Crónicas de la ciudad

Un ‘círculo neolítico’ junto al Peñón del Cuervo

Si ayer esta sección recorría el carril bici para cabras de este entorno, hoy le toca el turno a una misteriosa zona ajardinada que pasó a mejor vida. 

El círculo con el aparente jardincito que pasó a mejor vida.

El círculo con el aparente jardincito que pasó a mejor vida. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Ayer esta sección evocó la rueda de prensa que en 2008 realizaron el grupo municipal de Izquierda Unida y el colectivo ciclista Ruedas Redondas para denunciar el pésimo estado del carril bici del Peñón del Cuervo, sólo apto para las cabras y los amantes del riesgo y las lesiones. 

Un tramo del carril bici, el domingo.

Un tramo del carril bici, el domingo. / A.V.

Como 16 años pasan en un suspiro, lógico es que no haya habido tiempo de estudiar a fondo esta infraestructura, ver cómo puede mejorar y qué fondos deben destinarse para que no dé más problemas. Lo mejor, claro, sería encargar un informe técnico para ver si, antes de la finalización de la década, se puede dar con un diagnóstico preciso. Todo se andará... porque pedalear se puede poco. 

Hay un detalle sin embargo que puede enriquecer la ya de por sí inmensa riqueza patrimonial de la zona, con el vecino yacimiento arqueológico de las Cuevas de la Araña, un Bien de Interés Cultural que es uno de los enclaves más valiosos de Andalucía y más ninguneados por nuestros cargos públicos, algunos de los cuales seguramente pensarán que los ‘sílex’ son un grupo español de los 60.

Se trata de un misterioso círculo de piedra que nos retrotrae a los tiempos en los que la vida humana estaba marcada por la bóveda celeste y el paso de las estaciones .

Se encuentra en la zona peatonal junto al vetusto carril bici, en la antigua carretera de la costa, vecina de la antigua línea del tren a Vélez

Todavía se aprecia la antigua carretera.

Todavía se aprecia la antigua carretera. / A.V.

El misterioso círculo está emplazado en lo más alto del recorrido, con vistas inmejorables de la Bahía y el Peñón del Cuervo, que sigue montando guardia en su playa y evoca los tiempos cada vez más lejanos en los que había que ir nadando para llegar hasta él. 

¿Estamos ante un observatorio astronómico del Neolítico? Quizás servía, justo en esta época en la que la luz del sol vence a la oscuridad y empieza a imponerse, para ensalzar con ritos arcanos al astro rey, de ahí la colocación circular de los ‘ñoscos’. ¿Sería un anillo de fuego ideado por las mismas mentes que levantaron los dólmenes de Antequera?

Pues no, claro. Todo apunta a que se trata de una intervención de mejora del vecino Paseo de los Canadienses para que esta trocha deje de parecer un deprimente secarral.

El problema es que, a juego con el carril bici, el anillo de piedra también se ha ido a tomar viento. Contenía probablemente un pequeño parterre ajardinado, como evidencia una solitaria mata. Recuerda esta decrepitud a otra plantación costera igual de desvalida, la del Limonium carminis de los Baños de Carmen. Mucha suerte a ambas.

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