Mirando atrás
Málaga y la rebelión de los moriscos
El historiador José Villena Jurado novela en ‘Entre el Profeta y la Cruz’ la rebelión de los moriscos en la Axarquía, con el respaldo de documentación histórica, para divulgar la vida de los malagueños musulmanes o episodios como la batalla del Peñón de Frigiliana

El historiador, esta semana con su nueva obra. / A.V.
En 2020, José Villena Jurado, hijo de malagueños de Torrox (Hinojosa de Calatrava, Ciudad Real, 1949), publicó su monumental ‘Málaga por el Rey don Felipe, nuestro señor tercero de ese nombre (1598-1621)’, un resumen de más de 800 páginas de su tesis doctoral sobre la Málaga de Felipe III.
Un año más tarde, todavía en plena epidemia de Covid, se pasó a la novela histórica para revivir con la mirada de un escritor y doctor en Historia los estragos de la peste bubónica en la Málaga de 1599 y las medidas para combatirla (‘La sombra de un jinete planeó sobre Málaga’).
Ahora, este próximo viernes 17, en el Ateneo de Málaga a las 19 horas, presentará otro paseo novelesco por la Historia de Málaga. Se titula ‘Entre el Profeta y la Cruz’, lo edita ExLibric y en esta novela de algo más de 500 páginas vuelve a emplear sus conocimientos de Historia Moderna, en este caso para relatar la rebelión de los moriscos malagueños de la Axarquía en la primavera de 1569, una vez rebelados en las Nochebuena de 1568 los de la Alpujarra, que en el imaginario popular se han llevado todo el protagonismo.

El autor de la novela, con el abogado Pablo Rojo, delante del Peñón de Frigiliana, uno de los escenarios reales de su obra y el más importante de la rebelión de los moriscos malagueños. / Juan Antonio Villena
Este malagueño nacido en Ciudad Real, maestro, inspector jefe y facultativo del Cuerpo Nacional de Policía, cuenta que tras su jubilación es cuando ha podido volcarse en su «pasión», la vocación por la Historia y la investigación.
Para esta novela de indudable base histórica ha empleado entre sus principales fuentes la ‘Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada’ de Luis de Mármol Carvajal y la descripción manuscrita de quien fuera escribano de Vélez, Juan Vázquez Rengifo, de la que este llama «guerra de los Rebelados en la Sierra de Bentomiz de la ciudad de Vélez».

Primer folio del manuscrito de Juan Vázquez Rengifo. / L.O.
Pero junto a los testimonios y algunos personajes históricos que sustentan la trama también hay muchos recuerdos infantiles del propio doctor en Historia, de un mundo rural que hasta los años 60 del siglo pasado permaneció inmutable durante centurias. «El panadero del pueblo venía vendiendo el pan con una cuerna», recuerda de la vida en el cortijo de sus abuelos, en el término municipal de Torrox, presente en la novela y que ya no existe.

Esquema de la villa de Torrox en el siglo XVIII. / L.O.
También recoge, distribuidas por toda la obra, las costumbres del Siglo de Oro, como lavarse los dientes con un palo envuelto en una tela, mojado en agua caliente y ceniza o el describir la señal de la cruz con un cuchillo en la base de un pan, antes de cortar la primera porción -un gesto parecido hacía un abuelo del autor, cuenta-.
La pragmática
Como destaca José Villena, los moriscos del Reino de Granada, musulmanes en territorio cristiano, lograron que Carlos V, a cambio de una importante cantidad de dinero, prorrogara 40 años la aplicación de una pragmática que endurecía sus vidas y les prohibía hablar su lengua «arábiga» y practicar su fe, llevar sus ropas tradicionales y hasta tocar sus instrumentos musicales.
Su hijo, Felipe II, sí la hizo efectiva, cumplidos esos 40 años, el 1 de enero de 1567. ¿Por qué? Entre las principales razones, expone el historiador, se encuentra el que «en esa época un papa pesaba y le dio un ‘tironcillo de orejas’ al rey, al retornar los participantes españoles del Cortijo de Trento». Estos le trasladaron la pregunta papal de cómo, un rey tan católico, «tenía un territorio donde predominaba el Islam».

Mapa esquemático de la comarca, siglo XVIII. / L.O.
La pragmática fue un mazazo para la comunidad morisca, porque además convertía en no válidos los tradicionales contratos verbales e incluso los redactados «en lengua arábiga», lo que se tradujo en la expropiación de tierras que habían pasado de padres a hijos y que ahora disfrutaban propietarios cristianos.
En este sentido, el protagonista de la novela, Mohamed ‘el Mulero’, trabaja sus antiguas tierras familiares, expropiadas por un cristiano al que debe pagarle la mitad de lo que producen, un caso muy común en la época.
Además, ya con los Reyes Católicos, «no sólo no les suprimieron los impuestos que tenían los reyes nazaríes, los mantuvieron y les pusieron otros».
No es de extrañar, por tanto, que algunos de estos moriscos, acosados por las deudas, se convirtieran en ‘monfíes’, los antecedentes de las partidas de bandoleros. Muchos de ellos fueron la base sobre la que se sustentó la revuelta de la primavera de 1569.

Málaga entre 1500 y 1650, dibujo de Pablo Solo de Zaldívar. / Archivo Manuel Olmedo
La novela recoge con detalle episodios reales como el intento de toma por los moriscos de Canillas de Aceituno, con el alcaide Gonzalo de Cárcamo y su gente recluidos en el alcázar de esta villa, que no formaba parte de la jurisdicción real sino de la de señorío, pues pertenecía al marqués de Comares.
Las ruedas de molino
Y por supuesto, el episodio central es la batalla del Peñón del Frigiliana, en la que el historiador describe con profusión el asalto de los cristianos a la inexpugnable fortaleza morisca y el desigual combate, pues los malagueños musulmanes emplearon el ingenio, ante la escasez de armamento, de ahí que echaran mano de montañas de piedras para que sirvieran de munición para los honderos y hasta piedras de molino, con un tronco en el centro, que echaban a rodar cuesta abajo y causaban importantes bajas entre los cristianos.

Mosaico en Frigiliana sobre la defensa morisca del Peñón de Frigiliana, con el empleo de ruedas de molino ensartadas en troncos. / Juan Antonio Villena
‘Entre el Profeta y la Cruz’ describe la vida en poblaciones como Torrox, Vélez y Málaga, estas últimas, por cierto, compartían el mismo corregidor o gobernador, Francisco Arévalo de Suazo, personaje real que aparece en la novela, como también desfila por ella el dibujante flamenco Anton van den Wyngaerde, en plena tarea de dibujar la ciudad de Jaén.
Tras la rebelión, muchos de los moriscos fueron trasladados fuera del Reino de Granada a puntos de la provincia de Badajoz, Ciudad Real o Murcia, hasta la expulsión definitiva de 1609, en tiempos ya de Felipe III, «que afecta a todos los reinos peninsulares».
La novela de José Villena rescata esta historia real para hacer literatura sin abandonar el rigor histórico de una episodio no suficientemente divulgado.
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