Crónicas de la ciudad

Por un cuerpo a dedo de ‘testadores de calles’

Para no repetir chapuzas como la de la Travesía del Pintor Nogales, Málaga necesita de manera urgente aumentar su dorada nómina de cargos de confianza

Nivel de la tierra prensada en la Travesía del Pintor Nogales en octubre del año pasado.

Nivel de la tierra prensada en la Travesía del Pintor Nogales en octubre del año pasado. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Si algo ha aumentado en Málaga de forma notoria, además de los museos, las terrazas y los apartamentos turísticos, ha sido el número de los cargos de confianza. Y sus emolumentos, claro. De hecho, haciendo cuentas, en algunos casos resulta mejor inversión ser cargo de confianza del Ayuntamiento de Málaga que recibir el sueldo para toda la vida de Nescafé

Sin duda, nuestro Consistorio mima como nunca este cuerpo de elegidos a dedo para la gloria, a años luz de los arrapiezos e incordiantes funcionarios de carrera, cuya fidelidad al político de turno es pura incógnita, amén de la humillante evidencia de que han sido seleccionados por un duro y veraz concurso oposición.

La parasitación de la administración pública por los partidos no es un fenómeno exclusivo de Málaga, de hecho, podemos estar tranquilos porque nuestra administración municipal combate este fenómeno con la misma determinación que Donald Trump las mentirijillas.

Dado que al Ayuntamiento entran por este impecable sistema de selección hasta popes de inmobiliarias con intereses en nuestra ciudad, ningún conflicto ético le plantearía ampliar el cupo de los escogidos. Sobre todo porque hace falta como el llover el dotar a Málaga de un cuerpo a dedo de Testadores de calles

De hecho, aunque los testadores gozaran de sueldos propios de la corte del rey Midas, nos ahorrarían gastos elefantíasicos: los que implican rehacer calles fallidamente urbanizadas.

Es lo que está pasando con la Travesía del Pintor Nogales. Esta semana acaban de adjudicarse por 180.000 euros las obras de remodelación de la vía. Nuestros cargos electos por fin han caído en la cuenta de que el pavimento actual era más malo que Putin y lo van a reemplazar.

Esos enormes adoquines triturados por los camiones, algunos de ellos reemplazados pasado el año largo tras mil tropiezos y la zarrapastrosa lengua de tierra prensada junto al muro del Paseo de Juan Temboury evidenciaban que fue una chapuza desde el inicio.

Cualquier testador de calles habría advertido la inconveniencia de ese diseño y de los materiales e impedido un desperdicio de dinero público.

Habría pasado lo mismo con la fallida calle Santa María, depósito de charcos y con losas picadas para evitar resbalones pero también con el cutre acabado de las plazas del Siglo y del Carbón o con las calles Madre de Dios y Montaño.

Por un cuerpo a dedo de testadores de calles, ya. Aunque nos cuesten un potosí, saldremos ganando.

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