Los efectos de la guerra de Ucrania se han dejado notar en muchos de los aspectos de la vida cotidiana de los países de Europa, como son la inflación de los productos alimenticios básicos o la subida del precio de la gasolina y otros combustibles. La asociación malagueña ‘La sonrisa de un niño’ ha sufrido otra de sus consecuencias: El cierre del espacio aéreo de la Unión Europea, o lo que es lo mismo, la prohibición, por seguridad, de la entrada de aviones procedentes de Rusia o de sus países aliados.

Bielorrusia es uno de ellos. Ya el pasado mes de febrero, el país, situado al oeste de Rusia y al norte de Ucrania, permitió la entrada de las tropas rusas para que accedieran a la frontera de Ucrania, lo que determinó, de forma evidente, su posición política. De hecho, Bielorrusia es considerado por algunos historiadores como el país en el que la Unión Soviética «nunca cayó». Precisamente es su contexto político, marcado por la proximidad en valores a Rusia, el que está impidiendo la labor de un conjunto de asociaciones españolas agrupadas en la Federación ‘Pro Infancia Chernobyl’.

Una de ellas es malagueña y tiene su sede en Alhaurín de la Torre. Son 18 las familias de acogida de la provincia que actualmente tienen interés por continuar en el Programa de Saneamiento de Menores Bielorrusos. «El objetivo del programa es paliar las secuelas que sobre la población bielorrusa tuvo el accidente de la Central Nuclear de Chernóbil en abril de 1986», detalla Estebina Martos, presidenta de la entidad.

‘La sonrisa de un niño’, junto al resto de asociaciones que componen la FEDASIB. trató ya hace varios meses de lograr que la Unión Europea habilitara «un corredor humanitario» que permitiera continuar con las acogidas temporales de niñas y niños bielorrusos de entre 7 y 17 años. Sin embargo, aún ni siquiera han recibido una respuesta: «No tenemos forma de traer a los niños. Todas las asociaciones nos unimos a la federación y presentamos documentación. Hasta ahora no tenemos notificación que nos diga que pueden venir».

Mientras esperan el acuerdo o desacuerdo de la embajada bielorrusa en España, del consulado de España en Moscú y de los eurodiputados españoles, ‘Pro Infancia Chernobyl’ ha pedido a las asociaciones en un comunicado «prudencia, calma y confianza».

Actividades del programa de acogida de la asociación ‘La sonrisa de un niño’. L. O.

El objetivo del programa de acogida es que los niños «puedan salir del entorno contaminado y reforzar su salud», como explica la secretaria de la asociación María de la Salud Benítez. De esta forma, sus organismos son capaces de reducir «los niveles de radiación a los que se exponen» con hábitos tan comunes como la alimentación, y que les pueden ocasionar enfermedades peligrosas como distintos tipos de cáncer.

«La gente sigue con ilusión de que los niños van a volver», resalta María Benítez, que también lleva desde el año 2017 participando como familia de acogida. Mientras lo dice observa una foto en la pantalla de su ordenador y señala: «Mira mi Vika con el Spiderman del Museo de la Imaginación». A quien se refiere es a la niña a la que, hasta el año pasado, estuvo acogiendo cada verano y cada navidad.

«La desesperación es no poder hablar con ellos. La mía no le coge el teléfono ni a la monitora», explica María, que añade: «Al menos saber que están y que están bien». La presidenta de ‘La sonrisa de un niño’ incide también en que para las familias resulta «muy grave» todo el tiempo sin verse, pues se enfrían los vínculos afectivos que crearon: «Un niño que se fue con 9 años, cuando vuelva viene con 13 o 14, un adolescente». Estebina Martos advierte que es por eso que «muchas asociaciones se plantean que no van a seguir acogiendo», pero que no es el caso de la suya.

Disminuir la radiación

La acogida temporal en Málaga ayuda a su organismo a «limpiarse» de esa radiación que les ocasiona graves problemas de salud. De hecho, y según indica la asociación a este periódico, «aquí ganan muchísimo en calidad de vida, por cada dos meses que estén aquí se alarga su perspectiva de vida entre 18 y 24 meses». Y es que la mayoría de los niños acogidos viven «a muy pocos kilómetros de la central nuclear», según explica María Benítez.

Su supervivencia «en muchos casos depende del campo que está contaminado», aclara la presidenta de ‘La sonrisa de un niño’. Los miembros de la entidad malagueña esperan poder retomar el programa muy pronto. Si finalmente la posibilidad de traer a los niños de Bielorrusia fuera muy poco probable «nos reuniríamos y se votaría quién quiere seguir esperando y quién quiere acoger niños de otros países (...). La asociación estará para ayudar».