Bienestar animal

"Da paz saber que está en un sitio bonito"

La familia Jurado, tíos junto a sobrinos, es la primera que ha hecho uso del primer cementerio público de animales de España. Esperaban su apertura desde el pasado febrero     

La familia Jurado acude al cementerio de animales para enterrar las cenizas de su perrita Noa en el Jardín del Recuerdo.

La familia Jurado acude al cementerio de animales para enterrar las cenizas de su perrita Noa en el Jardín del Recuerdo. / Álex Zea

Ana I. Montañez

Ana I. Montañez

Una de las muchas frases célebres que Gandhi dejó para la posteridad se la dedicó a la importancia de escudriñar el trato a un animal para averiguar, con poco margen de error, cómo puede llegar a ser la bajeza o la altura moral de una persona anónima o incluso de todo un país.

El pacifista hindú llegó a afirmar que la «grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgada por la forma en la que sus animales son tratados». Una cita que, aunque se ha repetido hasta la saciedad, se sigue evocando cada vez que la sociedad avanza en pro de la defensa de los animales, domésticos o silvestres, así como su reconocimiento como seres vivos con derechos que hay que blindar.

Málaga acaba de poner en marcha el primer cementerio público de animales de España, un servicio que hasta ahora solo ofrecían algunas entidades privadas, y que da la posibilidad a las familias de honrar a sus mascotas al final de su vida, despedirse de ellas y, sobre todo, tener un lugar al que volver para buscar consuelo.

Una ceremonia, la del duelo y la despedida, que hasta ahora en la capital malagueña solo estaba concebida para los humanos y que, con la apertura de este espacio, ubicado en las instalaciones del cementerio San Gabriel (Parcemasa), evoluciona y dignifica el último adiós a ese animal con el que se ha compartido una parte importante de la vida.

La familia Jurado llevaba desde el pasado febrero esperando ese momento, cuando se vio obligada a despedirse de forma repentina de Noa, una caniche de siete años y medio a la que le detectaron una enfermedad autoinmune para la que no había tratamiento.

«Cuando la tuve que dormir, mi intención primeramente era tener las cenizas y haber buscado dónde enterrarla pero me enteré de la apertura del cementerio de animales y me pareció que era la forma perfecta de despedirme de ella», cuenta María José Jurado, la dueña de la perrita, que acudió el pasado martes, acompañada de su hermano José Manuel y sus dos sobrinos Álvaro y Rodrigo, al cementerio de animales, el Parque, para depositar las cenizas en su Jardín del Recuerdo, convirtiéndose así en la primera familia en usar estas instalaciones.

-La familia Jurado, despiden a su mascota Noa, en El Parque, el primer cementerio público de animales de compañía. Este espacio está ubicado en una parcela del Parque Cementerio de Málaga

María José, José Manuel, Álvaro y Rodrigo despidieron a Noa, una caniche de siete años y medio a la que se le diagnosticó una enfermedad autoinmune. Ya descansa en el Jardín del Recuerdo / Álex Zea

«Creo que es un entorno que se necesita en Málaga. Son muchas mascotas y te da cierta tranquilidad y cierta paz saber que está en un sitio bonito», añade.

Como Noa falleció unos meses antes de la inauguración de este camposanto, la familia la incineró en el crematorio Paraíso en Alhaurín de la Torre y desde entonces aguardaba a la puesta en marcha del cementerio para dar sepultura a sus restos.

Llegaron sobre las once de la mañana y tras ser atendidos por el personal del cementerio para reservar el espacio, que mantendrán durante 10 años, acudieron al Jardín del Recuerdo donde, con la ayuda de un operario, enterraron la pequeña caja de madera con los restos de Noa.

Pese a la dureza del momento, María José y sus familiares esbozaban una sonrisa suave, de cierto alivio, tras cuatro meses a la espera. «A ella le encantaba pisar el césped y estar en una zona verde, ajardinada... la verdad es que me gusta». Álvaro y Ricardo decidieron acompañar a su tía porque, aunque no compartían techo con Noa, sí que crecieron con ella en los ratos de juego, de paseo y tambiénd de aprendizaje sobre la responsabilidad que conlleva tener una mascota.

«Ella era chiquita, nosotros también y la hemos tenido durante los primeros años de nuestra vida». «La queríamos mucho, disfrutábamos mucho con ella», confiesan a La Opinión con congoja pero convencidos de que tener un animal implica un compromiso que hay que estar dispuestos a asumir. «Esto es una mentalidad para toda nuestra vida y que seguramente cuando seamos mayores también tengamos».

Por su parte, José Manuel, dueño de un pastor alemán, va más allá y sostiene que «cuando entra una mascota en casa, aparte de una responsabilidad, es un miembro más de la familia» que muchas veces da más de lo que recibe, asegura.

«Entonces, cuando llega su hora, pues darle ese pequeño espacio para ellos de recuerdo, de saber que está ahí y que en un momento dado puedes venir a verlo... es muy buena opción», opina. «En el futuro, cuando llegue el momento, posiblemente siga los mismos pasos que mi hermana».

Cuando las cenizas de Noa quedaron depositadas en el Jardín del Recuerdo, la familia Jurado se dirigió a la compañía San Miguel, la empresa ubicada en las instalaciones de Parcemasa que se encargará de las inscripciones en la piedra natural escogida para el camposanto de mascotas.

Recuedo de su mascota Noa

Las cenizas de Noa. / Álex Zea

Cambio de mentalidad

Para María José es evidente que con el paso de los años ha habido un cambio de mentalidad considerable en la forma en cómo nos despedimos de nuestras mascotas.

Relata que ella misma lo ha vivido con las opciones que se le pusieron sobre la mesa cuando tuvo que despedirse de los otros dos perros que la acompañaron durante etapas anteriores de su vida.

«El primero, la verdad es que fue más doloroso porque lo duermes y se queda allí en el veterinario y no sabes qué ha sido de él», recuerda. «Con el segundo, ya cambió la mentalidad, entonces lo incineré y en su momento cogí una bolita de sal, que son degradables. La eché en el mar y te queda la tranquilidad de que no contamina». Tras el anuncio de la apertura del cementerio de animales, María José lo tuvo claro. «Te permite enterrarlo en un sitio que yo sé que va a estar bien. Y aunque evidentemente sé que no está ella , te reconforta».

El cementerio

El cementerio público de animales de Málaga es un proyecto pionero a nivel nacional ya que hasta ahora estos servicios solo lo ofrecen entidades privadas. De hecho, tuvo que superar una difícil tramitación burocrática que se prolongó durante ocho años desde que el Ayuntamiento de Málaga adquiriese el compromiso de construir este espacio por unanimidad de todas las formaciones políticas.

El servicio se articula principalmente a través de los veterinarios, y aunque está pensado principalmente para perros, gatos y hurones, que es lo que la Ley de Bienestar Animal recoge como especies de compañía, está abierto para mascotas de hasta 200 kilos, que es la capacidad máxima del horno crematorio.

Eso sí, solo se aceptarán animales debidamente identificados, por lo que si un dueño acude, por ejemplo, con un perro sin microchip, el cementerio no podrá hacerse cargo del animal. Al igual que ocurrirá con especies cuya tenencia esté prohibida.

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