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Crónicas de la ciudad

Dentro del laberinto del Parque Manuel Navarrete

El encogimiento de las Humanidades pronto convertirá en un dibujo ignoto el precioso laberinto dibujado en este parque de La Virreina, lleno de pérgolas vacías

Laberinto en el Parque Manuel Navarrete, en La Virreina A.V.

Un arcano rito de iniciación romana, y quién sabe si anterior a esta civilización, consistía en que unas niñas debían cruzar un bosque con elementos predominantemente rojos en su vestimenta y, al parecer, no faltaba una cesta, ofrenda para alguna deidad.

Lo que muchos siglos después Charles Perrault convirtió en Caperucita roja, estaba desde hacía siglos en el imaginario colectivo, en unos tiempos en los que los fenómenos naturales se explicaban con héroes y dioses más propios de ‘La isla de las tentaciones’ que del Olimpo.

Toda esta herencia del Mundo Antiguo, comenzando por la capacidad de pensar para interpretar la vida, pronto se irá por el sumidero del olvido en España, gracias al pertinaz arrinconamiento del latín, el griego y la Filosofía, con el loable objetivo de convertir al estudiante en una iletrada máquina de producción.

Así que, en un par de generaciones y salvo que alguien eche mano de un vídeo de Tiktok, parecerá un ignoto capricho del técnico municipal un 'extrañísimo' dibujo localizado en el Parque Manuel Navarrete, en La Virreina. En realidad, en esta zona verde, surgida de los famosos fondos FEIL en 2010, lo que hay dibujado en el suelo es un precioso laberinto, cuyo minotauro hace tiempo que hizo mutis por el foro, harto de que nadie lo reconociera por esos lares.

Además, tiene este parque una disposición geométrica muy curiosa, con dos grandes espacios peatonales centrales en forma de gigantesco compás y en el hueco de este instrumento, una doble hilera de cipreses que montan guardia expectantes.

Una de las pérgolas del parque. A.V.

En realidad, a los cipreses les pueden dar los siglos montando guardia pues a lo que aguardan es a un milagro digno de Zeus, un auténtico prodigio municipal ya que ese ‘compás gigante’ está surcado en todas sus partes, también en la media circunferencia superior, por la clásica pérgola malaguita, es decir, la que supone un gasto de dinero público importante para poco más que para adornar.

El autor de estas líneas ignora cuánto costó la ostentosa columnata, eso sí, en 2010 todo el parque supuso un gasto para el contribuyente de 450.000 euros. Pues bien, 12 años después ahí siguen las pérgolas, sin glicinia o parras que sujetar, algo que proporcionaría a esta zona verde más belleza y sombra.

En la capital de la Costa del Sol el ahorro de sombra es el gran enigma de muchos parques y jardines. Será que pese a que las Humanidades están en retirada en las aulas, el carro de Helios, el dios del Sol, tiene aún su cuota de influencia en los despachos municipales.

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