Evolución
De repente 25 años, contándolo a diario
Era un 25 de mayo. El último año del siglo XX. Editorial Prensa Ibérica lanzaba a los quioscos el primer número de La Opinión de Málaga. En este tiempo, la trayectoria del periódico ha coincidido, además, con uno de los periodos de mayor transformación ciudadana, social, económica y tecnológica de la provincia

Redacción de La Opinión de Málaga, en su actual sede de la calle Salvago. / Álex Zea

Y de repente... 25 años. Las personas siempre necesitarán un relato inmediato de lo que les ocurre. Eso ya pasaba en 1999 y también ahora, un cuarto de siglo después. Solo que la revolución digital y la sociedad globalizada han impuesto unos nuevos escenarios y unos nuevos modos de contarlo. A diario. Era un 25 de mayo. El último año del siglo XX. Editorial Prensa Ibérica lanzaba a los quioscos el primer número de La Opinión de Málaga, una nueva y ansiada ventana informativa independiente y comprometida con los malagueños que desde el principio se convirtió en un revulsivo para el periodismo local. En este tiempo, la trayectoria del periódico ha coincidido, además, con uno de los periodos de mayo transformación ciudadana, social, económica y tecnológica de la provincia. Salía por primera vez en plena ebullición de medios de comunicación y a las puertas de un siglo XXI que anunciaba la inminencia de grandes novedades. En todos los sentidos.
En esta era de las comunicaciones, los ciudadanos precisan de estar mejor informados que nunca ante la amenaza que para el relato de los hechos suponen las 'fake news'. Y requieren de periódicos que le ofrezcan garantías para no caer en el engaño. Ahora que parece que solo se habla de los bulos en el ámbito de la política, como si nunca antes hubieran existido, es aún más oportuno salvaguardar el derecho democrático que la sociedad tiene de conocer la verdad. Porque realmente la democracia depende de ello: de los datos fiables y precisos que se transmitan, y dentro de su contexto. Un medio de comunicación está en la obligación de indagar, analizar, interpretar y profundizar en los hechos para contarlos con toda su complejidad. Estudiar sus causas y sus posibles consecuencias, adelantándose a ellas. Lo que hacen o dicen sus protagonistas. El periodismo, por tanto, no solo consiste en dar noticias, sino en razonarlas.

Trabajadores de La Opinión de Málaga, ante la antigua sede del periódico en la calle Granada. / L. O.
25 años. De repente. Durante este tiempo, ha sido prioridad de La Opinión de Málaga cumplir con su propósito informativo. No cabe duda. Con calidad e independencia pero, también, ejerciendo una crítica constructiva y un compromiso social, económico y cultural para contribuir, dentro de sus posibilidades y sus obligaciones, a la transformación de la provincia. Solo así se puede ser referencia.
Cambios, convergencias y adaptaciones en el oficio
Han sido años complicados para el oficio. De muchos cambios, convergencias, adaptaciones y redimensionamientos. La Opinión de Málaga apostó por la edición digital desde el principio, siendo pionera y entendiendo que los nuevos tiempos habían llegado para quedarse, compatibilizando sus publicaciones web e impresa.
En las páginas del periódico queda constancia de la importante evolución de Málaga, asentada como protagonista turística y cultural en Andalucía y en España, como motor económico de región y con un perfil mucho más diverso que supera, desde hace tiempo con creces, la otrora casi exclusiva oferta de sol y playa. La Málaga de 1999 era una ciudad que no tenía AVE. Que su estación de tren era la misma que un siglo antes presidida por su marquesina histórica. Donde aún existían núcleos chabolistas en lo que hoy es uno de los espacios más concurridos en el poniente, de repente, también, otra ciudad al oeste con aspiraciones a conectarse con Torremolinos por el paseo marítimo. El Palacio de Ferias era solo un proyecto en papel. Los museos no existían. Málaga no era siquiera un destino turístico atractivo, pese a reivindicar la capitalidad de la Costa del Sol. Toda esta metamorfosis la ha contado La Opinión de Málaga. Número a número. Es una evolución natural que ha vivido también el periódico en sus propias carnes.
Cuando La Opinión de Málaga se asomaba por primera vez a las calles, la ciudad y la provincia encaraban el nuevo siglo buscando asentar su vocación cultural, empresarial, tecnológica, investigadora, cosmopolita con la que esperaba llevar su marca como capital de la Costa del Sol mucho más allá. Málaga ha dado un vuelco y este medio de comunicación lo ha contado. Día tras día. Sin descanso, ha sido testigo de cómo la provincia ganaba en versatilidad. Porque La Opinión de Málaga nacía con la idea de ofrecer otra visión, renovada y ambiciosa, y de acompañar a los agentes sociales y económicos, a los malagueños y malagueñas que estaban protagonizando este empuje. Y se ha erigido en potente altavoz de las reivindicaciones que se han convertido en realidad a lo largo de estos últimos 25 años: la llegada de la alta velocidad, del Metro, de la Ciudad de la Justicia, la tan ansiada unión puerto-ciudad (titular de portada del primer número), la reurbanización del Centro, la reestructuración urbana, las nuevas conectividades... y ahora también de las dificultades para acceder a una vivienda, del encarecimiento de la cesta de la compra que hacen que llegar a fin de mes sea, en muchos casos, una odisea, de la gentrificación del Centro, de la falta de limpieza en muchos barrios o del cada vez más preocupante fenómeno de la turistificación que hace peligrar la gallina de los huevos de oro.

