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Los españoles se van a Hollywood

Tuve la suerte de entrevistar a algunos de los españoles que marcharon a la meca del cine con la llegada del cine sonoro como Ángeles Rubio-Argüelles, Edgar Neville o Tono así como a Fortunio Bonanova, que actuó en ‘Ciudadano Kane’

Mike Brendel (izq.) y Fortunio Bonanova con Guillermo Jiménez Smerdou en Marbella, en 1964. L. O.

En el pasado mes de junio leí en estas mismas páginas de La Opinión que el periodista y escritor de este rotativo Alfonso Vázquez iba a presentar en la Feria del Libro de Madrid su novela ‘Una paella para Charlie Chaplin’. Inmediatamente llamé por teléfono a mi hijo Carlos para encargarle que me comprara un ejemplar.

El autor del libro, por un lado, y el título por otro, merecían mi atención. El mundo del cine, que formó parte de mi actividad profesional durante más de cuarenta años, justificaba mi interés por su lectura. Las secciones de Alfonso Vázquez en La Opinión las leo desde hace tiempo porque trata temas de Málaga y de malagueños; aparte he leído algunas de sus publicaciones en las que derrocha originalidad y fina ironía. Además, estoy en permanente deuda con él porque lleva diez años seleccionando, diseñando e ilustrando mis artículos o capítulos de las Memorias de Málaga, un trabajo en la sombra que solo valoramos los profesionales de la información.

Volviendo a mi interés por la adquisición del libro, esperé la respuesta de mi hijo, y cuál no sería mi sorpresa cuando apareció en mi casa Alfonso para entregarme en mano un ejemplar con una amable dedicatoria. Gracias, Alfonso.

Una novela original

Leí el libro casi de una sentada. A través de una serie de capítulos o escenas (término cinematográfico por excelencia) relata, como si el autor hubiera estado presente, historias que parecen reales, porque los protagonistas son actores, actrices, directores, productores, guionistas conocidos… de una época concreta de la historia del cine, cuando la mítica Metro Goldwyn Mayer contrató en los años 30 del siglo pasado a profesionales del cine español para rodar versiones en español de las películas que se filmaban en inglés por actores de habla inglesa. Como el cine experimentó el gran cambio que supuso el paso del mudo al sonoro, las películas habladas en inglés no llegaban a los países de habla española. Subtitularlas o doblarlas todavía eran técnicas desconocidas.

La Metro, con Louis B. Mayer a la cabeza, contrató a actores y guionistas españoles para la realización de las versiones en español. Edgar Neville, diplomático español que en aquellos años era cónsul de España en Los Ángeles, fue el mediador en la tarea de contratar al personal idóneo y relacionarlo en el mundillo de Hollywood porque, al margen de su gestión consular, era amigo de figuras como Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford…

Los españoles que se trasladaron a Hollywood fueron, según recuerda el autor en su novela, Luis Buñuel, Rosita Díaz Gimeno, Enrique Jardiel Poncela, Antonio de Lara (más conocido por su seudónimo, Tono), José Luis López Rubio, Ángeles Rubio-Argüelles, Juan de Landa y otros que se citan de pasada.

Pues bien, Alfonso Vázquez, como si hubiera estado allí, a través de cuarenta escenas, cuenta lo que era Hollywood en los años 30 del siglo pasado y cómo se desenvolvieron los españoles entre las figuras del cine de la época.

Los tres entrevistados

Después de gozar con la lectura del libro y felicitar al autor por su obra, me permití comentarle que a tres de aquellas figuras tuve la suerte de entrevistar, no en los años 30 por supuesto, sino en los años 60 o 70. Concretamente a Edgar Neville, Ángeles Rubio-Argüelles y Tono, cada uno por separado y situaciones diferentes.

A doña Ángeles – Angelita en la intimidad - la conocí y la traté en varias ocasiones. La primera vez fue cuando escribió un serial para Radio Nacional de España en Málaga titulado ‘Un repórter en apuros’; más tarde cuando montó un estudio de grabaciones en un piso de la calle Larios, donde hizo nuevas series con actores y locutores de las emisoras de Málaga; posteriormente, con motivo de la construcción del Teatro Ara (acrónimo de su nombre y apellidos), con una compañía de actores formados en su propia escuela. Después de cerrar el teatro acometió la arriesgada empresa de crear un Corral de Comedias en una calle de La Malagueta; incluso aprovechó lo poco que se había desenterrado del Teatro Romano para celebrar en verano varios ciclos de teatro greco-latino donde Antonio Banderas hizo sus primeros pinitos…

Conocí y entrevisté a Antonio de Lara o Tono, como firmaba sus chistes ilustrados en ‘La Codorniz’, en una representación de su comedia ‘Ni pobre ni rico sino todo lo contrario’ al aire libre en Torremolinos y por cierto el público no dejó de reír durante toda la representación. Fue una entrevista muy agradable que se emitió en mi programa Cine Invisible.

