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María Ángeles Marced Presidenta de Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC) en Europa

"El proyecto de diseño de microchips que tiene Málaga es el punto de partida perfecto para aspirar algún día a albergar una fábrica"

La presidenta en Europa de TSMC ensalza la iniciativa del Instituto Ricardo Valle para implantar en el PTA un centro de semiconductores y afirma que hay conversaciones para que su compañía colabore - El gigante taiwanés explora con la UE la posibilidad de abrir una factoría en el continente, aunque no estaría en España - La escasez de microchips en sectores como la automoción continuará en los próximos meses

La presidenta en Europa de Taiwán Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC), María Ángeles Marced. Alex Zea

María Ángeles Marced es presidenta en Europa de Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. (TSMC), el mayor fabricante de chips del mundo, que cuenta con un cuota de mercado próxima al 60%, unos 70.000 empleados y una facturación que el pasado año superó los 60.000 millones de euros. El gigante taiwanés trabaja para firmas como Qualcomm, Broadcom, NVIDIA y AMD y VIA, además de para muchas de las grandes marcas del automóvil, la industria y la robótica. Merced, que asiste este lunes en Málaga al Foro del Mediterráneo para impartir una conferencia, analiza en esta entrevista con La Opinión los graves problemas de suministro de microchips que aquejan a sectores como la automoción y aborda también los planes de su compañía para la implantación de una futura fábrica en Europa (que no estaría en España). Además, ensalza el proyecto que Málaga, a través de la Fundación Ricardo Valle, ha presentado a la Unión Europea y al Gobierno para acoger en el Málaga TechPark (PTA) un centro de diseño de microchips. Una iniciativa en la que, según afirma, TSMC mantiene conversaciones para una posible colaboración.

El mundo atraviesa problemas de suministro de microchips. Estamos viendo cómo en Europa y en España hay factorías de automóviles que tiene que parar producción por carencias de semiconductores ¿Por qué seguimos atascados en estos problemas que arrancaron en la pospandemia?

La escasez de microchips tiene dos razones. Una es que con la pandemia todo el mundo empezó a trabajar desde casa, con lo cual las ventas de PC, tabletas, pantallas o móviles se multiplicaron enormemente, y eso en sectores que estaban ya sin crecimiento. Eran segmentos que estaban ya saturados pero llegó la pandemia y empezaron a crecer de nuevo de forma desaforada, algo que estaba previsto ¿Qué hicimos en ese momento, al menos desde TSMC? Priorizamos el segmento del automóvil, porque aunque es un segmento que consume de momento un número todavía relativamente pequeño de chips (aunque eso aumentará con la automatización de los coches, que se calcula que se van a multiplicar por cinco su demanda de componentes) tiene una gran importancia tanto en número de empleos como en su contribución al PIB de todos los países. Todos los gobiernos nos lo pidieron y así lo hicimos. Pero aunque las fábricas están trabajando al 100% no podemos dar abasto a toda la demanda que hay de tantos campos que demandan microchips.

¿Cuánto tiempo se va a prolongar esta situación de carestía?

Va a durar bastante. Los PC y móviles, tras el gran aumento de 2020 y 2021 ya están saturados de nuevo, pero hay elementos en ascenso muy importantes que están aumentado el consumo de microchips : el 5G, que está posibilitando un montón de nuevas aplicaciones con todo lo que se conoce como el Internet de las cosas (IoT). Hasta la irrigación de un jardín se hace con conectividad, sensores y microchips. Y luego está la Inteligencia Artificial (IA), que antes sólo estaba en los grandes servidores, en la nube. Ahora está en todos los teléfonos móviles, por ejemplo. Estas dos megatendencias están creando muchas posibilidades en ámbitos como el automóvil, la realidad virtual, el cloud y los data center, la robótica... Hay muchas aplicaciones y modelos de negocio con base en los microchips. Están en todos sitios, desde los móviles a las tarjetas bancarias. Yo digo que son el petróleo, el carburante de nuestra era.

