Mirando atrás

Martín Merino: el artista total

El artista cordobés, ligado a la UMA y el Instituto Gaona, compaginó la pintura con el dibujo, la escultura y la enseñanza. Se afincó en Málaga tras años de estancia en París, Montreal y Nueva York. Fallecido en 2020, el Ateneo presentó esta semana un libro sobre su obra abstracta

Martín Merino, durante un viaje a Mérida en los años 60.

Martín Merino, durante un viaje a Mérida en los años 60. / Archivo familiar

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Quienes lo conocían lo recuerdan poco amigo de los actos sociales pero al mismo tiempo, con una simpatía arrolladora y una memoria capaz de retener y disfrutar de miles de versos, algunos de ellos de su buen amigo Manuel Alcántara, a quien inmortalizó en un busto. Y en el arte, un trabajador resolutivo y brillante que además disfrutaba compartiendo sus enseñanzas con los alumnos que, en ocasiones, acudían a su piso en la avenida de Andalucía en busca de consejo.

Martín Merino (1937-2020) fue un cordobés de nacimiento y un hombre de mundo que, en su largo periplo por ciudades a uno y otro lado del ‘charco’, terminó recalando en Málaga para disfrutar del mar que tanto quiso. El pasado jueves, la Vocalía de Artes Plásticas del Ateneo de Málaga organizó la presentación de ‘Abstracción’, un gran libro, con prólogo de Antonio Pedraza, recopilatorio de su obra abstracta, realizada a lo largo de los años.

El libro 'Abstracción' fue presentado el pasado jueves en el Ateneo de Málaga.

El libro 'Abstracción' fue presentado el pasado jueves en el Ateneo de Málaga. / Alex Zea

En 2002 pudo visitar Villa Fuensanta, el chalé donde pasó sus primeros cinco años de vida, en el barrio cordobés de El Brillante, para comprobar que seguía en pie la morera de su infancia. No muy lejos de allí, en la desaparecida placita de la Venta de Vargas, de niño descubrió el toreo, una de sus grandes pasiones.

De niño en Murcia.

De niño en Murcia. / Archivo familiar

Hijo de un delegado de Trabajo, dejó Córdoba para recorrer con su familia varias ciudades, siempre estudiando con los hermanos maristas: Murcia (1943), Valencia (1944) y Barcelona (1947) donde su vocación artística comenzó a gestarse. En el siguiente destino, Sevilla (1952), cumple su sueño de estudiar poco después en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. En esos años tendrá un estudio taller en Chipiona, donde veraneaba su familia, el que podrá crear con tranquilidad acompañado por León y Alaska, sus dos perros, que se traerá de Sabiñánigo, en los Pirineos oscenses, donde hizo las milicias universitarias.

Acompañado por sus perros León y Alaska, que se trajo de su paso por los Pirineos durante las milicias universitarias.

Acompañado por sus perros León y Alaska, que se trajo de su paso por los Pirineos durante las milicias universitarias. / Archivo familiar

En esos inicios, realiza obra pública para La Carolina (una escultura de San Juan de la Cruz) e incluso para la ciudad colombiana de Cartagena de Indias (varios cuadros históricos para la Alcaldía Mayor).

Pero el joven cordobés quiere ver qué se cuece en el mundo artístico europeo y a comienzos de los 60 ingresa en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. Por cierto que en un restaurante universitario de esa capital conocerá a una joven leonesa de 22 años que estudia Derecho, la futura concejala del Ayuntamiento de Málaga Araceli González, con la que se casará al poco tiempo por lo civil y más tarde en una boda religiosa en el 64, las dos ceremonias en París.

En plena actividad creativa en su taller de Chipiona.