Javier Moll, presidente de Prensa Ibérica, interviene en los Premios Málaga 2022 de La Opinión. / Álex Zea
La transformación de Málaga
¿Qué son, en realidad, 25 años, por muy de repente que parezca que hayan pasado, en la historia de una ciudad milenaria? Muy poco. Pero en este cuarto de siglo Málaga se ha transformado como nunca, cambiando también la vida de sus habitantes. Y todos esos cambios los han podido seguir, titular a titular, con el periódico de Prensa Ibérica, que empezó esta atrevida andadura con la firme convicción de que sus únicos compromisos debían ser defender los intereses generales de la provincia de Málaga; dar voz a todos sus protagonistas independientemente de sus posiciones; apostar por la información de proximidad y por las personas y aportar una mirada propia a la actualidad de Málaga y su provincia. De forma cercana y rigurosa. 25 años reflexionando con espíritu crítico y constructivo sobre los problemas, las fortalezas y debilidades de la capital de la Costa del Sol, contribuyendo a la consolidación de los valores democráticos, reflejando la riqueza de la sociedad civil malagueña e impulsando el avance económico de esta tierra con informaciones y reportajes que han retratado a los verdaderos protagonistas de la provincia. Y siendo creíbles.
Porque la historia de La Opinión en estos 25 años es también la de muchos nombres propios conjurados en la idea de que el periodismo cercano, directo, independiente, veraz y comprometido es el verdadero periodismo. Firmas que han estado presentes en la puesta de largo de las grandes infraestructuras, la llegada del AVE a Málaga, la entrada en servicio del Metro, en la inauguración de los museos que han servido de revulsivo ciudadano y en el nuevo concepto de ciudad destino de turismo cultural, o la red de entornos rurales con espacios como el Caminito de Rey o El Torcal de Antequera. En la celebración de sus tradiciones más arraigadas, con su Semana Santa, con el Festival de Cine o con la Feria, con los avances tecnológicos que la han situado en la cabeza de la innovación científica, en su expansión y crecimiento... desde el PTA a la Universidad.
25 años, casi de repente, proyectando igualmente el peso económico e innovador de las empresas locales, cada vez más internacionales, el buen hacer de sus investigadores, su vanguardia tecnológica y la implicación de su Universidad. Porque Málaga quiere ir siempre más allá. Y en ese empeño, La Opinión la ha acompañado e incluso se ha adelantado para no quedar rezagada ante una sociedad tan activa y con tanta ambición. Una sociedad que aún reclama una mayor apuesta en infraestructuras para no ver coartado su desarrollo y su capacidad de crecimiento. Una sociedad en la que el periódico también ha colaborado para crear las condiciones para atraer inversiones y para facilitar los proyectos empresariales potentes e innovadores, para mejorar sus servicios públicos y desatar todo el potencial de sus gentes.

Sergio Scariolo y Carlos Cabezas, de visita a la redacción de La Opinión de Málaga tras conquistar el oro en el Eurobasket de 2009. / L. O.
La Opinión, con los malagueños
Porque La Opinión ha estado también al lado de los problemas de sus ciudadanos, siendo incómodos para los poderosos, denunciando abusos y desmanes, afeando las disputas partidistas entre las administraciones que lo único que hacen es perjudicar a los malagueños y bloquear importantes proyectos de ciudad y relatando cómo se han ido sentando en el banquillo los que en otro tiempo concentraban riquezas de dudosa procedencia.
En estos 25 años de cita diaria con sus lectores, en los años más retadores económica y socialmente para Málaga, La Opinión se ha curtido como vehículo y referente de comunicación; ha atravesado duras crisis económicas que se ha cobrado muchas víctimas entre los profesionales y los propios medios y se sitúa hoy, con determinación, en una situación de privilegio entre la prensa malagueña. Ahí están los datos de audiencia para atestiguarlo y confirmarlo. Para ello, el diario ha vivido, un aún lo hace porque los cambios son permanentes, un continuo proceso de transformación y adaptación a las exigencias y oportunidades que propician las nuevas tecnologías. El objetivo es atender al carácter multimedia de las noticias mediante una nueva manera de informar a los lectores, que requiere de métodos y rutinas de trabajo diferentes a los utilizados en el periodismo convencional.
No solo ha cambiado los soportes. Antes se utilizaba exclusivamente el papel y ahora la preeminencia es digital, a través de la web y los distintos perfiles en redes sociales, seguidos de forma masiva y actualizados permanentemente. La revolución tecnológica terminó por imponer estas nuevas pautas. Si hacer un periódico es un reto intelectual descomunal y diario, casi un milagro, para contar al lector las últimas 24 horas de la historia del mundo en unas cuantas páginas, el desafío desde hace unos años es aún mayor. Colosal: contar casi al minuto a través de la edición digital de La Opinión de Málaga la actualidad de la provincia.
Pero esta estrategia digital está dando sus frutos y también ha permitido que este medio haya salido a flote. Haciéndolo además en medio de un coyuntura económica con auténticas limitaciones. Porque el periódico, como empresa de comunicación, ha sabido también sobreponerse, como buena parte de la ciudad, a las embestidas de las crisis, hasta a una pandemia en la que el teletrabajo llegó para quedarse, adaptándose a las difíciles exigencias planteadas, sobreviviendo y saliendo adelante con trabajo, esfuerzo, sacrificio y constancia, pero sin olvidar los objetivos y propósitos fundacionales: intentar mantener en todo momento la confianza de los lectores, de aquellos que saben diferenciar entre una buena información, fabricada por profesionales, y aquellas otras que navegan sin contraste y sin marca editorial en el universo de internet. Entre lo verdadero y lo falso. Lo imparcial y lo interesado.

