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Crónicas de la ciudad

Adoradores del vidrio en un rincón de Monte Pavero

La ladera del cerro es empleada para un arcano ritual ‘neolítico’ que termina con cientos de botellas estrelladas contra una construcción decagonal

El decágono, plagado de cientos de cristales rotos que brillan al sol, el pasado lunes.

El decágono, plagado de cientos de cristales rotos que brillan al sol, el pasado lunes. / A.V.

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Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Los expertos aseguran que en la segunda mitad del IV milenio antes de Cristo, en Andalucía empezaron a generalizarse los poblados al aire libre y la población campesina.

Los cazadores recolectores estaban ya de capa caída, así que el Neolítico, que arranca en el VI milenio a.C. por estos lares, puede decirse que triunfa definitivamente, en unos tiempos en los que ni siquiera existían las diputaciones.

Pese a la carestía institucional, el hombre y la mujer del Neolítico, desprovistos además de cualquier tipo de consejería, plan de empleo rural o incubadora de empresas, tiraron para adelante y revolucionaron el planeta. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Porque, pese a que nos parezca que existe una distancia sideral entre el ser del Neolítico y el de nuestros días, ahí están ejemplares representes públicos del pasado (Martínez-Pujalte) y el presente (Rufián, Óscar Puente) que además de representar la ‘sima’ del parlamentarismo español no desentonarían en un taller de vasijas de hace 6.000 años.

Tampoco llamarían la atención en lo más parecido a esos tiempos recios que puede encontrarse en Málaga. En concreto, en un discreto rincón de Monte Pavero, muy cerca ya del Parque del Norte.

Se trata de la propia ladera del cerro, por el lado de la calle La Argentinita. En su día fue un terreno pelado pero perlado de basura, que el Ayuntamiento repobló de brachichiton para frenar el desmadre.

Semiocultas por la vegetación hay varias casetas, quizás relacionadas con el agua o la electricidad del entorno. El caso es que una de ellas, de forma decagonal, recibe las ‘ofrendas neolíticas’ de hombres de provecho que aprovechan una vecina instalación con terracita para, desde allí, poner perdido de cristales el decágono.

La construcción vandalizada, en la tarde del pasado lunes.

La construcción vandalizada, en la tarde del pasado lunes. / A.V.

Debe de tratarse, claro, de algún arcano rito solar, porque cuando aprieta el Lorenzo, los cientos de cristales refulgen como una miríada de estrellas. Quién sabe si el rito neolítico no es, a su vez, una herencia de la Prehistoria.

Imaginen a estos seres que han abandonado la caza para asentarse en los alrededores mientras estrellan botellas, posiblemente una vez ingeridas. Puro retorno al pasado más remoto sin salir de Málaga. Todo congresista sin modales es bienvenido.

Nombre de guerra

En la calle Martínez Maldonado la persiana de un comercio ha sido aderezada con una pintada gigante que además es la ‘tarjeta de visita’ del grafitero infractor. El tarugo pictórico tiene como nombre de guerra ‘Soez’. En definirse a sí mismo sí es un hacha.

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