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La Opinión de Málaga

Memorias de Málaga

El teatro-cine Albéniz, a escena

El Albéniz es el único representante de los 36 cines que hubo en Málaga. Consiguió el favor del público, pese a que se consideraba alejado del Centro, a partir del estreno de la famosa película ‘Lo que el viento se llevó’

El cine Albéniz es el único que sobrevive de los cines históricos de la ciudad.

El Teatro-Cine Albéniz se inauguró en septiembre de 1945. Hasta el mes de octubre no estrenó la primera película. En las primeras semanas, respondiendo a su enunciado de teatro, hubo varios espectáculos. El propósito de la empresa era alternar el cine con espectáculos teatrales, como zarzuela, comedias, dramas, operetas e incluso al menos en una ocasión, opera. La película inaugural fue una titulada ‘Enamorados’, musical interpretado por Jeanette MacDonald y Nelson Eddy. Le siguieron hasta finalizar el año ‘Doble boda’, ‘Castañuelas’, ‘Cuando ellas se encuentran’, ‘Honolulu’ y ‘Navidades en julio’.

Aunque reunía todas las condiciones para competir con los otros dos cines de estreno de Málaga (Goya y Echegaray), el público no respondió como se esperaba por dos razones: una, porque las mejores películas del momento habían sido acaparadas por los cines citados y la segunda, aunque no se lo crean, porque «estaba muy lejos».

Para la sociedad malagueña de entonces, el Centro de la ciudad se limitaba a las calles Larios y Nueva, y las adyacentes. Fuera de Granada, Calderería y pocas más, el resto no era Centro. En 2022, el Centro de Málaga sigue siendo muy pequeño porque después de la plaza de la Merced, por ejemplo, ya es barrio de la Victoria.

En los años siguientes al de la inauguración, los estrenos fueron aumentando en número y calidad. En 1946 estrenó 27 películas; en 1947, 30; en 1948, 34… y con respecto a los títulos más destacados, recordar ‘Niebla en el pasado’, ‘Las rocas blancas de Dover’, ‘Destino’, ‘César y Cleopatra’, ‘Doble vida’… Al acceder a la propiedad del cine don Braulio Murciano y don Juan Herrera el panorama cambió de forma radical. Los nuevos gestores traían nuevas ideas y arriesgaron con la contratación de la película más señera del cine de todos los tiempos: ‘Lo que el viento se llevó’. Aceptaron las leoninas condiciones de la Metro Goldwyn Mayer (lo de leoninas es además por el famoso león de la Metro) y con todos los honores se estrenó el día 24 de marzo de 1951. Un enorme cartel cubrió parte de la fachada del Albéniz.

En el restaurante ‘La Alegría’ los señores Murciano y Herrera presentaron a los medios informativos el acontecimiento, las colas ante las taquillas eran interminables, el público salió más que satisfecho por la calidad de la película y sus protagonistas (Clark Gable, Vivian Leigh, Olivia de Havilland) y se mantuvo en cartel hasta el 22 de abril. Al día siguiente, otra gran película, ‘La señora Miniver’.

El Albéniz se convirtió en el mejor cine Málaga, porque solo contrató las mejores películas extranjeras y españolas del mercado. Sin orden de fecha ni alfabético, recuerdo los éxitos de ‘Ben Hur’, ‘Doctor Zivago’, ‘Al este del edén’, ‘La mujer del cuadro’, ‘El hombre de las llaves de oro’, ‘Doce hombres sin piedad’, ‘Belinda’, ‘La jungla de asfalto’, ‘Oliver Twist’, ‘Cayo Largo’, ‘Las zapatillas rojas,‘ ‘Rostro pálido’, ‘Noche y día’, ‘Tambores lejanos’, ‘Sansón y Dalila’, ‘Cantando bajo la lluvia’, ‘Las minas del rey Salomón’ y tantas más que el público reacio a salir del ‘Centro’ acabó por aceptar en el cine que estaba lejos.

Fachada del cine Albéniz en 1954. | FONDO UNIVERSIDAD DE MÁLAGA-CTI

Conciertos, matinales...

La Orquesta Sinfónica de Málaga, la fundada por Pedro Gutiérrez Lapuente a finales de los años 40, eligió el Albéniz como local para los conciertos quincenales de los domingos por la mañana.

