El soriano Felipe Romera lleva al frente del Parque Tecnológico de Andalucía (en la actualidad Málaga TechPark) desde el año de su fundación, en 1990. En aquel momento, 32 años han pasado ya, aquel proyecto sonaba verdaderamente a ciencia ficción, albergando a ocho empresas y 130 trabajadores. Solo seis años después la tecnópolis malagueña creció hasta tener 100 empresas, 1.700 empleados y 200 millones de euros de facturación. La evolución del PTA en estas más de tres décadas ha sido espectacular y hoy su facturación supera los 2.300 millones de euros y los 22.000 trabajadores, que van aumentando a raíz de mil trabajadores al año, dentro de más de 600 empresas.

Además, Felipe Romera ostenta desde 1998 la presidencia de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España (APTE). Romera también fue, entre otros muchos cargos, presidente de la Red de Espacios Tecnológicos de Andalucía (RETA) desde su constitución en abril de 2005 hasta 2015.

Hace escasas semanas, Romera, Premio Tecnología 2022 de La Opinión de Málaga, fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Málaga. La UMA reconoció en este soriano afincado en Málaga desde hace más de 40 años el gran mérito de ser «el creador de un ecosistema de innovación tecnológica en la ciudad basado en la sinergia entre el Parque Tecnológico de Andalucía y la universidad malagueña».

Y es que la innovación ha acompañado a Felipe Romera en su trayectoria profesional donde es reconocido en todo el mundo como un gran experto en procesos de transferencia y difusión de tecnología que han sido exportados a otras experiencias, espacios de innovación y localizaciones internacionales de ámbito tecnológico.

Felipe Romera recuerda que la primera ola de innovación en el antiguo PTA tuvo un marcado carácter local, con un montón de startups que se fueron instalando en el Parque y que muchas de ellas desaparecieron en la crisis de 2008. Tras esa época, la segunda ola de innovación vino protagonizada por las grandes corporaciones, que aprovecharon el ecosistema que se había organizado, para instalarse, crecer y contratar a muchos de los pequeños emprendedores que originalmente ocuparon su espacio en el PTA.

Felipe Romera señala el año 2015, como «el verdadero año del cambio» con la llegada de las llamadas tecnologías disruptivas, muy ligadas a los procesos de digitalización empresarial (inteligencia artificial, big data, 5G, ciberseguridad, blockchain) que empiezan a incorporar las empresas de la tecnópolis malagueña y que sirven de atracción a un montón de corporaciones extranjeras que quieren instalarse en lo que hoy se llama Málaga TechPark.