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La Opinión de Málaga

Crónicas de la ciudad

Sombra eficaz en la soleada expansión de la Universidad

Confiemos en que la ampliación de la UMA nos regale un área universitaria llena de árboles y abundancia de sombra, fruto de una buena planificación

Un rincón de la nueva UMA, con las grúas al fondo. A.V.

En el fantástico plano que Emilio de la Cerda realizó en 1899 de ‘Málaga y sus contornos’, en la inmensidad de la playa de la Misericordia, una vez dejada atrás la última fábrica, la de esencias, aparece reflejado el Cortijo de Nunca se Acaba, un nombre optimista, seguramente puesto por un propietario que nunca creería que la expansión urbanística llegaría hasta sus andurriales.

Detalle del plano de 1899, con el Cortijo 'Nunca se acaba'. L.O.

Lo más probable es que del antiguo cortijo sólo permaneciera el final de su nombre, reconvertido en ‘Sacaba’, lo que ha extendido la errónea creencia de que se justificaba porque ahí ‘se acaba Málaga’, cuando el sentido era justo el contrario, si bien un poco más cerca del Guadalhorce había un cortijo más, el de los Briales.

Seguramente, pocos imaginarían en los años 50 del siglo pasado que Málaga no sólo terminaría disfrutando de una Universidad, sino que además esta se expandiría como el Universo, hasta el punto de, en nuestros días, casi llamar a las puertas del arroyo de Pocapringue, a cuyo paso un poco más arriba, por el perenne barrio temporal de Los Asperones, suele ejercer la funciones de estercolero.

Zona de expansión de la Universidad de Málaga. A.V.

Pasear por esta zona en crecimiento este verano es sentirse en una de esas ciudades fantasma de China, esa suerte de fallidas ‘Marina D´Or’ abandonadas a su suerte en la inmensidad del país, aunque sin la dolorosa presencia de la arquitectura basura.

Los solares, prometedores, se encuentran enmarcados entre avenidas solitarias, al tiempo que como banda sonora, en lugar de pájaros se escucha el runrún de las hormigoneras y los martillazos.

Es inevitable no acordarse de la película ‘Playtime’ de Jacques Tati, crítica despiadada del Urbanismo falto de humanidad, como el que se encargó de forjar y desgraciar una parte considerable de nuestra Ciudad del Paraíso. Todo apunta que no será así en esta espaciosa expansión de la UMA que ya luce los carteles de sus nuevas calles (Senador García Duarte, Arquitecto Francisco Peñalosa, Pintor Esteban Arriaga... ) en un cielo perfilado por las grúas.

Una de las nuevas calles. A.V.

Eso sí, nuestros cargos públicos están a tiempo de dotar este secarral de árboles suficientes para que no evoque el desierto (chino y mongol) de Gobi, además de pérgolas cuya finalidad principal sea dar sombra, precisión que siempre hay que hacer en Málaga. 

Y entre los árboles, aquellos que aspiren a un porte notable, pues por esta soleada extensión ya empiezan a aparecer naranjos de escuálida sombra. En resumen, buena planificación para que la falta de sombra no sea la historia de nunca acabar. Ánimo.

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