Anuario 2023

Málaga, exitoso salón inmobiliario que patina en las alturas

Vandalismo en la subida turística a Gibralfaro.

Vandalismo en la subida turística a Gibralfaro. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Ha sido este año 2023 la constatación de que Málaga se ha convertido en el Salón Inmobiliario de Europa, con las ventajas que eso tiene para los propietarios de viviendas y los dueños de bares y restaurantes, que ven cómo aumenta el negocio pero, a la vez, el viacrucis que supone para los malagueños de a pie, que sólo aspiran, humildemente, a seguir viviendo en Málaga y lo llevan crudo.

Por lo demás, este ha sido el año del Parque del antiguo Cementerio de San Rafael, un gran paso de Málaga hacia la civilización, gracias al Ayuntamiento, pues sólo con más zonas verdes se puede aspirar a la modernidad en el siglo XXI.

Otro paso en pos de la modernidad ha sido la transformación en un precioso mirador verde, con vistas al Cementerio de San Miguel, de los restos de un desmonte. La solución no puede haber sido mejor, algo que también podemos apreciar en la esplendorosa renaturalización del Guadalmedina llevada a cabo por la Junta de Andalucía. Ojalá que con medidas correctoras que rebajen el peligro de la presa del Limonero este espectáculo pueda continuar hasta la desembocadura y se aparque el carísimo proyecto de la plaza puente.

En la misma línea, resulta esperanzador el cambio que estos mismos días experimenta el olvidado Llano de Doña Trinidad. Como este rincón del Perchel, también con dinero europeo en su mayoría se ha reformado de forma muy positiva la calle Carretería y la calle Álamos, que han abandonado la imagen de ‘siniestra’ carretera de circunvalación del Centro. No ha corrido la misma suerte el arreglo de las plazas del Teatro y de San Pedro Alcántara, sencillamente porque no se ha tenido en cuenta la opinión de los vecinos, que son los que padecerán estas poco meditadas reformas.

En el terreno del Urbanismo, los miembros del equipo de gobierno municipal se comportan en demasiadas ocasiones como gestores inmobiliarios poco amigos del pensamiento reposado o, siquiera, de algún atisbo de reflexión urbanística. Así se explica la nueva pifia autorizada junto a la Torre de las Palomas, en La Araña, un adefesio que destroza las vistas de este atosigado cerro.

En un tono parecido la Asociación de Vecinos de Pedregalejo ha lanzado la voz de alarma porque hace unos 40 años que la lista de los edificios protegidos del barrio no se amplía y siguen cayendo inmuebles que merecían seguir en pie, algunos de ellos de los más emblemáticos del barrio.

El día que el Urbanismo malagueño se esfuerce en restar protagonismo a una figura primordial en el desarrollo de toda la Costa del Sol -la del ‘bruto con dinero’- Málaga ganará muchísimo en todos los frentes.

En la misma línea del triunfo de la fuerza bruta frente a la sensibilidad patrimonial y la moderación, hay que enmarcar la absurda demolición de una preciosa villa de 1920 en el Camino Nuevo.

Por lo demás, en 2023 han desfilado por esta sección de ‘Crónicas de la ciudad’ ejemplos patentes de que en Málaga siguen descuidándose, hasta el extremo, los detalles y eso que bastaría con que nuestros cargos electos se patearan más la ciudad.

Dos ejemplos flagrantes los tenemos en el edificio del Consulado, en la plaza de la Constitución, que este año celebró el siglo de su declaración como monumento arquitectónico artístico de Málaga. Pese a tan importante protección, el inmueble combina la arquitectura fingida del XVIII de artísticas guirnaldas, con las ‘guirnaldas de cables’ que desfilan por la fachada sin ningún pudor ni canalización que las oculte.

En un estado todavía más desastroso, la antigua Fonda de Oriente, el hotel que en la Alameda alojó a Hans Christian Andersen durante su visita a Málaga en 1861, luce por su fachada el mismo ‘cablerío’ indigno e incluso una suerte de despeñamiento de cables por el lateral de la calle Comisario.

La calle Covarrubias, con la trasera de la Parroquia de la Santísima Trinidad, esta semana.

La calle Covarrubias, con la trasera de la Parroquia de la Santísima Trinidad. / A.V.

Pero si hablamos de falta de atención continuada en el tiempo, esta sección comprobó que la calle Covarrubias, en La Trinidad, lleva abandonada a su suerte un mínimo de 17 años, cuando estas crónicas ya alertaron de su deterioro, con una iglesia de la Santísima Trinidad y un convento de las clarisas vandalizados hasta el extremo, amén de un depósito de detritus varios, al final de la calle, que ya se gestaba allá por 2006.

Para más inri, una desgraciada operación inmobiliaria, huérfana de una permuta de suelo, permitirá, después de 20 años, volver a encajonar esta preciosa iglesia trinitaria, a la que le plantarán dos bloques de viviendas en esta abandonada vía pública. En Málaga se echan en falta más paseos y más tiempo para reflexionar de nuestros cargos públicos.

Pero sin duda, 2023 ha vuelto a constatar que donde patina esta ciudad o al menos su clase política es en las alturas.

Un año más, y el firmante ha perdido la cuenta de los lustros, la subida turística al Castillo de Gibralfaro está en un estado zarrapastroso y tomado por los vándalos, un abandono que daña la imagen de Málaga y que se debe, cuentan fuentes municipales, a un desajuste competencial de lo más incompetente.

El problema es que nadie en el Consistorio toma medidas y la dejadez se eterniza. Pero en realidad, este camino turístico está ‘a juego’ con lo que le espera al visitante en el Castillo de Gibralfaro, con caminos cortados por obras, tramos de muros desmoronados, grietas, pintadas y garitas de vigilancia para el arrastre. La buena noticia es que por unanimidad, todos los partidos han votado recuperar el castillo. Que no se quede en palabras.

Infografía promocional del hotel rascacielos Torre del Puerto

Infografía promocional del hotel rascacielos Torre del Puerto / La Opinión

El año se ha completado con otra pifia de altura. Los mismos políticos que dieron el visto bueno a los rascacielos de cuarta regional de Martiricos -un incomprensible destrozo paisajístico- acaban de autorizar otra mediocridad cuyo impacto negativo en Málaga durará siglos: la Torre del Puerto.

Por eso, en la política local hacen falta más reflexión, sensibilidad y también la valentía de votar en conciencia, en contra de la disciplina de partido, cuando el interés catarí prime sobre el interés general. Feliz 2024.