Los malagueños tampoco están a salvo, pero la presa perfecta es el visitante que viene a relajarse. Sobre todo el guiri que no habla español y no va a leer este artículo, pero que seguro que agradecerá que alguien le advierta de que la mochila que lleva a la espalda está mal cerrada o que el móvil que lleva en el bolsillo trasero del pantalón está demasiado expuesto. O que al sentarse en una terraza se ha desentendido más de la cuenta de sus pertenencias, dejándolas fuera de su campo de visión en el suelo o en el respaldo de su propia silla. Cada visitante que se marcha de Málaga como víctima de un hurto es un fracaso. Un mazazo a la imagen de la capital, donde entre enero y junio de este año se denunciaron 4.488 hurtos (25,4 al día). Según el último balance de criminalidad del Ministerio del Interior, la cifra de la ciudad supone el 41,3% de toda la provincia (11.088).

Si el hábitat de los carroñeros son las concentraciones de personas, la capital malagueña se encuentra este mes y esta semana de Feria en la cresta de la ola de visitantes que llegan por tierra, mar y aire. El gremio de los mangantes conoce a la perfección el calendario festivo, incluso la agenda de llegada de los grandes cruceros que desembarcan a miles de turistas en pocas horas. Bien lo saben en la Comisaría Centro de la Policía Nacional, donde los investigadores se enfrentan a una titánica tarea a lo largo de todo el año para mantener a raya a los saqueadores. Un inspector jefe describe a La Opinión una problemática con «varios frentes». Asegura que los carteristas peinan las estaciones de tren y autobuses, las ajetreadas recepciones de los hoteles a la hora del check-in, los centros comerciales, las playas y, por supuesto, las zonas más transitadas del Centro Histórico. La plaza de la Marina, la calle Larios, plaza de la Constitución, la calle Granada, todo el entorno de la Catedral, Alcazabilla, plaza de la Merced, Gibralfaro, el Paseo del Parque, el Muelle Uno o en un autobús de la EMT lleno de pasajeros. Una amplísima zona de acción que obliga a los chorizos a crear técnicas específicas para cada situación y a la Policía Nacional a activar dispositivos específicos en los que se coordinan con la Policía Local. El investigador confirma la actual presencia en las calles de grupos organizados de mujeres de origen búlgaro y rumano cuyas acciones han llegado a este diario a través del sector turístico y hostelero.

Muy hábiles, suelen actuar en parejas y con atuendos con los que se mimetizan con el entorno turístico. Visten elegantes, con gafas de sol y hasta pamelas, sombreros con un gran ancho de ala que les ayuda ocultar sus rostros con glamur. Actúan solas en la calle aprovechando cualquier descuido o asociadas, una distrayendo a la víctima con cualquier excusa (ojo al abrazo cariñoso) mientras la otra se apodera de alguna pertenencia. También se atreven en los comercios, incluidas las franquicias. Como refleja una de las imágenes que ilustran el artículo, una clienta mira ropa mientras una carterista, a su espalda, coge un vestido que utiliza como muleta para distraer y ocultar el momento en el que introduce la mano en el bolso de la víctima. En la calle, esa muleta puede ser cualquier prenda, un abanico, un mapa turístico o la carta de un bar.

Una carterista usa un vestido como muleta sobre la víctima. | L.O.

Los carteristas varones apuestan más por el cuerpo a cuerpo. Un método muy recurrido es el Ronaldinho, con el que abordan a la víctima simulando un regate de fútbol y aprovechan el contacto y el desconcierto de la misma para birlarle una pertenencia. Cuidado también con la mancha. Los cacos arrojan a las víctimas un producto y ofrecen su ayuda para limpiar el lamparón. En la Comisaría Centro aseguran que un hombre de origen sudamericano usa este truco muy a menudo en la zona de Gibralfaro. Los agentes destacan la educación que muestra durante sus acciones con sus víctimas y su facilidad para hablar inglés. Este método también se ha detectado en la parte baja del Guadalmedina.

"Nos han rociado comida por la espalda como si fuera excremento de pájaro, pero nos lo habían tirado ellos para robarnos en ese momento de confusión"

Manuel escribió hace unos días a este diario para comunicar que dos hombres le asaltaron a él y a su acompañante en el puente de la Misericordia cuando se dirigían a la estación del AVE con maletas y una mochila: «Nos han rociado comida por la espalda como si fuera excremento de pájaro, pero nos lo habían tirado ellos para robarnos en ese momento de confusión». Manuel dice que no pudieron denunciar por el riesgo de perder el tren, un factor que los delincuentes saben que juega a su favor y que emplean mucho cuando los turistas tienen prisa. Según el responsable policial, los bares de copas y las discotecas tampoco se libran de esta lacra, aunque últimamente parece que menos.

Mancha sufrida por un viajero en la capital.

Mancha sufrida por un viajero en la capital.

En todo caso, el policía advierte de que durante la Feria se dan las condiciones idóneas para este tipo de delitos, ya que concentración de personas es permanente tanto en la calle como en los establecimientos de ocio. Ojo también con los cacos autóctonos, aunque según el inspector jefe estos tienen preferencias por el género de supermercados, perfumerías, ópticas o farmacias.