La maquinaria del supermercado de Camino de Olías se pone en marcha aún cuando queda casi una hora para la apertura de las puertas. Las cámaras frigoríficas no han dejado de funcionar durante la noche y, en el almacén, sobre unos paneles con ruedas, ya reposan una veintena de cajas en la que rebosan los colores. 

Los trabajadores van vestidos, al menos la mayoría, con forro polar, para resguardarse de la humedad que llega del mar cuando el termómetro marca los 11 grados. El silencio en el interior de las instalaciones de Mercadona se llena con la melodía de ‘Señorita’ y Acedo se prepara para abrir las puertas negras de hierro. Él es el responsable de que todos los días llegue la comida que la cadena de supermercados dona al centro de reinserción de Proyecto Hombre, ubicado en Monte Victoria, en la capital de la Costa del Sol. 

No faltan las verduras, los yogures ni tampoco el pescado o la carne. Los bollitos de pan y las berlinas, colocadas en fila y con un glaseado de azúcar brillante, roban la atención de los ojos de los voluntarios que comienzan a puntear un papel. El bolígrafo es la herramienta para comprobar que todo lo prometido llega a los más necesitados

-«Café molido natural»-, entona uno de los voluntarios de Proyecto Hombre mientras su compañero carga más cajas en la furgoneta de la asociación. 

-«Correcto»-, responde Acedo. 

Un trabajador de Mercadona ayuda a los voluntarios de Proyecto Hombre a recoger las donaciones Gregorio Marrero

Con una concentración completa, continúan punteando la lista de los alimentos que ya están registrados. «Siempre se revisa todo», indica el gerente adjunto de Mercadona, que selecciona a la vez un brik de caldo de pollo al son de la mítica ‘Jingle Bells’. Todos los días el supermercado asegura que una veintena de chicos y chicas puedan comer de forma «saludable». Este es precisamente uno de los valores que trata de inculcar el equipo de profesionales de la asociación a los que ya se recuperan de una etapa de su vida marcada por la adicción

«Sostenibilidad, hábitos de vida saludable y solidaridad (...). Gracias a los productos de Mercadona los usuarios se benefician de una calidad de producto y de una variedad. Nos donan mucha verdura y fruta, y con ellas hacemos menús acorde con la vida saludable», detalla Eva Bermúdez, directora del centro de reinserción. 

El complejo, ubicado en una villa antigua con jardín situada en una calle estrecha por encima del Jardín de los Monos, ayuda a 38 personas. De ellas, en torno a 20 comen a diario en su mesa. Todos forman parte del ‘programa base’ de Proyecto Hombre. Después de pasar por una comunidad terapéutica, donde comienzan a tratar sus adicciones, «vuelven a nacer», tal y como lo define su responsable. 

Una vez en el centro, la primera etapa es de interinidad, que dura entre tres y cuatro meses. Una vez superada con éxito, da paso a una segunda en la que ya pueden volver a estrechar los lazos con sus familiares y amigos. «De cómo llegaron a cómo están es la noche y el día», celebra Eva Bermúdez. 

Los usuarios del centro de reinserción de Proyecto Hombre pesan y organizan los alimentos Gregorio Marrero

Para poder asegurar las comidas de todos ellos, hasta hace un mes, los 13 trabajadores de la asociación y sus voluntarios acudían «todos los días a comprar»: «Ahora llega de lunes a viernes y, según lo que venga, así vamos haciendo los menús. Sin nada a cambio, Mercadona nos dona productos para que ellos tengan una alimentación sana. Muchos comen mejor que en sus casas», apunta Bermúdez. 

Cuerpo y mente sanos

Y es que la directora del centro de Proyecto Hombre considera que «la alimentación influye mucho en cómo se sienten los chicos y las chicas», que también son testigos de lo que denomina «la solidaridad vivida»: «Ven cómo les ayudan y lo interiorizan». 

Asimismo, la organización de las donaciones en las despensas, así como su cocinado para preparar el almuerzo y la cena se convierte en una de las actividades terapéuticas de los internos. 

-«500 gramos»-, indica una chica rubia, mientras otra morena con el pelo recogido lo escribe en un papel. También marca la fecha en la que llega, momento en el que arranca su proceso de trazabilidad, el viaje del producto hasta que se consume. 

La posibilidad de tener alimentos a diario ha permitido al centro invertir sus recursos en otras necesidades: «A veces haces encaje de bolillo, y Mercadona nos está dando cosas muy importantes para ayudar».