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El desaparecido cine Victoria

El cine Victoria, que comenzó denominándose Salón Victoria Eugenia, pasó de cine de barrio a cine de estreno. En 1953 fue una de las dos sedes del I Festival de Cine Español junto con el Málaga Cinema

El antiguo cine Victoria. La Opinión

Uno de los cines más antiguos de Málaga fue el Victoria; cerró definitivamente, según mis datos, en 1986. La última película proyectada fue ‘Senderos de gloria’ el 20 de noviembre del citado año. Aunque ya no existe, con frecuencia aparece su nombre en los periódicos y otros medios de comunicación porque el destino del solar resultante de su demolición junto a otro cine desaparecido – el Astoria - es objeto de debate porque al demoler ambas construcciones en el subsuelo aparecieron en buen estado de conservación restos arqueológicos de cierto valor; unos defienden su conservación, otros sugieren su destrucción, otros proponen una solución intermedia… y lo que te rondaré morena.

Mientras se acuerda una solución que satisfaga a todos (o a nadie), voy a contar algo de la larga historia de un cine que se inauguró hace más de un siglo: en 1913.

Yo lo frecuenté de niño, de adolescente y después, durante muchos años, como crítico o comentarista de películas. Fue, repito, uno de los primeros cines que se construyó en Málaga, mucho antes que el Echegaray y el Goya, que fueron durante muchos años los locales preferidos por su comodidad y lujo.

No tengo apenas datos de las películas exhibidas en el Victoria en la primera época. Cuando yo estuve antes de 1945, que yo sepa, solo proyectaba películas de escaso valor cinematográfico, pero populares, como las sempiternas del Oeste, melodramas, folclóricas españolas y las que estrenaban el Goya y Echegaray y se reestrenaban en los cines de barrio, entre ellos el que nos ocupa, porque el Victoria, aunque estuviera en el centro de la ciudad, no pasaba de ser calificado como ‘cine de barrio’, como el Rialto, Plus Ultra, Moderno, Excelsior, Imperial y España.

Los estrenos

En 1946 estrenó una película: ‘Tarzán el temerario’. En 1947, entre las 259 películas estrenadas en Málaga, seis se presentaron en el Victoria, aunque en realidad se trataba de dos películas de tres episodios cada una, ‘Colmillos vengadores’ y ‘La jungla perdida’. En los años sucesivos el número de estrenos fue subiendo, hasta que 1953 estrenó 7, 9 en 1953, 22 en 1954, 25 en 1955, 23 en 1958...

No voy a citar todos los títulos, pero con mencionar algunos y su procedencia es suficiente para hacerse una idea de la tónica general. Por ejemplo, entre las mexicanas ‘Una canción en la noche’, ‘Buganvilla’, ‘El dolor de los hijos’, ‘Una gallega en México’, ‘Te sigo esperando’, ‘Los tres compadres’, ‘La ausente’… De procedencia argentina, ‘La cumparsita’, ‘Esposa último modelo’ y ‘Casa de muñecas’. Españolas: ‘La leona de Castilla’, ‘María Dolores’, ‘Puebla de mujeres’… parte de películas de otras procedencias, en 1950 se produjo algo inesperado: se estrenaron cuatro películas suecas, a saber, ‘Lucha en la frontera’, ‘Fascinación’, ‘Dos millonarios’ y ‘Soy aire y fuego’. Todas, incluidas varias italianas, norteamericanas, una filipina y otra cubana, las vi, unas las disfruté, otras las soporté y algunas las olvidé.

El desaparecido cine Victoria. L. O.

Tres nombres

En los primeros años el cine fue rotulado pomposamente como Salón Victoria Eugenia, y según recogió María Pepa Lara en su libro ‘Historias de los cines malagueños’, se inauguró el 14 de octubre de 1913 con la película ‘La Biblia’. Esta versión de ‘La Biblia’ es anterior a la que dirigió en 1966 John Huston con Stephen Boyd, Ava Gardner y Peter O’Toole en el largo reparto… Según la misma autora, en 1929 el cine pasó a llamarse Victoria a secas.

Sobre este cambio, uno de los hermanos Moreno Martínez, propietarios del cine, me contó que el cambio de nombre se produjo tres veces: De Salón Victoria Eugenia pasó a llamarse Victoria, pero como los usuarios eran gentes sencillas y de barrios, en lugar de Victoria, lo decían o pronunciaban en malagueño: Vitoria.

Con las últimas obras de mejora (butacas tapizadas, eliminación de ‘la general’ o espacio más económico, refrigeración…) empezó a ser bien pronunciado: Victoria.

