La falta de lluvia que desde hace meses amenaza al campo andaluz ha recuperado estampas más propias de siglos pasados. Los vecinos, ante la falta de respuesta meteorológica, recurren a la fe y a sus 'santos', a los que sacan en procesión para rogar que se acabe la sequía. Este domingo, sin ir más lejos, tuvo lugar en Alozaina, municipio en el que la aceituna de mesa es clave en su economía, la salida de la imagen de San Isidro por los olivares de la comarca. "Agua, San Isidro, mira nuestros campos", pedían los agricultores mientras el patrón recorría los campos. 

No ha sido el único ejemplo reciente. El mismo 1 de mayo la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, conocido como 'El Abuelo', salía también en procesión de rogativas y recorría las calles de Jaén acompañado de miles de personas. Una extraordinaria para pedir la anhelada lluvia. O en Granada, la Virgen de las Angustias, Patrona de la Archidiócesis, ha sido situada en el bajo presbiterio de su basílica, en rogativa 'ad petendam pluviam', tal y como aparece recogido en el Misal Romano. Una jornada de veneración celebrada este martes, con la imagen situada por primera vez a la altura de los fieles, para pedir por las necesarias lluvias.

'El Abuelo' de Jaén, este pasado 1 de mayo, en procesión de rogativas para que llueva. Jose Manuel Pedrosa / EFE

Ya en febrero de 2022, los vecinos de la asociación Viñagrande, agricultores, autoridades, cofrades y feligreses de Alhaurín de la Torre sacaron en procesión la imagen de San Francisco de Paula para rogarle que lloviera ante la situación de extrema sequía que ya, desde hace más de un año, afecta al municipo. Hacía 37 años que el santo no salía en procesión. En 1985 "lo sacaron el mes de noviembre y estuvo lloviendo todo el invierno", contaban los vecinos que lo vivieron.

Y en octubre pasado, Vélez Málaga aprovechó el tradicional traslado de su patrona, la Virgen de los Remedios, desde su ermita del Cerro de San Cristóbal hacia la iglesia de San Juan, donde se celebra sus cultos, en rogativa de lluvia. La hermandad pidió entonces a los agricultores, trabajadores, comerciantes y propietarios de los campos que se sumaran a la oración para que la Virgen bendijera el municipio con "copiosa lluvia". 

Los malagueños han sufrido en sus carnes fatídicos episodios que les han golpeado con extrema dureza y que han provocado que recurran a las imágenes sagradas en busca de respuestas. La fe, ya se sabe, mueve montañas. El pueblo lo entiende así. Luego serán los canonistas, los teólogos, quienes se encarguen de corregir lo que consideren distorsionado o desencaminado, pero suelen ser muestras de veneración sencilla que durante siglos pasados fueron muy numerosas. 

Veneración extraordinaria a la Virgen de las Angustias de Granada para pedir que llueva, este pasado 2 de mayo. Álex Cámara / E. Press

El privilegio de liberar un preso

Jesús El Rico tiene el privilegio, otorgado por el Rey Carlos III, de poner en libertad a un penado, incluso condenado por delito de sangre, durante su desfile procesional en la noche del Miércoles Santo. El origen de esta orden real concediendo el privilegio de la libertad a esta hermandad se encuentra en un hecho que llegó a los oídos del Rey Carlos III y que le motivó a conceder el privilegio. En un momento en que la ciudad estaba asolada por la epidemia de la peste. Ese año los reclusos de la prisión de Málaga propusieron sacar en procesión la imagen del Nazareno que se veneraba en un convento cercano, creyendo que con este gesto recibirían la protección divina sobre la ciudad aliviando sus penurias, enfermedades y carencias.

El preso acompaña a Jesús El Rico este Miércoles Santo de 2023. Álex Zea

La petición de los presos no fue aprobada pero, a pesar de la negativa de las autoridades, se amotinaron, salieron a la calle sin quitarse las cadenas, se apoderaron de la imagen de Jesús El Rico que se encontraba en su capilla y la llevaron por los lugares más afectados por la epidemia de la capital. Tras la procesión, los reos devolvieron la imagen de Jesús El Rico a su iglesia y la enfermedad se acabó repentinamente, según la leyenda.

Cuando el rey Carlos III conoció lo ocurrido determinó conceder a la cofradía el privilegio de liberar a un preso y así se ha mantenido hasta la actualidad.

Abogado de la peste

Por su condición de portuaria, la ciudad de Málaga siempre estuvo expuesta a sufrir este tipo de contingencias de forma periódica. En 1649, una epidemia de peste, asoló la ciudad. Entonces Málaga atribuyó el milagro de la desaparición repentina de la enfermedad a la imagen del Santo Cristo de la Salud, una imagen de José Micael de Alfaro realizada pocos años antes, en 1633 para la iglesia de la Santísima Trinidad, y que posteriormente fue trasladada a San Juan. Los hospitales malagueños no daban abasto. Se tiene constancia documental, según explica el historiador José Jiménez Guerrero, de que había más de 2.600 camas ocupadas. Mientras, los contagios seguían creciendo. Aquella pandemia fue conocida como la Gran Peste de Sevilla. 

