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Crónicas de la ciudad

La nostalgia por el terruño llega a Los Corazones

Una pintada anclada en el cantón de Cartagena (y en el de Málaga) aboga por hacer de cada barrio la patria verdadera

La pintada, hace unos días en la calle Corregidor Francisco de Molina. A.V.

En muchas ocasiones el callejero de Málaga ha remediado sus inevitables lagunas con incorporaciones en bloque, aunque eso diera lugar a contrastes tan marcados como las ruidosas calles de un polígono dedicadas a grandes composiciones musicales, difícilmente audibles con el trasiego de los camiones.

En el barrio de Los Corazones, la temática de su callejero recuerda a los corregidores que gobernaron Málaga en el pasado. El corregidor por cierto no era el alcalde sino ‘el gobernador civil’ de la época y tenía su casa en la Plaza Mayor de Málaga, aunque sus dominios eran más pequeños que hoy porque en la provincia de Málaga había cinco corregidores.

Por cierto que para saber hasta el último detalle de la Málaga de tiempos de Felipe III, es más que recomendable el reciente libro ‘Málaga por el Rey don Felipe, nuestro señor, tercero de ese nombre (1598-1621)', publicado en Ediciones del Genal por el doctor en Historia José Villena Jurado.

Los corregidores, por cierto, no se circunscribieron al Siglo de Oro y también se denominaron así en parte del XIX. Pero hoy traemos a colación esta figura de Los Corazones porque precisamente en la calle Corregidor Francisco de Molina, que homenajea a un gobernador de la Málaga del XVI, hay una curiosísima pintada, que con sus trazos de superproducción de Hollywood ha acabado con el blanco inmaculado de un enorme muro.

Aparte de que de blanco estaba mejor y de que la ‘erradicación’ de la gamberrada la tendrán que pagar los vecinos, la pintada en cuestión -firmada con el símbolo anarquista de la a mayúscula y el círculo- reza «Nuestra patria es nuestro barrio»

La llamativa paradoja estriba en que el lema en cuestión, que probablemente pretende ser transgresor al cuestionar el concepto tradicional de patriotismo nacional, es reaccionario hasta el tuétano porque engarza con los tiempos carpetovetónicos del cantón de Cartagena (y el de Málaga, claro).

Ya que algún paisanaje se niega a ser ciudadano del mundo al abogar por el terruño reducido a su mínima expresión, cuidemos por lo menos el paisaje, en absoluto necesitado de pintadas.

El otro charco

El paso de cebra, con el charco ya expulsado tras la obra. M.F.

Hace unos días hablábamos en esta sección del charquito ‘milenario’ al pie del actual Rectorado, que permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos. No ha sido el caso de otra pertinaz humedad, en un paso de peatones de calle Victoria con calle Picacho, que ha sido felizmente eliminado. Que siga la racha. 

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