La general, como se conocía en los cines y teatros, era el conjunto de las localidades más baratas (en el teatro es corriente la utilización del calificativo ‘paraíso’ para ese espacio, porque está lo más alto del local); en el cine Victoria y en otros cines de barrio consistía en bancos corridos, de madera y sin respaldo, en los que los espectadores tenían que sentarse y, para completar la incomodidad, en las tres primeras filas.

En el Victoria de los primeros años las entradas de preferencia con asiento individual costaban 30 céntimos de pesetas (3 perras gordas) y las de general 15 céntimos (3 perras chicas).

Por cierto, que el mismo propietario me contó que el primer sistema de refrigeración lo inventó con ayuda de un electricista. Aprovechando el caudal subterráneo de las aguas provenientes de la parte alta de la ciudad – Fuente Olletas - creó un sistema de ventilación que conseguía bajar la temperatura del local. Producía un ruido un tanto molesto pero quedaba suavizado por el sonido de la película.

Seguir la corriente

Después de estrenos variados, con películas de calidad, divertidas, dramáticas, melodramáticas, del oeste, musicales y en fin toda la temática habida y por haber, el Victoria cayó en la tentación de programar sin rubor las películas que años atrás ni siquiera estaban en la oferta, porque la censura vigente impedía su importación. ¿Títulos?. Pues ahí van algunos, como ‘Mujeres enamoradas’, ‘La soñadora americana’, ‘Mi chófer’, ‘¿Un chico como todos?’, ‘Juego secreto’, ‘Escuela privada para chicas’, ‘Una almohada para tres’, ‘La isla del amor’… hasta llegar al cierre, primero, y demolición después… situación que cambió radicalmente al aparecer en el subsuelo restos arqueológicos que condicionan su futuro.

Se han cumplido más de cinco años desde entonces. Pero no hay que preocuparse. Más años lleva estudiándose el destino del antiguo convento de la Trinidad; el lugar dejó de ser cuartel ¿en qué año?. Ni yo me acuerdo.

El último cuplé

El mayor éxito del Victoria se produjo el 3 de octubre de 1957 con el estreno de la película ‘El último cuplé’, con Sara Montiel de protagonista.

En el cine Rialto de Madrid estuvo un año en cartel; en nuestro Victoria, cuatro meses. Casi parecido éxito tuvo el estreno en 1979 de ‘Hair’, un musical de éxito mundial. Fue elegida para su reinauguración después de reconstruir el edificio primitivo.

Entre 1980 y 1986 estrenó numerosas películas de todas las procedencias; casi un centenar, con una media superior a las diez por año, entre las que destacaron ‘Gary Cooper que estás en los cielos’, ‘Gorky Parck´, ’A chorus Line’, ‘Promesa de amor’, ‘Buscando a Susan desesperadamente’…

Durante años la empresa de los hermanos Moreno Martínez llegó a tener cuatro cines, como el citado Victoria, el Andalucía, el Astoria y el Coliseum, que después pasaron a estar bajo el poder de la empresa que levantó en las cercanías de la estación el complejo de los multicines América.

Sede del Festival de Cine Español

Entre los días 25 al 30 de agosto de 1953, el Victoria fue una de las dos sedes del I Festival de Cine Español; compartió la sede con la Sala de Pruebas del Málaga Cinema.

Entre las películas proyectadas figuraban ‘El diablo toca la flauta’, ‘Juzgado permanente’, ‘Hay un camino a la derecha’, ‘Fuego en la sangre’… y ‘Dos caminos’, premio del Festival, amén de películas de cortometraje.

Aunque no intervine en la parcela económica de la organización del certamen, sí recuerdo que el alquiler ascendió a 10.000 pesetas… del año 1953. Dejo a los expertos (que es la profesión de moda) que hagan los cálculos con el euro de 2022. La única pista que anoto es que la entrada a los cines costaba una peseta.

Como en todos los cines de la época, la plantilla de trabajadores era numerosa. Aparte del personal de cabina (dos por lo menos), taquillero, oficinistas... disponía de un grupo de porteros y acomodadores, los primeros para controlar el acceso y los segundos para guiar a los espectadores con ayuda de una linterna hasta los asientos libres, porque la sala estaba a oscuras permanentemente, salvo los minutos entre el No-Do y la película.

Como el No-Do era obligatorio pagarlo y proyectarlo, en los cines de barrio, aunque parezca un chiste, se proyectaban hasta con un año de retraso, porque no había copias para todos los cines de la ciudad.

Yo llegué un ver un No-Do en el cine Moderno con un año de retraso, o sea, enterarme de lo que sucedía en España un año después de ocurrir.

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