Por ello, muchos malagueños no tuvieron más alternativa que abandonar los lugares más concurridos. La leyenda cuenta cómo en un carro de mudanza iba un Cristo atado a la columna, a la postre el Cristo de la Salud, que pudo ser confundido con un cadáver, al ir envuelto con una sábana, cuando pasaba por la plaza de las Cuatro Calles, actual de la Constitución. Las actas municipales cuentan que se formó un gran alboroto y para evitar las aglomeraciones, el Cristo fue llevado hasta la casa Consistorial, que entonces se encontraba en ese mismo lugar. A él se le atribuye el cese de la epidemia y por ello fue declarado copatrón de la ciudad. 

En 1945, ya en el siglo XX, la imagen recorrió por última vez las calles de Málaga en procesión de rogativas por las continuas sequías que azotaban a la provincia.

Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías en la Catedral con el Santo Cristo de la Salud

Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías en la Catedral con el Santo Cristo de la Salud Agrupación de Cofradías

Y en 2021, durante la crisis de la Covid-19, la Agrupación de Cofradías volvió a celebrar su vía crucis de cada primer viernes de Cuaresma aunque en este año sin culto externo tuvo lugar en la Catedral y con carácter íntimo y con una severa limitación de aforo. Y fue precisamente la imagen del Santo Cristo de la Salud, patrono y protector de Málaga y de su Ayuntamiento la elegida para presidir el rezo y meditación de las 14 estaciones en un año tan convulso. De hecho, este acto fue denominado como "vía crucis de rogativa", para implorar al Señor por el cese de la virulencia del coronavirus.

Ya en pleno confinamiento, a los pocos días de la entrada en vigor del decreto de Estado de Alarma debido a la situación excepcional por la pandemia de coronavirus, que obligó, entre otras cosas, a suspender las procesiones de Semana Santa de aquel año, los obispos andaluces informaron de que podrían estudiar autorizar procesiones de rogativas cuando acabara la pandemia. Se llegó a especular con la posibilidad de que las salidas de las cofradías se retrasaran al mes de septiembre, coincidiendo con la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, a mediados de mes. En un comunicado, la diócesis de Málaga señalaba que los obispos habían dialogado sobre este asunto y estudiarían la conveniencia de realizar "alguna procesión de carácter especial".

El maremoto de Lisboa

Por ejemplo, quien no sabe, y así su hermandad se encarga de recordarlo cada año con devoto rosario votivo al inicio del Adviento, que a la Virgen de los Remedios de los Mártires se le atribuye haber parado las aguas del maremoto de Lisboa en lo que hoy es la Puerta del Mar en 1755. Las constante réplicas del terremeto que devastó la capital portuguesa provocaron serios daños en muchas ciudades costeras. Pero en Málaga, la Virgen de los Remedios salió en procesión de rogativas y se le atribuye el milagro de que las olas no afectaran a la ciudad de Málaga. 

Rosario votivo de la Virgen de los Remedios por la feligresía de Los Mártires Eduardo Nieto

El Cristo de la Epidemia

En 1803 otra epidemia, esta vez de ictericia, infestó Málaga. El origen se encontró en una embarcación militar francesa, que arribó al puerto. El Ayuntamiento para contentar a la gente tuvo que exponer en el cancel de las puertas del edifico consistorial a la efigie del Santo Cristo de la Salud, que entonces era la imagen con mayor devoción de la ciudad. Más esto no evitó conatos como los registrados en los principales barrios de la ciudad para sacar procesiones de rogativas, que fueron impedidos por los soldados. En el de la Victoria los vecinos, de forma espontánea, pretendieron organizar una procesión en toda regla con el Crucificado de la Expiración, titular de la hermandad de este nombre que se veneraba en la capilla de calle del Agua. 

Informada la autoridad del intento, enviaron una tropa a caballo que impidió la reogativa, con el consiguiente altercado con los devotos. Lo mismo ocurrió en la Trinidad cuando los devotos del Cristo de Zamarrilla intentaron procesionarlo. O en Capuchinos, donde se pretendió hacer lo mismo con el Señor del Socorro, venerado en la ermita del Molinillo, actualmente de la Piedad. La excepción se dio en El Perchel, donde la gente se las ingenió para lograr, al amparo de la noche, entrar en el convento de San Andrés "y sacar en una pequeña urna una imagen de la Virgen del Carmen y la pasearon por todo el barrio cantando el trisagio a la Santísima Trinidad y pidiéndole a la señora el alivio de los vecinos. Eso sin duda, causó más consuelo a los pobres enfermos que los cañonazos mandados a disparar por el gobernador".

