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Crónicas de la ciudad

El Castillo de San Lorenzo, bajo el cristal

Los restos de la fortaleza demolida en 1802 pueden verse en la Alameda en una fusión entre la Fontana de Trevi y un vulgar basurero, aparte de un cristal roto

Monedas y basuras varias en los restos del Castillo de San Lorenzo (1701-1802). A.V.

Nuestros políticos, hace bastantes meses, trataron de conjurar el alarmante retraso con una sonriente foto de grupo, pero lo cierto es que el Metro de Málaga continúa sin llegar a la meta de la Alameda Principal y su ejecución sigue batiendo récords europeos de lentitud.

Para hacer tiempo, y sin necesidad de indagar en el subsuelo, al pie de la calle el visitante y el malagueño tienen la oportunidad de aventurarse fácilmente en la Historia de Málaga siguiendo el contorno, punteado en la solería, del desaparecido Castillo de San Lorenzo, una fortaleza que, como recuerda el académico de la Historia Francisco Cabrera, se construyó a partir de la llegada a nuestra bahía, en 1693, de una armada francesa que dejó de recuerdo más de 3.000 balas que agujerearon casas y edificios, aunque el castillo no se hizo realidad hasta 1701; en todo caso, en un plazo mucho más corto que el metro. 

Detalle de un plano de 1772 con el Castillo de San Lorenzo.

Claro que la obra no fue lo que se dice un portento y en los primeros años la proximidad del mar hizo que la base del baluarte se deteriorara y hubiera que reforzarla. En todo caso, la playa fue creciendo y el castillo, cada vez más tierra adentro, tenía más complicado atacar a hipotéticas naves enemigas.

La llegada de la Alameda en el último tercio del XVIII terminó arrinconando la inservible construcción, demolida en 1802, por orden de Godoy.

Las obras del metro han permitido que aflorara una pequeña parte de ella. Ahora bien, lo que nuestros políglotas cargos públicos definen -en ‘español de Francia’- como la «puesta en valor» de los restos arqueológicos suele resultar, hablando en plata, un proceso harto chungo si se emplea algún elemento acristalado, factor este que con la salvedad de la pirámide de calle Alcazabilla, no es extraño que termine en fiasco, como hemos visto tantas veces.

Uno de los paneles lleva tiempo 'acribillado'. A.V.

Ocurre tambien si examinamos el prisma acristalado que permite ver algo de estos restos. Uno de los lados lleva tiempo acribillado, no sabemos si por accidente o acción vandálica. Pero cuando uno echa un vistazo a lo que debió de ser la cimentación de la parte norte de la fortaleza, recibe, sin querer, una clase de antropología, pues el suelo está perlado de monedas, evidencia de que algunos turistas confunden el baularte con la Fontana de Trevi pero, lamentablemente, lo que también abundan son las basuras de todo pelaje.

Resulta difícil concluir que el viento ha colado toda la porquería. ¿La solución sería cerrar las ranuras entre los cristales?, entonces probablemente se empañarían, como ha pasado otras veces. La Alameda aguarda el metro, tiene un castillo y tiene mandanga.

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