¿Y no pudo la industria de los microchips prever este problema de aumento de demanda y falta de suministro?

Fue difícil porque la pandemia oscureció, distorsionó la visión que teníamos del mundo. Una fábrica nueva tarda en implantarse, como mínimo, dos años y cuesta unos 12.000 millones de euros. A pesar de que estamos entrando en momentos de economía más débil (algunos países hablan ya de recesión), hemos acelerado la producción de nuevas fábricas. Estamos construyendo y terminando siete fábricas en Taiwán, otra en Arizona (EEUU) de tecnología avanzada y una más en Japón. Además, estamos explorando la posibilidad de implantar una en Europa.

El conflicto bélico en Ucrania ha contribuido, sin duda, a agravar la coyuntura, disparando los costos de las materias primas ¿Está afectando esa hiperinflación también a la industria de los microchips?

Ucrania es rica en níquel, que es un componente básico no directamente de los microchips pero sí de las conexiones. La guerra ha tenido dos consecuencias en este apartado: una, la escasez de algunas materias primas al romperse la cadena de suministro; y otra el temor de que el conflicto bélico pudiera extenderse geopolíticamente a China y Taiwán. 

La Unión Europea ha mantenido contactos con su empresa en los últimos meses para asegurar a futuro la cadena global de suministro de chips ¿Qué líneas generales surgieron de esos encuentros para ese posible desembarco en Europa de TSMC a través de una fábrica?

De eso no puedo hablar mucho, pero sí le puedo avanzar que estamos explorando opciones. Hay conversaciones.

Pero, ¿podría tener España alguna opción de albergarla?

Las fábricas, y cualquier negocio o empresa en general, tienen que contemplar el servicio a su base de clientes. Y los clientes que consumen los microchips de TSMC en Europa son las grandes empresas del sector del automóvil (Volkswagen, BMW, Mercedes, Renault, etc), de la industria y la robótica (Siemens, ABB,...) o de las telecomunicaciones (Nokia y Ericsson). También hay que tener en cuenta que dentro de la zona de Europa contamos a Israel, que es un polo de tecnología e innovación de primer nivel. Entonces, ¿dónde pondríamos la fábrica? Pues desgraciadamente, España no tiene todavía a grandes clientes. Y digo todavía, porque yo lo que insto a las autoridades españolas es a que empecemos a construir esa casa por los cimientos y no por el tejado. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que en España tenemos que empezar a construir son centros de diseño de microchips. Y esos centros son los que crearán la demanda para que después vengan las fábricas. También lo he hablado con Felipe Romera, el director general del Málaga TechPark (PTA), al que conozco desde hace muchos años.

En este sentido, Málaga confía en obtener próximamente el respaldo de Europa y del Gobierno para un proyecto presentado por la Fundación Ricardo Valle (también conocida como Innova IRV) para el establecimiento en el PTA de un centro de diseño de microchips que podría generar unos 550 empleos ¿qué le parece? 

Sería el punto de partida perfecto. Si vemos cómo empezaron grandes países que no tenían tradición en el campo de los semiconductores, caso de China, lo que hizo su gobierno fue dar grandes subvenciones para crear centros de diseño. Y se llegaron a construir hasta 50 instalaciones de este tipo. Eso ha sido la base de lo que luego surgió: empresas como Huawei, ZTE, Oppo. Y también llegaron así las fábricas de microchips. Porque, si no hay demanda en una zona, ¿para qué vas a construir una fábrica? ¿Sólo para exportar? No tiene sentido cuando lo que estamos intentando ahora mismo es evitar la disrupción en las cadenas de valor. Esa disrupción ha venido con el Covid y con la guerra de Ucrania. Gran parte de la exportación en China está parada porque el Covid sigue bloqueando las grandes ciudades. Por eso la instalación de fábricas locales lo que busca es resolver estos problemas de disrupción.

Si se pone en marcha ese centro de diseño de microchips en el PTA, ¿podría de alguna manera TSMC participar?