Las crónicas señalan que el 26 de noviembre de ese año, tras la muerte de una monja del convento de la Paz, se procedió al traslado de todas sus pertenencias para que fueran quemadas en San Miguel. Entre ellos se encontraría un Crucificado de tres cuartas de tamaño, siendo cargado en el carro. Cuando este llegó a la fuente de los Tejeros, que se situaría a la altura de donde ahora se encuentra la calle Rodríguez de Berlanga, se paró la mula a beber, aprovechando el hombre para depositar la imagen sobre la misma. Al día siguiente, los malagueños interpretaron lo sucedido de milagroso, acudiendo en tropel a aquel sitio para venerar al Señor que, para 1867, era titular de la Hermandad del Santo Cristo de la Epidemia, advocación que sigue dando nombre a una de las principales arterias de la ciudad.

Por fin la plaga se dio por concluida para el 20 de diciembre, reabriéndose las iglesias después de su fumigación.

La Virgen de los Dolores, entre otras imágenes, salió en 1860 para pedir que se acabara la epidemia de cólera en Málaga. Gregorio Marrero

La epidemia de cólera de 1860

Entre mayo y junio de 1860 se sucedieron las procesiones de rogativas en Málaga ante la epidemia de cólera que sacudía la ciudad. Fueron muchos los actos de piedad popular, ante una situación de extrema necesidad y ante las limitada medicina de la época. El historiador Andrés Camino relata que el 27 de mayor, por ejemplo, salía de San Felipe Neria la Virgen de los Dolores de Servitas, que recorrió las calles de Capuchinos. El día 31 de mayo partía otra procesión desde los Mártires con una imagen de la Virgen "para aplacar la ira del Señor y conseguir su misericordia". En esa misma jornada, el Ayuntamiento acordó que se hicieran rogativas públicas con las imágenes habituales en estos casos, es decir, el Santo Cristo de la Salud, la Virgen de la Victoria, el arcángel San Rafael y los Santos Mártires Ciriaco y Paula. Éstas serían trasladadas desde sus respectivas sedes eclesiales hasta la Catedral. Para ello, el obispo Juan Nepomuceno Cascallana Ordóñez dio la aprobación. Esta procesión tuvo lugar finalmente el 2 de junio. La prensa local avisaba, con motivo de la procesión general, que las sagradas imágenes permanecerían en la Iglesia Mayor hasta que terminaran “las actuales circunstancias”.

El 2 de junio también salió, como remedio ante la calamidad, la Virgen del Carmen por las calles del Perchel, "provocando un gran efecto moral por la mucha devoción que todos sus habitantes le tienen".

Estas procesiones también venían acompañadas de cultos, triduos o novenas extraordinarias en el interior de los templos. En el barrio de la Victoria también salía en procesión de rogativas el 17 de junio el Nazareno de los Pasos en el Monte Calvario "con el piadoso objeto de conseguir la total extinción de la calamidad que nos aflige". Lo hizo acompañado de las imágenes de un San Francisco y un San Rafael. 

Tras esta salida, el 25 de junio, la Junta Provincial de Sanidad declaró libre de la epidemia a la ciudad.

Son solo algunos ejemplos destacados que han pasado a la historia y que han conseguido movilizar a los vecinos de Málaga en torno a sus devociones predilectas. Rezando y con el mazo dando, como dice el refrán popular. ¿Leyendas? ¿Atribuciones milagrosas? ¿Intercesión divina ante los ruegos de las gentes? Desde hace siglos y ante estos episodios de emergencia social, y ante la falta de soluciones médicas o científicas, según el caso, las personas han recurrido a sus referentes espirituales para encontrar respuestas. En ellos han depositado sus plegarias y sus intenciones. Y aunque la costumbre ha ido en desuso con el paso de los años, justamente ahora, de nuevo, ante la dramática sequía, los devotos vuelven a acudir a sus imágenes más cercanas, las que nunca les fallan, y con sencillez y sinceridad, imploran por la necesaria lluvia. Y estas manifestaciones se repiten en prácticamente toda Andalucía.

El caso de Cádiz y su Regidor Perpetuo

En Cádiz cuentan que entre 1678 y 1681 los gaditanos acudieron al Nazareno de Santa María para pedirle que los protegiera de la peste y para que cesara esta epidemia que asolaba a la ciudad y prácticamente toda la Bahía. Ante el cese de la epidemia, tanto el Cabildo municipal como el Catedralicio decidieron trasladar la imagen de Jesús Nazareno a la Catedral para hacerle una novena en acción de gracias. Tras esta intercesión milagrosa, en 1681 recibió el título honorífico de Regidor Perpetuo de la Ciudad de Cádiz, que ostenta en la actualidad.

Algo parecido al episodio con la Virgen de los Remedios en Málaga ocurrió en el barrio gaditano de La Viña con la Vigen de la Palma el 1 de noviembre de 1755. Una de las réplicas del terremoto de Lisboa había provocado un maremoto que ya había inundado buena parte de Cádiz pero, según narran las crónicas, el capellán Macías salió de la iglesia y dio con la vara del guión que había sacado en el suelo y dijo en voz alta: '¡Hasta aquí Madre mía!", y se frenaron las aguas ante lo que podía haber sido una enorme tragedia. A pocos metros del templo, de hecho, una placa rememora este episodio.