El tercero de los entrevistados fue Edgar Neville. Se acercó a los estudios de Radio Nacional en la avenida de Heredia antes de descansar del largo viaje en coche desde Madrid. Vino directamente a la emisora porque Ángeles Rubio-Argüelles se lo pidió en mi nombre. Fue una de las entrevistas más divertidas y amenas que recuerdo de mi época.

Edgar Neville era un torbellino, contestaba con rapidez, contaba anécdotas sin parar… y me contó lo que le sucedió a la salida de Madrid cuando venía en coche hacia Málaga. Saliendo de Madrid, en la carretera, una joven hizo la señal característica de los autostopistas. Como viajaba solo y tenía casi quinientos kilómetros por delante, optó por detenerse y recogerla. Así, me dijo, el viaje sería menos aburrido. La chica tenía el aspecto de las jóvenes feúchas que aparecen en las películas americanas un tanto desaliñadas y con gafas, y que cuando se arreglan, son un bombón. La que él recogió a la salida de Madrid, cuando se bajó y se quitó las gafas, seguía siendo feúcha.

Charles Chaplin y Edgar Neville, en un descanso del rodaje de ‘Luces de la ciudad’, en Hollywood. L. O.

Otros españoles

Al recordarle a Alfonso Vázquez que conocí al menos a dos españoles que estuvieron en Hollywood en aquellos años, y que incluso conservaba una fotografía con uno de ellos, me instó a que lo contara en las Memorias de Málaga.

Uno de los galanes (entonces a los primeros actores de cine y teatro se les identificaba como galanes) contratado por la Metro u otra de las grandes empresas cinematográficas era José Nieto. Fue protagonista de películas mudas españolas como ‘El lazarillo de Tormes’, ‘La Bejarana’ y ‘La condesa María’; protagonizó películas sonoras en España (‘Mamá’ y ‘Eran 13’); en 1930 fue a Hollywood, donde rodó algunas películas, y de vuelta a España intervino en películas como ‘Raza’, ‘La Señora de Fátima’, ‘Marcelino pan y vino’… Fue contratado para hacer películas en Alemania, Italia, Francia…Tuve oportunidad de entrevistarlo en Málaga e incluso cené con él en La Alegría invitado por Pepe Mena, el creador de la Orden del Boquerón de Plata. Aunque de gesto adusto y serio, su trato era agradable, restando importancia a su larga carrera cinematográfica en varios países, premios, distinciones, dominio de idiomas… La entrevista fue grabada… y se perdió como tantas otras porque entonces se grababa una y otra vez en las cintas de las casetes.

La sorpresa fue acordarme que entre mis papeles y fotografías tenía una con un actor español que también estuvo en Hollywood en los años 30, y que se quedó para siempre en Hollywood, con escapadas a México donde intervino en algunas películas, una de ellas dirigida por el realizador mexicano más premiado en el mundo. Me refiero a Emilio Fernández, más conocido, por sus orígenes, como el Indio Fernández.

En 1964 me trasladé a Marbella para entrevistar al director y actores de una película que se estaba rodando. Llevaba por título ‘La muerte silba un blues’. Era una de las primeras películas del prolífero realizador Jesús Franco. Lo entrevisté a él, a la protagonista Perla Cristal… y entre los actores secundarios que estaban en la terraza de un bar de Marbella reconocí a dos. Uno de ellos era el que siempre hacía de ‘malo’ en las películas, y al otro no pude identificarlo, aunque su rostro no me era desconocido. El ‘malo’ resultó ser Mike Brendel y el otro Fortunio Bonanova, actor del que yo sabía que había trabajado en películas mudas pero poco más, porque se había trasladado a Hollywood en los comienzos del cine sonoro para intervenir en las versiones españolas de películas rodadas en inglés.

Aproveché la ocasión para abordarle y se sorprendió mucho de que alguien en España le reconociera y supiera de su carrera como actor. Me permitió entrevistarlo y me contó parte de su historia.

La película que le consagró como actor fue la versión muda de ‘Don Juan Tenorio’, rodada en 1922 en Barcelona. Su nombre de pila era José Luis Moll, pero adoptó el de Fortunio Bonanova para su carrera artística como actor de teatro y cine, cantante y hasta bailarín. En Hollywood intervino en muchas películas, primero en las versiones españolas y después, en películas de habla inglesa en papeles de acuerdo con su edad. Entre la larga lista de su carrera cinematográfica destacó el papel profesor de canto en la famosa película ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles.

En los 60 regresó a España y entre sus películas en la etapa española estaba ‘La muerte silba un blues’, que estaba rodando en Marbella. Poco después regresó a Hollywood, falleciendo en Los Ángeles (California) el 2 de abril de 1969 a la edad de 74 años.

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