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Obispos y plantas en la barriada de Las Flores

En el barrio de Las Flores, famoso por sus calles con obispos, el Ayuntamiento ha llenado de naranjos y pequeñas zonas verdes los rincones más inesperados

Un rincón de Las Flores, con abundancia de plantas. A.V.

Los dos principales colectivos en los que es tradición española mencionar los dos apellidos de la persona son los de los obispos y los árbitros. Además, repasándolos da la impresión de que puntuaron más para el puesto quienes ostentaron apellidos poco frecuentados.

Así, en el cuerpo de árbitros hemos tenido casos como los de Japón Sevilla, Urizar Azpitarte, Acebal Pezón o Burgos Bongoetxea y en el de los obispos, a Suquía Goicoechea, Herrera Oria o Rouco Varela sin olvidar al actual arzobispo de Burgos, Iceta Gavicagogeascoa.

Todo esto refuerza el mérito tanto de los vecinos de la barriada malagueño de Las Flores como del cuerpo de carteros, que desde la construcción del barrio hace ahora 60 años, han tenido que memorizar un callejero difícil de domar, al estar centrado en nombres de obispos de Málaga a lo largo de su historia, de tal forma que cualquier indicación de una calle en Las Flores se puede concretar con frases como «dos obispos más arriba»y que el viandante se apañe.

Construido en una elevación vecina del Cementerio de San Miguel, Las Flores es un barrio que fortalece las articulaciones pero llegada una edad también las desgasta.

Naranjos en una calle peatonal de Las Flores. A.V.

Con sus inevitables desniveles y su adaptación al terreno a modo de barrio-bancal, el Ayuntamiento ha llevado en este rincón de Málaga una acertada política de plantación de árboles y aprovechamiento de los rincones más agrestes para crear pequeñas zonas verdes.

Para empezar, ha mantenido todas las estrechas calles del barrio, pequeños espacios peatonales entre bloques, llenas de naranjos, que en primavera dejan un esplendoroso olor a azahar o bien, de cuidados setos.

Pero luego, ha aprovechado pequeños rincones para acompañar con palmeras y cipreses algunos laterales de los sobrios bloques de viviendas, como puede verse en la calle principal, Obispo Juan de Lancaste (en realidad, Juan de Láncaster), continuación de la calle Obispo Bartolomé Espejo.

Un rincón del barrio. A.V.

También en esta larga y serpenteante calle hay enormes bancales en los que crecen pinos de un tamaño considerable, aparte de yucas, lantanas y eucaliptos.

El resultado final es un barrio que ha sabido potenciar el verde, aparte de que en algunos parterres que montan guardia junto a las escaleras se aprecia claramente que son cuidados por los propios vecinos, por la variedad de plantas que exhiben.

De esta manera, el barrio de los obispos, aparte de apellidos ofrece Naturaleza y sombra a raudales. Felicidades. 

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