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Temor al invierno por el aumento de las familias vulnerables

Las entidades sociales malagueñas temen que la subida de los precios continúe abocando a más familias a la exclusión social. La inflación ha provocado que personas que nunca se habían visto en la necesidad de pedir ayuda lo hagan por primera vez ante el encarecimiento de los alimentos y la energía

Foto de archivo de una cola del hambre. | LA OPINIÓN

Cuando por fin el país empezaba a recuperarse de la dolorosa crisis económica de 2008, nos azotó una pandemia. Cuando parecía que empezábamos a levantar cabeza, apareció una inflación desorbitada de cifras históricas. La subida del IPC, que llegó a alcanzar el 10,8% en julio de 2022, la más alta en 38 años, ha golpeado a todos los sectores, empresas y familias que sufren cada día los estragos del encarecimiento de la vida. Sin embargo, si bien es cierto que la mayoría de las casas se han visto obligadas a apretarse un poco el cinturón, hay una serie de personas que ya no puede ajustárselo más y esta subida de precios ha sido el detonante que ha hecho que se vean obligados a solicitar ayuda, por primera vez, a entidades sociales como Cáritas o Cruz Roja porque no llegan a cubrir las necesidades básicas a fin de mes, incluso teniendo trabajo.

Voluntarios de Bancosol preparando las entregas de alimentos. | BANCOSOL

«La inflación nos afecta a todos, pero fundamentalmente a la gente más vulnerable y a los que están viviendo una situación más precaria», afirma Francisco José Sánchez, director de Cáritas Málaga, que explica cómo un notable porcentaje de personas han traspasado el umbral de vulnerabilidad. «Aquellos que se mantenían en el límite han terminado de caer en la pobreza y la exclusión social», añade. Coincide con él Samuel Linares, coordinador provincial de Cruz Roja, que destaca que, si las familias de clase media que no tienen esa dificultad para cubrir las necesidades básicas han notado el aumento de precios, «imaginémonos esas familias que ya vivían para comer. La subida de precios es para ellos un impacto directo en su discreta economía familiar».

La demanda de ayudas básicas ha aumentado considerablemente, coincidiendo con el encarecimiento de los precios de luz y alimentos, según el Banco de Alimentos de la Costa del Sol (Bancosol), donde han detectado un repunte del 15% de las solicitudes y que las entidades sociales con las que trabajan demandan más ayuda alimentaria para las personas más vulnerables.

Por otro lado, las entidades sociales malagueñas están de acuerdo en que se está dando un cambio de perfil de las personas que acuden a ellas, las cuales son cada vez más jóvenes, mujeres y con empleo.

Entrega de productos de pimera necesidad por parte de Cruz Roja. | LA OPINIÓN

«Siempre digo que las ayudas que damos van a la gente que tenemos al lado. A nuestros vecinos», señala María Victoria Ruiz, vicepresidenta de Bancosol, que destaca que, aunque el40% de sus demandantes se encuentran en exclusión social, el 60% cuenta con un trabajo estable, pero que no les resulta suficiente para llegar a final de mes. Francisco Sánchez explica con desazón que «ya no hablamos solamente de la tradicional familia en exclusión social, sino de hogares que, aún teniendo trabajo uno de los miembros de la pareja, no pueden afrontar los gastos del hogar. A lo mejor pueden pagar la comida, pero no la factura de la luz o el alquiler ante esta crisis de precios».

Otros de los factores que quieren poner en relieve estas ONG es que están notando una juvenilización de la pobreza. Cada vez son más jóvenes las personas que solicitan sus servicios, además de ser un perfil marcadamente femenino. Según los datos de Cruz Roja, el 84% de las personas que han atendido en 2022 son mujeres, frente al 78% de 2021.

«Son ellas quienes dan el paso y son proactivas a la hora de mantener el núcleo familiar protegido. Las mujeres con hijos a cargo y las unidades monoparentales son las que tienen las barreras más duras», añade el director de Cáritas. «Estos meses hemos notado como matrimonios jóvenes, que ya tienen hijos en edad escolar, están acudiendo a pedirnos apoyo porque no llegan. Y, por lo menos, el recibir nuestra ayuda alimentaria les permite que puedan dejar el dinero que tienen para pagar todos los gastos del hogar que son ineludibles», sostiene María Victoria Ruiz.

La inflación, el impuesto de los pobres

Actualmente, el 80% de las ayudas que reparten en Cáritas van destinadas a cubrir las necesidades básicas que tienen que ver con la alimentación e higiene, y con los gastos de suministros de energía y de vivienda. «La crisis energética ha hecho que tengamos que ayudar a pagar en mayor medida las facturas de la luz, agua o gas», señala el director de Cáritas, que hace hincapié en que la subida de precios está proliferando la exclusión social para muchas familias que ya venían de una situación de vulnerabilidad.

Isabel Arroyo (53 años) es una de las 10.933 personas a las que han atendido este 2022 en Cruz Roja dentro del programa de Extrema Vulnerabilidad destinado a cubrir las necesidades básicas, que van desde alimentación hasta vestimenta. «Gracias a ellos puedo comer. La asistente social me propuso para la tarjeta monedero y me aceptaron porque yo no cobro ni tengo nada», narra Isabel que lleva acudiendo a esta ONG desde hace cuatro meses . Ahora, con esa tarjeta, asegura que tiene para comer durante más de un mes, comprar lo que necesita en la farmacia, poder limpiar, ducharse y dar de comer a su perro que tiene desde hace 10 años.

Existe unanimidad en cuanto a que la llegada del otoño e invierno es algo que preocupa notablemente a las entidades del Tercer Sector, debido a que pronostican que la demanda de ayudas básicas se incremente aún más. «Prevemos que muchas más familias caigan en la pobreza y la exclusión en los próximos meses», sostiene el director de Cáritas. En Bancosol también han advertido que este año las familias que suelen necesitar ayuda están acudiendo antes de lo habitual. «Normalmente las personas con trabajos muy estacionales que dependen del turismo no acudían hasta noviembre», destaca María Victoria.

Bancosol tiene al 70% la capacidad de su almacenamiento 

El almacén del Banco de Alimentos de la Costa del Sol se encuentra al 70% de su capacidad debido a que, ante la subida de precios, las empresas tratan de «atinar más para no tener excedentes», explica María Victoria Ruiz, vicepresidenta de Bancosol. Esto supone un menor volumen de donaciones, en un momento en el que la demanda ha repuntado en un 15%, ya que los excedentes de las empresas suele ser su principal abastecimiento. 

«En Bancosol tratamos siempre de adelantarnos para poder planificarnos. Y los indicadores que nos dan las grandes empresas con las que colaboramos no son buenos. Nos dicen que va haber pérdidas de empleo, lo que significa más gente que necesita que la ayuden», señala la vicepresidenta. Por todo ello, insisten en que tienen puestas todas sus esperanzas en la Gran Recogida que tendrá lugar el 25 y 26 de noviembre. «Su tabla de salvación», que les permite comprar productos de mayor calidad, alimentos de primera necesidad perecederos o platos preparados durante todo el año. 

Samuel Linares incide en que hay que tener en cuenta que los datos que se manejan hasta ahora no son los reales, ya que acabamos de salir de un verano muy positivo que ha generado una gran cantidad empleo en la provincia. «Los datos ya nos van dando pistas de lo que se avecina, pero creo que apenas podemos ver el pico de la ola. El problema empezaremos a verlo a partir de ahora, en invierno. Aunque no será como en 2008, tememos que llegue una crisis para nosotros como institución por una llegada mucho más amplia de personas a nuestras puertas».

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