En plena actividad creativa en su taller de Chipiona. / Archivo familiar

Ese mismo año recibe la propuesta de marchar a trabajar a Córcega y allí que irá la joven pareja. Martín Merino trabajará para las iglesias de la zona y elaborará un gran mosaico. Tras unos meses en la isla, a finales de 1965 viaja a Madrid para embarcarse en el proyecto de AZCA (Asociación Zona Comercial A), el futuro centro comercial madrileño, trabajando como creativo. En su etapa en la capital de España hará paisajes al óleo del entorno, decorados de cine para la famosa productora de Samuel Bronston y descubrirá el poliéster como material artístico al realizar un viacrucis de 60 metros de largo para la Iglesia del Patrocinio de San José.

Montreal-Nueva York-Málaga

Pero en 1970 da un vuelco a su vida y decide buscar fortuna artística en la Canadá francófona. Aterrizará en Montreal con la ciudad tomada por los militares, tras un par de secuestros de los terroristas del Frente de Liberación de Quebec.

En Canadá estuvo una década pero lo compaginó con Estados Unidos, donde llegó a tener piso en Manhattan. Su primera exposición en Nueva York fue en 1972 en una galería de Madison Avenue. La última en Montreal, en 1979.

En los 70, junto al río San Lorenzo, en Montreal.

En los 70, junto al río San Lorenzo, en Montreal. / Archivo familiar

El artista, que con los años también había estudiado Ciencias de la Educación, pasados diez años en el extranjero decidió volver a su país para dedicarse a la Enseñanza: Obtuvo el número 3 en las oposiciones de cátedra de Dibujo de instituto y siguió el consejo de un opositor malagueño y eligió el Instituto Vicente Espinel, el Gaona. Llegó a Málaga el año 81, el del centenario de Picasso.

Tras unos meses en El Palo, el matrimonio encuentra un piso en la avenida de Andalucía. Con el tiempo, tendrían dos en el mismo bloque, uno de ellos su estudio, sobre todo para los trabajos con poliéster y las esculturas grandes.

En una visita a la Catedral de Jaén a comienzos de este sig

En una visita a la Catedral de Jaén a comienzos de este siglo. / Archivo familiar

En el Gaona conservan uno de sus cuadros, en la entrada del Aula de Náutica, en recuerdo de sus diez años de docencia, un periodo en el que, con unas alumnas, descubrió en los fondos del edificio la antigua corbeta de ejercicios de cuando el instituto era Escuela Náutica.

La directora del Gaona Julia del Pino y el profesor Victor Heredia, en 2016 junto a la corbeta restaurada.

La directora del Gaona Julia del Pino y el profesor Victor Heredia, en 2016 junto a la corbeta restaurada. / ARCINIEGA

En esos años también pasó dos cursos en Sevilla cuando quedó vacante la cátedra de Perspectiva en la Facultad de Bellas Artes y publicó varios libros sobre Dibujo Técnico -escribió un gran número de ellos-. También presentó por entonces una original tesis doctoral :‘Técnicas de animación directa; Historia y posibilidades pedagógicas’.

Como curiosidad, durante la estancia en Sevilla recuperó para su casa de Málaga un maniquí del XIX que iban a tirar y que él mismo dibujó de joven con sus compañeros, cuando estudiaba en la Escuela Superior de Bellas Artes. La familia del artista lo donará en breve lo donará en breve al Ateneo de Málaga para que se incorpore al Aula Picasso.

Rincón de su taller en su piso de la avenida de Andalucía, esta semana, con el maniquí del XIX que rescató de Sevilla.

Rincón de su taller en su piso de la avenida de Andalucía, esta semana, con el maniquí del XIX que rescató de Sevilla. / Alex Zea

Después de volver al Gaona, al poco tiempo ingresó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UMA; allí terminó su carrera docente como catedrático en el Área de Expresión Plástica. 

Premio Puerta de Andalucía por el conjunto de su obra, con su escultura ‘El Vocero’ la Asociación de la Prensa y el Ayuntamiento de Málaga premian cada año a los galardonados con los Premios de Periodismo Ciudad de Málaga.

La huella de este artista total puede verse en colecciones particulares o centros públicos de Francia, Canadá, Estados Unidos y España. Falleció en 2020 pero nos queda el Arte con mayúsculas de Martín Merino.

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