Podríamos ayudar a traducir ese diseño en obleas, y es algo en lo que estamos en conversaciones con el PTA. Es algo que nos interesa, porque ese trabajo de incubación serviría para contribuir tanto al desarrollo de la región como en nuestro posible negocio a futuro, porque todos esos diseños, al final, tendrán que ser fabricados por alguien. Pero repito, lo que hay de momento son conversaciones y exploraciones.

¿Y podría Málaga, en caso de que la iniciativa cuajase, ser considerada en un futuro por algún fabricante de microchips como posible emplazamiento de una fábrica? ¿De qué horizonte temporal estaríamos hablando para que, hipotéticamente, pudieran sentarse las bases de una demanda adecuada?

Cinco o diez años, que no es nada. Podría ser, ¿por qué no?

La presidenta de TSMC en Europa, María Ángeles Marced, en el PTA de Málaga. Alex Zea

¿De todas estas crisis que antes hemos mencionado se puede sacar la lectura de que China y Asia no deben ser las únicas zonas industriales del mundo? ¿Se necesitan fábricas de microchips en Europa? 

La globalización ha tenido un efecto fantástico, que es la reducción de costes. Cuando pones toda la producción junta en un lugar y creas volumen y economías de escala, el coste que consigues es muy bajo. Eso no es sólo aplicable al microchips. Si compras una prenda de vestir hecha en China, por ejemplo, también resulta muy barata. Pero el problema de la globalización es que cuando hay un problema mundial como el Covid o la guerra en Ucrania hay disrupciones en la cadena de suministros, y eso es lo que ha despertado a los gobiernos de EEUU y de los países de Europa. Se tiene que lograr un modelo híbrido que, a la vez, también asegure la capacidad de que se pueda fabricar de forma local para no depender de una sola zona del mundo. Es que hasta las aspirinas que consumimos en Europa se fabrican en China. Eso sí, tenemos que saber que todo eso traerá un aumento de costes, porque no es lo mismo fabricar en Europa, EEUU o Japón, donde puede haber dos o tres fábrica, que en Taiwán, donde hay más de 50 y se ha creado una economía de escala.

¿Es necesario entonces que haya ayudas públicas para la implantación de este tipo de fábricas?

En Europa sí. TSMC inaugura en el mes de noviembre su fábrica de Arizona en EEUU, que utiliza una avanzada tecnología de cinco nanómetros que acercan cada vez más los transistores al nivel del átomo. La construcción y dotación de la factoría va a costar más del doble que en Taiwán. Y entiendo que ningún cliente va a querer pagar el doble por los chips, así que el problema de los costes siempre va a ser importante. La única solución, evidentemente, es que haya ayudas estatales para que esas fábricas sean competitivas. Y esperaríamos que la experiencia en Europa sea similar a la que estamos viviendo en Arizona. Sin ayudas estatales, la fábrica no sería competitiva ni sostenible, sería un desastre.

¿Por qué es tan alta la inversión necesaria para construir una fábrica de microchips?

Los transistores están alcanzado tamaños cada vez más reducidos, de entre tres y cinco nanómetros, pero para fabricarlos hacen falta unos aparatos de litografía muy avanzados del grupo holandés ASML. Cada una de estas herramientas puede tener el tamaño de un autobús y costar 200 millones de dólares. Así que si en una fábrica hacen falta varias, imagine la inversión que es necesaria.

Imagino que está al tanto de la evolución de la Málaga Tecnológica ¿Cree que la provincia empieza a ser conocida a nivel internacional en este apartado?

Creo que el PTA de Málaga tiene ya su nombre y su lugar en el mapa tecnológico. Creo que el siguiente paso sería ser capaces de desarrollar innovación real en el parque. Eso sería lo ideal. Y creo que la dirección del PTA, con Felipe Romera, está en ello. Admiro mucho lo que se ha hecho aquí y creo que está funcionado muy bien. Y que lo va a seguir haciendo.

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