Visita a las obras de los túneles del Metro de Málaga antes de su entrada en funcionamiento. / Arciniega
Nuevos retos informativos
Los nuevos retos informativos exigen inmediatez, pero también capacidad de innovación, diversidad de lenguajes narrativos... Pero esto no significa que el periodista de este tiempo desatienda el derecho irrenunciable que todo ciudadano tiene a una información veraz y rigurosa. A caer en la trivialidad o a simplificar la realidad. Ya no solo con los géneros más clásicos de la profesión, las noticias, los reportajes, las crónicas, las entrevistas, los análisis o artículos de opinión. Ya también con los vídeos, las galerías de fotos, los concursos, las encuestas o las retransmisiones en streaming. Que todo esto permite hacer la web, una plataforma verdaderamente multimedia que multiplica la audiencia y la universaliza. Una media de 120.000 usuarios únicos cada día confían en el producto informativo que se publica en la edición digital de La Opinión de Málaga.

Exposición de portadas de La Opinión den la calle Larios. / Álex Zea
También se han renovado los equipos informáticos, nuevos ordenadores para desarrollar trabajo de los periodistas, de sobremesa y portátiles, para poder desempeñar la labor informativa también in situ, en el lugar donde se produce la noticia. Se ha creado un set de televisión en la redacción y se han adquirido tabletas, trípodes, micrófonos y lámparas, para poder cumplir con las nuevas obligaciones audiovisuales del periódico. Además, los sentidos del periodista ya no solo están pendientes del monitor, o del correo electrónico o del teléfono... También se concentran en el Google Analitycs y otras aplicaciones que miden el nivel de audiencia de cada información publicada en la web de manera casi instantánea.
Cuatro directores desde su fundación
La Opinión de Málaga ha tenido cuatro directores: Joaquín Marín, el fundador y primer capitán del barco; Tomás Mayoral; Juande Mellado y, en la actualidad y desde junio de 2018 José Ramón Mendaza. Con este último, se ha producido un renovado compromiso de futuro con la sociedad malagueña, asentado en el pensamiento de que una sociedad es más libre cuanta más información de calidad recibe. Y más democrática cuantos más medios de comunicación disponga.

Julián Nieto y Chaima Laghrissi, en la redacción. / Álex Zea
También ha cambiado el lugar desde donde se cuentan las noticias. Desde 1999 en la calle Granada, hasta el mes de febrero de 2018, cuando la redacción se trasladó a la calle Salvago, en el mismo corazón el Centro Histórico. Una sede más práctica y moderna, en un edificio histórico y protegido. Un espacio acondicionado y adaptado a su nueva función de redacción, amplia y luminosa, que ha sabido respetar y conjugar yeserías, ventanas y cierros, espacios, aun suprimiendo algunos muros para hacer salas más grandes y diáfanas, y suelos hidráulicos. Todos los departamentos ahora están en la misma planta, haciendo el trabajo y la interrelación de los compañeros mucho más funcional.
Pero todas estas adaptaciones y actualizaciones se han hecho siempre bajo la premisa de que el buen periodismo hace que una sociedad sea más libre, justa y solidaria. Siempre y cuando, efectivamente, ese periodismo se practique con honradez. Más de 9.000 números después de aquel primero del 25 de mayo de 1999, el diario puede sentirse orgulloso de haber podido contribuir con sus informaciones, reportajes, entrevistas, análisis y reflexiones, con sus aciertos y sus errores también, al progreso de Málaga, alertando de sus debilidades, felicitando sus éxitos y contándolo todo, a diario.
Solo así, La Opinión de Málaga entiende su supervivencia. Su razón de ser. Al pie del cañón para contarlo. Tras, de repetente, 25 años.
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