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Crónicas de la ciudad

La huella de San Sebastián en el corazón de Gamarra

Tomás Echeverría Mendizábal acudió a Málaga a curarse de los pulmones. Su primera urbanización está llena de nombres ligados a su País Vasco natal

Una de las calles de Echeverría de Gamarra esta semana, con las grevilleas o árboles de fuego, a la derecha.

Una de las calles de Echeverría de Gamarra esta semana, con las grevilleas o árboles de fuego, a la derecha. / A.V.

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Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Málaga

Contaba precisamente ayer la escritora y abogada malagueña Ángela Fernández Barrientos, al hilo de su novela ‘La inglesa’ (que firma con el seudónimo Ángela Swan), que muchas mujeres extranjeras visitaban Málaga en el siglo XIX por sus buenas temperaturas, para tratar problemas del pulmón.

Este fue precisamente el motivo por el que el donostiarra Tomás Echeverría Mendizábal arribó a Málaga. Como explicaba hace unos años su nieto Tomás Zulueta, en una tribuna en el diario Málaga Hoy, don Tomás, que nació con el siglo, padecía de cáncer de pulmón y los médicos le aconsejaron que escogiera un clima suave. Dudó entre Alicante o Málaga y al final eligió nuestra ciudad.

En lugar de limitarse a pasear y tomar el aire fundó el año de su llegada, 1959, la veterana inmobiliaria que lleva su apellido.

Quizás lo más llamativo de su primera gran obra, Echeverría de Gamarra I de los 60, es la amplitud de sus calles, en comparación con otros barrios de Málaga que se hicieron a finales de esa década y comienzos de los 70, en los que primó el abigarramiento. Las fotos de la construcción nos muestran un paisaje de barrios obreros con la iglesia de Carranque como el punto más alto en las inmediaciones, aunque en la década anterior ya se habían levantado en Martínez Maldonado los edificios de los militares junto a Telefónica.

El solar para el centro de salud de Gamarra, desde Echeverría de Gamarra.

El solar para el centro de salud de Gamarra, desde Echeverría, esta semana. / A.V.

Justamente muy cerca, donde hoy se encuentra la calle General Blake -un militar malagueño de la Guerra de la Independencia- a finales de los 60 había un gran descampado en el que, con Echeverría todavía en construcción, se plantaba un circo.

La huella de don Tomás Echeverría, que murió en Málaga en el 67, no sólo ha quedado impregnada en esta primera urbanización, también en sus calles, donde estos días todavía podemos disfrutar de los enormes árboles de fuego (grevilleas) con sus flores doradas que, iluminadas por el sol, parecen estar en llamas.

Rótulo antiguo del pasaje Urbasa, en Gamarra.

Rótulo antiguo del pasaje Urbasa, en Gamarra.

Porque en este barrio de nueva creación el constructor logró el permiso municipal para que casi todas sus calles tuvieran nombres ligados a su País Vasco natal, de ahí que en una zona tan clásica de Málaga nos encontremos, por ejemplo, con los pasajes de Begoña y de Aránzazu, en homenaje a sendas Vírgenes, el pasaje Aralar, la avenida de San Sebastián o el pasaje Urbasa, que lejos de ser una sociedad anónima es una sierra norteña. Y claro, en el centro, al pie de la gran torre, la plaza de Basconia y su fuente.

Y muy cerca, la parcela eterna para la que los vecinos piden un centro de salud desde 1991. Parece que ahora será la vencida.

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