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Los cines Plus-Ultra y Rialto

Los dos cines percheleros eran auténticos ‘cines de barrio’, el primero de ellos, acortado por los malagueños hasta convertirse en el ‘Plus’ y ambos con entradas tiradas de precio y también con olor a humanidad

El perchelero Llano de Doña Trinidad, a comienzos de este siglo.

Los cines más tirados de Málaga (perdón por el calificativo) fueron el Plus-Ultra y el Rialto, el primero en el Llano de Doña Trinidad, en El Perchel y el segundo también en el mismo barrio (calles Conde de Aranda y Ancha del Carmen). El Llano de Doña la Trinidad existe todavía y parte de donde estuvo el Rialto ha sido remodelado. Ambos cines eran auténticos cines de barrio, aparte de otros que en próximos capítulos relataré, porque forman parte de lo que fueron los cines de Málaga de los que como tal cine solo hay uno en la actualidad, el Albéniz.

El propietario del Plus (lo de Ultra se eliminó porque los malagueños lo acortaron) fue don José Fernández Crespo; después, al fallecer, se hicieron cargo del mismo dos de sus hijos, Antonio y José. Entonces la empresa pasó a denominarse Fernández Durán. Se inauguró el 17 de julio de 1927 y cerró el 28 de abril de 1968. Poco después reabrió sus puertas con una nueva empresa. Todo cambió, hasta su nombre. De Plus-Ultra pasó a Emperador. Pero eso es hoy historia.

El perchelero Llano de Doña Trinidad, a comienzos de este siglo.

El promotor del Rialto fue don Aurelio Marcos, valenciano de nacimiento, licenciado en Derecho, futbolista del Real Madrid… y empresario de cine. Se inauguró el 15 de octubre de 1931y cerró en 1951. En el año 1939 se lo vendió a la empresa Soler y Sánchez, propietarios de los cines Goya y Principal. Don Aurelio Marcos, de gran formación intelectual, montó una joyería en la calle Larios que fue, y sigue siendo, la mejor joyería de Málaga, o por lo menos sigue en la privilegiada vía la ciudad.

(Algunos datos que ilustran los párrafos anteriores son de los libros de mi admirada amiga María Pepa Lara. Lo que viene a continuación es el resultado de mi larga carrera cinematográfica).

Tirados

Si he recurrido al adjetivo tirado en plural es porque es una forma coloquial decir barato. Los precios de las entradas eran irrisorios. Oscilaban entre 15 y 60 céntimos de peseta. Las localidades de «tres chicas» o general, eran bancos corridos sin respaldo situados en las cuatro o cinco primeras filas. Claro, a ese precio no se podía pedir más

Pero lo de tirado comprende también al aseo y limpieza. Los cines olían a humanidad, no tenían ningún sistema de ventilación, los malos olores eran permanentes, el barrido de los suelos creo que ni se contemplaba, el fregado no entraba en la conservación del local … y de los servicios higiénicos, no digamos.

Yo oí en pausas entre el fin de una película y el comienzo de la otra, y los anuncios de las proyecciones de la semana siguiente, a viva voz, el siguiente aviso: «Prohibido fumar dentro de la sala. Los contraventores serán expulsados sin previo aviso».

En la taquilla del Rialto, a la intemperie, se imponía la fuerza bruta. No se guardaba cola… tampoco en las paradas de los tranvías y autobuses de aquellos se respetaba el orden de llegada. Increíble pero cierto.

Mi primera experiencia

La primera vez que estuve en el Plus fue gracias uno de los hijos del empresario -Alberto si no me equivoco-, compañero de colegio de uno de mis hermanos. Fue en el año 1937 o 1938. La película que vi fue un dramón mexicano de los ‘de llorar’. Se titulaba ‘Chucho el roto’, dirigida por Gabriel Soria e interpretada por uno de los actores más famosos de aquella nacionalidad, Fernando Soler. Entre 1941 y 1949 fui al Plus para ver determinas películas significativas que cito a continuación, porque me estaba ‘formando’ como futuro escritor cinematográfico. La única ‘escuela’ era ver películas, leer las críticas que se publicaban en los periódicos, leer libros y revistas dedicadas al cine. Recuerdo haber visto allí películas como ‘Pygmalion’, ‘Grandes noticias’, ‘El hijo del Caid’ (muda), ‘Aquella noche en Varsovia’, ‘La mujer invisible’... y alguna más que estaba en mi lista de películas importantes que tenía que ver y analizar.

Pygmalion’, de 1938, estaba basada en la obra del mismo título de Bernard Shaw, interpretada por Leslie Howard (ganadora de un Óscar, nominada a otros tres más y ganadora de una copa Volpi); ‘El hijo del Caid’ (muda) de 1926, última película del mítico Rodolfo Valentino con Vilma Baker; ‘Aquella noche en Varsovia’, de 1941, con Adolf Wohlbrük y Sally Gray de protagonistas (hay otra versión, rodada en 1944, dirigida por Brian Desmond, e interpretada por Gregory Peck)…

Todas ellas vistas en el Plus-Ultra y en el Rialto. Como en todos los cines de barrio, tanto el Plus como Rialto, la programación se regía por: abrían a las 5 de la tarde y cerraban a la 1 de la madrugada. Los domingos y festivos la apertura se adelantaba a las 3 de la tarde. Eran de sesión continua y lo habitual era proyectar dos películas, o programa doble como se anunciaba en la prensa y radio. El Plus Ultra, haciendo gala a su nombre, reafirmaba la calidad de las películas con ‘doble monstruo’.

Solar que ocupaba el cine Rialto en la calle Conde de Aranda.

El Rialto

Como en el caso anterior, acudí al Rialto en los casos de películas excepcionales que yo estimaba que tenía que ver. Entre los años 1944 y 1946 vi ‘Extraños en la luna de miel’, ‘Caballero y ladrón’, ‘Noches de engaño’, ‘El muchacho del millón’, ‘El vaquero y la dama’, ‘Hace un millón de años’, ‘El rapto de Laura’, etc. Los directores de estas películas y los intérpretes eran lo que justificaba mi presencia.

¿Estrenos?

Si en los dos cines se estrenaron películas entre los años de su inauguración y 1945, no tengo datos. Es posible que se diera algún caso. Pero, desde 1945 a su cierre, solo tres en el Plus-Ultra:El rancho de los misterios’ y ‘Crimen en el Oeste’, ambas en 1948, y ‘Balas de Oregón’, en 1958, las tres norteamericanas del género preferido: Oeste, hoy, Western. Salvo esos tres casos excepcionales, el Plus-Ultra proyectaba películas que habían sido exhibidas en todos los cines de reestreno. El Rialto, al formar parte de la misma empresa que el Goya y Principal, tenía el privilegio de que todos los estrenos en los citados cines acababan en su maloliente sala.

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