Literatura

Diego Rodríguez Vargas: de la tartamudez a la brillantez de un maestro

El expresidente del Ateneo completa su trilogía de Sierra Mágina con ‘Las cadenas del miedo’, sus memorias de superación y evolución pedagógica

Diego Rodríguez Vargas, esta semana con ‘Las cadenas del miedo’, unas memorias muy especiales.

Diego Rodríguez Vargas, esta semana con ‘Las cadenas del miedo’, unas memorias muy especiales. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

«Cuando tenía 16 años un profesor me dijo que era imposible que fuera maestro con mi tartamudez que era terrible», recuerda Diego Rodríguez Vargas, expresidente del Ateneo. Pudieron más las ganas y la superación porque este afable jiennense, nacido hace 74 años en Bedmar e ‘hijo adoptivo’ de Málaga, ha estado 42 años volcado en la enseñanza, además de su veterana faceta como investigador educativo ligado a la UMA. 

El largo camino desde ese alumno tímido y tartamudo a un brillante profesor capaz de explorar con éxito nuevos caminos para enseñar mejor están narrados en ‘Las cadenas del miedo’, la tercera obra de su trilogía de Sierra Mágina (junto con 'Isnatin' y 'Los jardines de Deusto'), un libro editado por la Diputación de Jaén y el Instituto de Estudios Giennenses que se presentará en su pueblo natal la próxima semana, el 5 de mayo y en Málaga capital el próximo 1 de junio a las 19.30 en el Rectorado

Como precisa, el camino autobiográfico «es una excusa para una serie de reflexiones filosóficas, pedagógicas y teológicas a través del relato de mi vida»

Como recuerda, su senda formativa comenzó en la escuela unitaria de su pueblo «donde no se aprendía absolutamente nada», hasta el punto de que quien le enseñó a leer con 7 años fue su madre y no el maestro. A los 11 marchó al internado de los jesuitas en Úbeda y allí se revelaría como un alumno «de alta sensibilidad, algo que entonces se desconocía» y con una timidez exagerada ante cualquier autoridad. «Sentía miedo a la sotana, al confesionario, al infierno... estamos hablando de una época en la que el miedo imperaba», confiesa.

Pero el joven Diego pudo romper esas ‘cadenas’ y dejar atrás la timidez y la tartamudez gracias al profesor de Psicología Lisardo Torres, una de las personas a las que ha dedicado el libro y gracias también a una táctica personal «que dejó asombrados a profesores y compañeros por ser capaz de eso». Esa táctica ‘revolucionaria’ la detalla en el libro. 

En el CEIP Jorge Guillén

La obra, por cierto, dedica mucho espacio a la evolución pedagógica del autor, que reconoce que le mandaron estudiar para maestro «porque mi madre no pudo ser maestra», pero al tiempo descubrió con placer que era «el oficio más hermoso del mundo». 

Profesor en cinco colegios de los jesuitas, sin embargo, 30 años los pasaría como jefe de estudios en un colegio público, el Jorge Guillén de El Palo. «Allí desarrollé con absoluta libertad todas mis inquietudes y toda mi evolución pedagógica», recalca.

Con Jesús de Polanco en 1999, al recibir el premio Santillana.

Con Jesús de Polanco en 1999, al recibir el premio Santillana. / Archivo Diego Rodríguez Vargas

Y esa transformación le hizo pasar del clásico maestro «transmisor de conocimientos» a un «orientador del saber». Estudió el constructivismo de Piaget y más tarde el constructivismo social de Vygotsky y quiso enseñar de otra manera, con más participación, trabajo colectivo y herramientas para que sus alumnos descubrieran el mundo. El resultado, «los alumnos empezaron a ser más felices, a querer venir al colegio a aprender», remarca.

Y más tarde, cuando pasaban al instituto, pudo hacerles un seguimiento y comprobar que sacaban mejores notas que el resto. «Lo que necesitaban era saber aprender», subraya. 

Diego Rodríguez Vargas ganó en 1999 el Primer Premio Santillana por uno de esos trabajos de innovación pedagógica. Culminaba un camino de superación a lo largo del cual lograría romper con creces esas ‘cadenas del miedo’. En este libro lo cuenta. 

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