La falta de sensibilidad no va por barrios. En El Limonar, hace dos años, alguien decidió deshacerse de unos papeles viejos y los tiró a la basura. Percatado de su posible valor, un barrendero los recogió del contenedor y a través de su hija se los entregó al investigador paleño Manuel López para que los depositara en el Archivo Histórico Provincial.

Se trata de tres documentos, el primero de 1721 y los otros dos de 1837 y 1841. «Cuando los vi y encontré el nombre de Antonio Bresca Colomer todo empieza a cobrar sentido», destaca Manuel López, que detalla que en los dos documentos del XIX aparece el nombre de esta personaje, un comerciante natural de Lérida, vecino de Málaga desde 1806 y que fue diputado por la provincia de Málaga en las elecciones de 1839, además de un importante propietario gracias a las desamortizaciones de bienes eclesiásticos.

Convento de las Mínimas en Archidona. L.O.

De hecho, da la casualidad de que el primer documento, el de 1721, guarda relación con el Convento de Monjas Mínimas de Archidona. «Las monjas están haciendo una inversión, están comprando un terreno en el término de Archidona, sería de ‘pan sembrar’, como se decía entonces, para plantar cereal y el vendedor además está hipotecando su casa de calle Siles, también en Archidona», comenta el profesor de la UMA Francisco Rodríguez Marín, cuya tesis doctoral versó sobre la Málaga conventual.

El profesor no descarta que este documento guardara relación con los anteriores. «Pudo ser que hubieran llegado juntos porque Antonio Bresca comprara terrenos a las mínimas», señala.

El segundo documento, el de 1837, se refiere a la recuperación de una fianza después de haber guardado una serie de objetos que se encontraban en un almacén de la «calle del Peligro», en la manzana más próxima al «muelle nuevo».  

La calle del Peligro

En el plano de Mitjana de 1838 aparecen tanto la calle del Peligro, la actual calle Trinidad Grund, como el «muelle Nuevo o embarcadero», que se encontraba donde hoy está la plaza de la Marina. El profesor Rodríguez Marín confirma la presencia de numerosos almacenes en la calle del Peligro, por entonces una zona vecina del Puerto que, por su nombre, no parecía muy recomendable.

La calle del Peligro y el Muelle Nuevo en el plano de Málaga de Mitjana de 1838. L.O.

En cuanto al tercer documento, el de 1841, es en realidad un cuaderno en el que el diputado por Málaga consignaba los pagos que recibía de los vecinos del Palo que habían comprado unas casas.

Como informa Manuel López, que menciona los trabajos del investigador Manuel Muñoz, Antonio Bresca era uno de los tres grandes propietarios de terrenos en el naciente barrio del Palo.

«Sus terrenos iban desde la actual avenida de la Estación a la calle Mar, toda esa franja», destaca el investigador, que comenta que Bresca se hizo con estas tierras, conocidas como la Huerta de la Victoria.

En este sentido, el profesor Francisco Rodríguez Marín no descarta que originalmente la huerta perteneciera a los frailes mínimos de la Victoria, algo muy común en los conventos como forma de sustento: «Los conventos tenían una dotación fundacional, normalmente al principio de los reyes, después también actúan los nobles, que solían darles unos bienes raíces para que se sustentaran; si eran huertas o viviendas las solían arrendar y un síndico, una especie de gerente del convento, se encargaba de los cobros», explica.

(Días más tarde a este encuentro, Manuel López muestra a La Opinión una copia del escrito de compraventa por Bresca de la Huerta de la Victoria, en el que confirma que pertenecieron al convento de igual nombre)

Detalle del cuaderno de la década de 1840. A.V.

Además Manuel López remarca que Antonio Bresca se hizo con terrenos de varios conventos, entre ellos el de La Merced y las Carmelitas de calle Granada y que llegó a poseer 59 casas, seis cortijos, un lagar, cuatro huertas un molino y que se le conocía como «el banquero malagueño».

El investigador explica que su intención es cumplir el deseo del salvador de estos papeles y depositarlos en el Archivo Histórico Provincial.

Para Francisco Rodríguez Marín «todos los documentos tienen interés porque la Historia se va haciendo con pequeñas aportaciones, con pequeño datos».

A su juicio, que haya ocurrido este ‘rescate’ en el contenedor «nos indica cuántos documentos antiguos están en manos particulares, que los propietarios conserven bien, pero a veces hay personas que no les dan valor y los tiran. Para estos casos hay que saber que hay lugares preparados para eso, donde los técnicos evalúan qué debe perdurar». Este será, felizmente, el caso.