Violencia machista
Carmen Agüera: «La violencia de género es un problema de salud pública»
La Consejería de Salud y Consumo publicó a finales de julio un protocolo sobre el ‘Abordaje Integral de Víctimas de sumisión química y/o agresión por objeto punzante’, con el objetivo de facilitar el acceso a las pautas de actuación a todos los profesionales sanitarios, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y Medicina forense, implicados en la atención y actuación ante posibles situaciones de sumisión química. Carmen Agüera es una de sus autoras

La doctora del Hospital Costa del Sol Carmen Agüera. / La Opinión

La sumisión química está definida como la administración de una sustancia sin el consentimiento de la persona, habitualmente en contextos de ocio, con el objetivo de conseguir un bajo nivel de conciencia para que sea más fácil perpetrar un delito, que puede ir desde un robo hasta una agresión sexual. Así lo explica Carmen Agüera, médica adjunta de la unidad de Urgencias del Hospital Costa del Sol desde hace más de 25 años y presidenta de la Comisión de Violencia de la Agencia Sanitaria Costa del Sol desde 2010.
Implicada en la lucha contra la violencia de género y la igualdad, en el año 2000 fue la primera persona del centro hospitalario en comenzar a impulsar los protocolos en relación con la violencia de género y los malos tratos. Su última gran aportación ha sido la participación en la elaboración del protocolo sobre el ‘Abordaje Integral de Víctimas de sumisión química y/o agresión por objeto punzante’, recientemente publicado por la Consejería de Salud y Consumo.
El objetivo de esta guía es homogeneizar las actuaciones en todos los hospitales y emergencias de Andalucía sobre cómo atender a los pacientes que vienen demandando asistencia porque sospechan que han sido víctimas de una sumisión química, según destaca una de sus autoras, que hace hincapié en que esta agresión constituye un delito en sí.

Una persona vertiendo una sustancia en una discoteca. | LA OPINIÓN / arancha tejero. málaga
«Es importante actuar con la mayor celeridad posible porque estas sustancias se absorben y se eliminan muy rápidamente de la sangre. Con lo cual, cuanto antes atendamos, más posibilidades vamos a tener de obtener muestras en sangre o en orina», puntualiza la doctora, que subraya que para que las muestras puedan ser analizadas por el Instituto Nacional de Toxicología es necesario que la víctima haya puesto antes una denuncia. De manera que, en caso de dar positivo, los resultados irían directamente al juzgado y servirían como prueba. «De ahí la importancia de que si alguien sospecha que ha sido víctima de una sumisión química, porque se encuentra mal sin haber bebido tanto alcohol, denuncie lo más rápido posible», añade la doctora.
El Hospital Costa del Sol fue pionero en Andalucía en detectar la sumisión química en los casos de agresiones sexuales con un protocolo puesto en marcha a principios de 2017, que actualmente se encuentra activo en todos los hospitales de la comunidad, al igual que este nuevo protocolo especializado en sumisión química y agresión por objeto punzante.
La idea de crear esta nueva guía específica nació como una necesidad frente al fenómeno de los «pinchazos» que tuvo lugar el verano pasado y por el que se creó cierta alarma social. Y, aunque fuesen pocos casos, «unos cinco o seis el año pasado», la Junta vio importante crear un protocolo de actuación específico para este tipo de sumisión química. Durante 2022, el Hospital Costa del Sol tuvo la sospecha de unos 40 casos de sumisión química en discotecas y otros contextos de ocio. En cuanto al cómputo de 2023, aunque aún no se tienen las cifras totales, la facultativa adelanta que también ha habido algunos casos, «pero no muchos». Agüera señala que fue de 2021 a 2022 cuando notaron un mayor aumento de estos sucesos, «quizás porque la población ya empezaba a conocer el fenómeno y estaba informada de que tenía que acudir a un centro hospitalario».

El Hospital Costa del Sol, ubicado en Marbella. / L. O.
Un protocolo complementario
Por otro lado, este nuevo protocolo, centrado en la sumisión química a través de bebidas o pinchazos, se suma al ya existente desde 2020 frente a las agresiones sexuales. «En caso de que haya además una agresión sexual se activa directamente este otro protocolo en coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, el Instituto Médico Legal y el Juzgado de Guardia», aclara Agüera, que apunta que las agresiones suelen ocurrir con más frecuencia en fechas concretas como son verano o fiestas, como Navidad.
«Tenemos que tenerlo todo muy bien organizado para que se haga con la mayor celeridad posible, porque el procedimiento es largo, ya que hay que rellenar muchos documentos o esperar a que venga el forense para poder hacer la exploración conjunta», indica Agüera, que aclara que la rapidez no es solo importante por la mayor probabilidad de obtener muestras, sino porque «las mujeres vienen con una afectación emocional muy importante por culpa de la agresión».
Implicación de los centros sanitarios
A este respecto, la doctora insiste en la importancia de que el ámbito sanitario se implique en la detección y atención a las mujeres víctimas de violencia de género o agresión sexual, pues recuerda que la violencia de género es un problema de salud pública declarado por la Organización Nacional de la Salud. «Hay que abordarlo desde el punto de vista de salud porque afecta a la salud de las mujeres, y no solamente por las muertes que provoca, sino también por el daño que genera en su salud la vivencia durante más de diez años de una violencia de género».
Por este motivo, Agüera remarca la importancia de «ponerse las gafas de género» para poder detectar posibles señales e iniciar un camino de ayuda para esas mujeres. «Hay que intentar pensar en la violencia de género como un diagnóstico diferencial más, porque durante esos años, la mujer va a acudir a la consulta médica por problemas de salud a los que en muchas ocasiones no le encontramos una explicación orgánica», concluye.
Al pensar en malos tratos, inevitablemente se piensa en las mujeres, sin embargo, según la doctora Agüera, también son «bastante frecuentes» en personas mayores, «lo que pasa es que es más difícil de percibir, porque a veces pasa muy camuflado por otras enfermedades que puedan tener síntomas similares o porque suelen proteger a su maltratador y no comunicarlo».
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