Los socios de la agrupación, que pagaban una cuota mensual, tenían acceso gratis a las sesiones; los no socios abonaban no recuerdo qué cantidad para asistir a cada concierto. Por desgracia, la afición a la música clásica en la década de los 40 y 50 no estaba muy extendida. Los matinales musicales se suspendieron por falta de público. Y ya que cito sesiones matinales, el Albéniz en 1976, y siguientes, celebró matinales, muchas veces estrenando películas como ‘El día del delfín’, ‘La rebelión de las sabinas’ y ‘Zindy’, y otras veces con películas estrenadas con anterioridad.

En la década de los 80 se produjo en el mundo de la exhibición una novedad: compartir dos o tres cines a la vez el estreno de una misma película. Era un servicio a la población malagueña cada vez más extendida.

Estrenar una película en el Albéniz y el Regio el mismo día no perjudicaba a nadie y sí beneficiaba a la población. Los residentes en el sector de la Carretera de Cádiz no tenían ya necesidad de desplazarse al centro para un estreno. Muchas de las películas de esos años se estrenaban simultáneamente en el Albéniz, el Regio, Avenida, una de las salas de los Multicines América… En algunas ocasiones, una cinta estrenada en Albéniz pasaba al Avenida sin mediar ni un día de diferencia.

Todas estas variedades tenían orígenes diferentes… pero con una realidad: el crecimiento de las cadenas de televisión que empezaron primero reponiendo películas antiguas y después, hasta el momento presente, estrenándolas sin coste alguno para los poseedores de televisores.

Los cines tradicionales fueron cerrando por falta de rentabilidad y en su lugar nacieron los multicines que no necesitaban ni acomodadores… y que ingresan más por la venta de palomitas, chocolatinas y bebidas que por la venta de entradas.

Más estrenos

En las décadas de los 70 y 80 la programación del Albéniz dejó ser lo que fue en las anteriores. Hubo algunos estrenos importantes como ‘Los tres días del cóndor, Mandingo’, ‘Las largas vacaciones del 36’, ‘Encuentros en las tercera fase’, las dos partes de ‘Jesús de Nazareth’, ‘Tristán e Isolda’…, años ya en que el número de estrenos se redujo bastante (20 en 1976 y 1977; 17 en 1978… hasta las 27 de 1983).

Uno de los estrenos más sonados por la presencia de los actores en el local fue el de la película española ‘Cerca del cielo’, en la que intervenía como actor el sacerdote don Venancio Marcos, famoso por sus charlas en los medios de comunicación. En la película desempeñó, como no podía ser de otra manera, el papel de sacerdote.

Me contó la explicación que tuvo que dar a la protagonista en el rodaje de la escena de su boda, porque al presidirla un sacerdote de verdad dudaba si la boda era real. Tuvo que sacarle de la duda: aunque la escena se rodara tal y como se celebran los matrimonios en una iglesia, la que se iba a rodar era solo ficción, vamos que no se iba a casar con el actor en la realidad.

Los señores Murciano y Herrera

Guardo muy buenos recuerdos de los empresarios del Albéniz, primero de don Braulio Murciano y don Juan Herrera, y después de sus hijos, con los mismos nombres, que continuaron el negocio buscando siempre las mejores películas en distribución.

Cuando les pedí autorización para radiar películas desde el Albéniz y Avenida -cine que pertenecía a la misma cadena- no pusieron el menor reparo, antes al contrario, se ofrecieron a cualquier trabajo adicional. Lo que necesitáramos.

No he olvidado algo frecuente en el mundo de la crítica cinematográfica: la queja de los empresarios por un comentario negativo sobre una película. Nunca expresaron su disgusto por una crítica desfavorable que pudiera perjudicar la asistencia de público. Aceptaban mis comentarios, aunque no fueran favorables.

El pelón

Uno de los grandes estrenos del Albéniz fue ‘Rojo atardecer’, interpretada por dos famosos de la época: Yul Brynner y Deborah Kerr. Para los que no recuerden al actor, les apunto que Yul Brynner se hizo famoso por su calva, aunque después se supo que no padecía alopecia. Se afeitó el cráneo para llamar la atención. Una forma de hacerse popular.

El día del estreno de la citada película en 1959 o 1960, ante las taquillas del cine se agolpaban numerosos malagueños interesados en verla por la fama de la pareja. Al salir de la primera sesión, uno de los futuros espectadores, reconoció a un amigo que salía de la sala, y en voz alta le preguntó ¡Pepe! ¿Qué tal película?. El aludido, que efectivamente se llamaba Pepe y cuyo apellido oculto, con toda tranquilidad le respondió: «Está bien. Al final muere el pelón». Los que estaban en la cola para acceder al cine por poco lo ‘matan’ porque reventó el final de la historia.

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