fotografías. «Yo nunca voy de viaje. Yo siempre voy a hacer fotos. Salgo por la mañana y retrato todo lo veo y me interesa». Empezó con diez años y aún conserva aquellos primeros revelados que fueron el inicio de una vida vista a través del objetivo de su cámara.

«La importancia de la foto es la situación de empatía que se produce entre el que fotografía y el que es fotografiado. Si no se existe esa empatía, no se puede tener esa mirada», subraya el doctor que explica que tampoco vale pagar a la gente para que pose porque «aniquila la espontaneidad».

Manuel Viola no conoce nunca a las personas que fotografía. Una mirada le es suficiente para establecer o no esa «conexión inmediata». Un contrato silencioso que se firma con la complicidad del contacto visual y donde las palabras no son necesarias. «No me gustan las fotos robadas», insiste el doctor que necesita esa conexión de empatía, en la que ambos están de acuerdo, antes de soltar el obturador.

Desde el respeto y un punto de vista que enfatiza la humanidad, Manuel Viola, alejado del sensacionalismo, busca siempre la dignidad de las personas que fotografía. «No verás en mis fotos muchos niños sucios o con mocos. Huyo de eso porque creo que es una utilización de su situación. Considero que estando limpios, dicen lo mismo que llenos de suciedad».

Manuel Viola lamenta la dificultad de ser solidario en estos países. En numerosas ocasiones, el doctor se ofreció a acudir cada seis meses y operar 300 cataratas, principal razón del elevado número de ciegos que hay en Lalibela, solo necesitaban un espacio en el que operar. «Pero nunca aceptaron porque exigían que les pagásemos».

Cada vez que regresa a España, Viola deja «las fotos dormidas» durante un tiempo. Las permite reposar hasta que él se desconecta del viaje y puede comenzar a trabajar el aspecto puramente estético y de relato. De sus travesías se queda con la lección de que «el ser humano es fundamentalmente bueno. Cuánto menos tiene más te da. Y si alguien no tiene nada, te va a dar lo mejor que tenga», recalca con la serenidad que solo aportan los años y el haber vivido ciertas experiencias.

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