Mirando atrás
San Manuel González y su ‘purgatorio’ en Málaga
El historiador malagueño Andrés Camino ganó el premio Málaga de Investigación 2021 por ‘La soledad de Manuel González García’ que cuenta -con información desclasificada del Vaticano- los difíciles años de intrigas, denuncias e insolidaridad que soportó el obispo de Málaga, luego santificado.

Andrés Camino, esta semana en la Agrupación de Cofradías, con su libro sobre el obispo de Málaga y santo. / Álex Zea
Todo fue fruto de la casualidad: «Mientras me traían documentación en el Archivo Vaticano, me voy a la Sala de Índices y veo un índice de la Nunciatura de Madrid; fue ahí cuando me encontré con don Manuel, que además estaba desclasificado», cuenta el doctor en Historia y director de la Revista La Saeta Andrés Camino (Málaga, 1964).
Ese hallazgo casual daría lugar, tras mucho indagar en el Archivo Vaticano -la columna vertebral de la investigación-, así como en los archivos malagueños, a la monografía ‘La soledad de Manuel González García. Una aproximación diferente al hombre, obispo y santo’. El trabajo obtuvo en 2021 el Premio Málaga de Investigación en la categoría de Humanidades y fue publicado, un año después, por la Agrupación de Cofradías.

Manuel González, doctorado en Sagrada Teología. / Misioneras Eucarísticas de Nazaret
Como explica el autor, en esta investigación no ha emitido juicios de valor, «porque no me guío por mi simpatía o antipatía sino como historiador, y son los documentos los que hablan».
Y los documentos hablan de un conflicto duradero y en absoluto encubierto, porque dio lugar a denuncias muy duras al nuncio en España y a titulares en la prensa local, que evidencian que, quien luego fuera elevado a los altares como San Manuel González (Sevilla, 1877-Madrid, 1940), vivió una suerte de purgatorio durante sus 15 años en Málaga, ciudad a la que no regresaría más.
La llegada a Málaga
Como detalla, todo comenzó cuando este sevillano hijo de antequeranos fue nombrado obispo auxiliar de la Diócesis de Málaga: en febrero 1916 arribó a la capital para ayudar al octogenario y enfermo obispo de Málaga, Juan Muñoz Herrera.
Andrés Camino explica que la llegada del obispo auxiliar no fue bien vista por la camarilla del obispo Muñoz Herrera. Menos de un año después, en enero de 1917, el diario ‘La Defensa’ publicó que existía un «desvío u hostilidad de la parte del Cabildo hacia el Sor. Obispo Auxiliar».

Don Manuel, con su hermana María Antonia y una acompañante. / Misioneras Eucarísticas de Nazaret.
Al tiempo, y mientras Manuel González iba ampliando sus atribuciones, se fue agudizando el deterioro de su relación con el obispo Muñoz Herrera, cuyos adeptos llegaron a decir que se había visto obligado a «desterrarse» a su pueblo natal, Antequera y que, pese a ello, el obispo auxiliar no se había acercado «ni una sola vez a saludar al venerable anciano».
Como escribe Andrés Camino, las relaciones entre ambos dignatarios «nunca fueron buenas ni respetuosas», estuvieron llenas «de reproches y acusaciones mutuas» y provocaron «una profunda herida en el estamento catedralicio».
La investigación
El contrariado obispo falleció a finales de 1919 y el 22 de abril de 1920 fue nombrado al frente de la Diócesis de Málaga Manuel González García; pero los roces continuaron. Llegado a este punto -cuenta el historiador-, don Manuel trató de relegar a los críticos y el conflicto llegó a Roma, hasta el punto de que el cardenal secretario de la Santa Congregación Consistorial pidió explicaciones al nuncio en España, Federico Tedeschini, quien, precisamente, por ese tiempo, 1923, recibió una denuncia firmada, entre otros, por dos de los más acérrimos contrincantes del obispo: el arcipreste Andrés Coll y el arcediano Eugenio Marquina.

El obispo Manuel González, con seminaristas y seglares. / Archivo Municipal de Málaga
El nuncio encargó al arzobispo de Granada, Vicente Casanova, que investigara el conflicto y este vio «excesiva exageración» en las quejas expuestas; describió al obispo como «un Hermano piadoso, sencillo» y «trabajador incansable»; pero también, como alguien «franco y sencillo» que «censura con facilidad ante toda clase de personas».
A este respecto, el libro también se detiene en las difíciles relaciones que don Manuel González mantuvo con las hermandades y cofradías, en especial por las verbenas y cruces de mayo para recaudar fondos, algo que censuró; lo que motivó que pidiera incluso la destitución de la junta de gobierno de la Expiración, presidida por don Enrique Navarro, quien le pidió disculpas y fueron aceptadas.
Por eso, aunque el historiador no opina en esta obra, se formula esta pregunta durante el reportaje: «¿Qué tiene este hombre que no gusta? Algo tenía que a la gente no le gustaba».
Mayo del 31
Pudo verse con claridad durante la quema de iglesias y conventos los días 11 al 12 de mayo de 1931: con el Palacio Episcopal atacado e incendiado, el obispo tuvo que marcharse de Málaga sin que nadie le acogiera en la capital. «Ves una fotografía de la Semana Santa del 31, con calle Larios llena, ¿y dónde estaba esta gente el día de la quema?», reflexiona Andrés Camino ante el periodista.

El Palacio Episcopal, asaltado en 1931. / Biblioteca Cánovas-Diputación de Málaga
En realidad, don Manuel González nunca más regresaría a la ciudad de Málaga. Tras pasar por Gibraltar y Ronda recaló en Madrid, hasta que en 1935 renunció a la diócesis. A continuación, sería nombrado obispo de Palencia, su último desempeño, pues fallecería cinco años más tarde.
El historiador cuenta a este diario que el obispo se sintió dolido porque pasaran los años «y el Palacio Episcopal de Málaga siguiera sin rehabilitar, y eso que se están reuniendo las fuerzas vivas de la ciudad, gente importante, para ver si le dan un impulso».
Estas son sólo algunas pinceladas del libro más humano sobre el obispo que hizo posible el Seminario para Málaga, la Congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y quien el 16 de octubre de 2016, en una ceremonia presidida por el papa Francisco en la plaza de San Pedro, fue canonizado.
Para Andrés Camino, esta investigación -adelgazada para poder entrar en las bases del Premio Málaga de Investigación, pues queda mucha documentación por mostrar- evidencia la humanidad del hoy San Manuel González, quien en vida tuvo que enfrentarse a conflictos como cualquier ser humano.
La obra (15 euros), puede adquirirse en la librería Proteo y en la secretaría de la Agrupación de Cofradías.
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