Alberto Ramos nunca se ha sentido ni hombre, ni mujer. En la adolescencia se consideró un hombre homosexual, y con el paso de los años y el conocimiento que ha ido adquiriendo, llegó a la conclusión de que era una persona de género no binario.

«Yo no soy 100% hombre, ni mujer; ni un 50% una cosa y el otro 50% otra», explica Ramos a La Opinión. Debido al desconocimiento aún existente en la sociedad, hay personas que ahora se identifican como no binarios que en su momento tuvieron que transicionar al género opuesto y ahora son personas transgénero no binarias. Esto ocurría porque necesariamente tenían que encasillarse como hombres o mujeres. Pero puede que no te sientas ninguno o los dos a la vez. Eso es lo que abarca el término no binario.

Miguel Frías, trabajador social de la asociación Apoyo Positivo de Torremolinos, habla de las etiquetas como «algo necesario», pero «siempre y cuando la persona quiera llevarla». «Estamos obsesionados con encasillar a la gente, no podemos ir por la vida etiquetando a las personas», insiste Frías.

Identificarte como género no binario puede ser complicado porque no es algo que esté integrado . En cuanto a la discriminación, Apoyo Positivo la divide en dos tipos: administrativa y social.

En la administrativa se incluye, por ejemplo, una de las principales reclamaciones de las personas como Alberto Ramos: «estoy acostumbrado a poner la casilla de hombre en formularios y a que aparezca eso en mi DNI, pero me encantaría que existiese la opción de no binario, porque marcaría eso». Por otro lado existe la social, que es la dificultad que el individuo viva a la hora de comunicarlo a los familiares, amigos, en el ámbito laboral... «Poco a poco se empiezan a hacer cambios administrativos, pero muy lentamente. Hay que empezar por lo social y después se mueve el resto», indica Frías.

La disforia de género es cuando una persona siente rechazo por sus genitales. Alberto Ramos expresa que «nunca ha pasado por ahí», y que en la parte social tampoco ha tenido ningún problema. «La gente me ve como un hombre homosexual y ya, siempre he estado fuera del armario entonces no ha pasado nada. Lo del género creo que es algo más personal», confiesa Alberto.

Aunque él en su trabajo (profesor de Educación Secundaria) no ha experimentado malas situaciones, desde Apoyo Positivo recalcan que «hay una brecha enorme». «Prácticamente ninguna empresa podría entender que una persona de género no binario tenga una apariencia diferente cada día porque quiera expresarlo así», añade Miguel Frías.

El equipo de la asociación Apoyo Positivo, que tiene su sede en Torremolinos.

Ley trans

La reciente ley abarca muchos problemas que antes pasaban desapercibidos. Sin embargo, Alberto Ramos hace hincapié en que «el género no binario no está bien recogido, prácticamente no lo recoge». Miguel Frías opina que «está muy bien, pero que no es perfecta». Expone que «no habría que aconsejar un plan del colectivo a las empresas, sino que fuese obligado por ley; que no sea necesario poner el género en el currículum y que es necesario que haya más opciones en el DNI».

Alberto trabaja de forma diaria con adolescentes y sabe decir cómo se muestra esta parte de la población ante estas realidades: «Te sorprenden porque muchas veces utilizan el lenguaje inclusivo o te saben decir qué significa cada sigla que representa al colectivo», cuenta.

Las redes sociales son una parte fundamental en el amplio conocimiento que tienen los jóvenes sobre este tema, pero a veces pueden resultar dañinas o caen en la exageración y la burla. Miguel Frías piensa que son «una moneda de doble cara porque por un lado están genial, ya que ayudan a que se sepa del tema, pero por otro está la broma y el extremismo». A pesar de esto, el trabajador social incide en que, aunque la sensación sea negativa, «no pasa nada porque al menos lo conocen, que lo que hay que hacer es desmontar esa idea».

En lo que coinciden ambos es en que se necesitan referentes para que las próximas generaciones no sientan que son invisibles.

Otro de los aspectos a tratar es la forma de dirigirse a las personas no binarias: «Yo no tengo un pronombre con el que me identifique en concreto, pero si veo algo en lo que pone ‘todes’ o ‘bienvenides ‘, me siento mejor porque sé que es un sitio seguro», explica Ramos.

La situación política nacional es algo que preocupa a las personas del colectivo, y Ramos confiesa que «le ha llamado mucho la atención cómo la derecha ha atacado abiertamente al colectivo para ganarse puntos y conseguir votos» y añade que estaba seguro de que «la sociedad estaba más avanzada».