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Crónicas de la ciudad

El primer hispanista de EEUU visita Málaga

Hasta 2012 no se tradujeron los diarios del viaje por España de George Ticknor, que visitó Málaga durante tres días de septiembre de 1818.

Detalle de un retrato de George Ticknor en 1831, pintado 13 años después de su viaje por España.

Detalle de un retrato de George Ticknor en 1831, pintado 13 años después de su viaje por España. / Wikimedia

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Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Nos recuerda la profesora Elvira Roca que la expresión ‘Siglo de Oro’ no se la debemos a ningún estudioso español sino a George Ticknor, fundador del hispanismo en Estados Unidos

Como algunos sabrán por la sección dominical Mirando Atrás, el reciente libro colectivo, ‘George Ticknor y la fundación del hispanismo en Estados Unidos’, editado por el profesor y académico antequerano José Manuel del Pino, trata de sacar del olvido la figura de este gran divulgador de la cultura y literatura españolas nacido en Boston y que vivió entre 1791 y 1871.

Ticknor visitó Málaga capital en septiembre de 1818, mientras recorría España. Los diarios privados del viaje no fueron traducidos al español hasta 2012, gracias a Antonio Martín Ezpeleta. Aquí van algunas pinceladas de su estancia en la «pequeña y atareada ciudad de Málaga», de unos 70.000 habitantes, informaba. 

Pese a la reciente Guerra de Independencia, Ticknor alaba su gran actividad comercial, gracias al comercio de la fruta «en el que ninguna ciudad puede igualarla», aunque este marcado carácter haga que ofrezca poco «para divertir a un extranjero en todo lo que se refiere a las artes». 

Lo cierto es que la ciudad en sí no le gustó («Está mal construida. Incluso la catedral es mala», sentenció) y en cuanto a la Alameda, estaba entonces tan reciente que no podía permitirse siquiera «tener sombra».

Plano de Málaga en 1805, ocho años antes de la visita de George Ticknor.

Plano de Málaga en 1805, ocho años antes de la visita de George Ticknor. / L.O.

 Sí le encanto la vista de Málaga desde la Farola con la mezcolanza de unos «ricos paisajes» en los que se mezclaban lo tropical con las montañas cubiertas de nieve. «Poco me equivoco si no es este el único lugar en el mundo donde puedes dominar una vista semejante o, al menos, donde puedes observarla en su totalidad», señaló. 

En cuanto a los malagueños, en esta corta visita de tres días los encontró «hospitalarios (...), francos, abiertos y alborotados, como todo el mundo sabe que son los andaluces». En Málaga conoció por cierto a los padres de Eugenia de Montijo y en especial quedó prendado de la madre, la malagueña Enriqueta María Manuela Kirkpatrick, condesa de Teba y Montijo que hablaba cinco idiomas, además de ser una excelente actriz y bailarina.

María Manuela Kirkpatrick.

María Manuela Kirkpatrick. / L.O.

Pero el gran protagonista de su estancia en Málaga fue el obispo, el asturiano Alonso Cañedo Vigil, antiguo diputado en las Cortes de Cádiz y uno de los padres de la Constitución de 1812. Ticknor lo dibuja como brillante, culto pero también «malicioso (...) obsequioso», amante de la buena vida «y un glotón». «Rara vez he visto una comida tan lujosa», dijo de una a la que asistió para 40 personas. Así vio Málaga. 

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