Historias de Málaga

La Escuela de Cristo en Málaga

En 1662, por iniciativa del sacerdote Diego Fajardo y a imitación de la que existía en Madrid, se creó en Málaga la Escuela de Cristo, centrada en practicar la piedad, servir a Dios y enseñar a los niños. Comenzó a funcionar en el Hospital de Santo Tomás, pero también estuvo en el de Santa Ana y en San Felipe Neri

Interior del Hospital de Santo Tomás, durante su rehabilitación en 2014.

Interior del Hospital de Santo Tomás, durante su rehabilitación en 2014. / Gregorio Torres

Antonio Lara Villodres

Antonio Lara Villodres

Una de las muchas instituciones religiosas que se crearon a mediados del siglo XVII en nuestra ciudad fue la Escuela de Cristo.

Fue creada el 29 de septiembre de 1662 por el prebendado de la Catedral de Málaga don Diego Fajardo, de acuerdo con el obispo de Osma y más tarde de Málaga, Fray Alonso de Santo Tomás, y sus ejercicios comenzaron en la iglesia del Hospital de Santo Tomás de Málaga. La Escuela se agregó a la que existía en Madrid y participó en todas las gracias y privilegios que concedió el Papa Alejandro VII a estas congregaciones.

La Congregación de Madrid fue creada por el presbítero siciliano Juan Bautista Ferruzo, administrador general del Hospital de los Italianos. La institución, constituida por sacerdotes y seglares, venía practicando ejercicios piadosos desde 1646.

Pero ciñéndonos a los orígenes en Málaga de esta institución religiosa, posteriormente a la conquista de la ciudad de Málaga, hubo una auténtica fiebre por crear instituciones religiosas y benéficas. Un espíritu de piedad, una competencia digna de loa parecía predecir en estos proyectos de fundaciones que se multiplicaban con la protección de los obispos y el apoyo de la ciudad.

Fachada exterior del Hospital de Santo Tomás, en la calle Santa María. | ÁLEX ZEA

Fachada exterior del Hospital de Santo Tomás, en la calle Santa María. | ÁLEX ZEA / Antonio Lara villodres

En estas fundaciones piadosas influyeron bastante, para desanimarlas o minimizarlas, las terribles epidemias padecidas en los siglos XVI y XVII, que ya causaban millares de víctimas, o alejaban de nuestro suelo infinidad de familias; hasta el punto de que en algunas ocasiones se buscasen medios y se dieran alicientes para que nuevos vecinos repoblasen a Málaga, contrarrestando aquellos dolorosos efectos.

Siendo obispo de la diócesis de Málaga don Antonio de Piñahermosa, ocupaba una de las prebendas de este cabildo catedral un sacerdote llamado Diego Fajardo, gran amigo del prior de Santo Domingo, fray Alonso de Santo Tomás, y emparentado con una de las más poderosas familias aristocrática malagueñas.

Habiendo éste estudiado con detenimiento la Escuela de Cristo instalada en la Corte, pensó que Málaga no podía privarse de esta cristiana institución que reunía las condiciones de practicar la piedad, servir a Dios y enseñar a los niños.

Cuando su ya citado amigo fray Alonso de Santo Tomás fue elegido a propuesta de Felipe IV para el obispado de Osma, el señor Fajardo le consultó su idea, que el antiguo prior de Santo Domingo aprobó sin vacilaciones, alentándole a que no quedara en simple proyecto.

Traslado de la Sangre desde la iglesia de San Felipe Neri, al fondo, en 2019. | ARCINIEGA

Traslado de la Sangre desde la iglesia de San Felipe Neri, al fondo, en 2019. | ARCINIEGA / Antonio Lara villodres

Fajardo, hombre muy activo, mantuvo conversaciones con los patronos e inició los primeros trabajos preliminares. Al poco tiempo la Escuela se instaló en el conocido Hospital de santo Tomás, situado frente al Sagrario de la Catedral de Málaga. La inauguración fue el día 29 de septiembre de 1662, día de santo Tomás Apóstol.

Posteriormente, y como se indicó, la institución logró unirse a la de la villa y Corte de Madrid y así pudo recibir todas las prebendas dictadas por el Papa por su Bula ‘Ad Pastoralis fastigium’, de 10 de abril de 1665 y del Jubileo plenario concedido por el mismo pontífice en otra Bula de 6 de julio de ese año. Este documento lo confirmó el Papa Clemente IX en 1669.

Cuatro días de gracias

Como en el breve Alejandrino se daba facultad a esta Escuela para que pudiese elegir, a su voluntad, cuatro días cada año para poder disfrutar de excepcionales gracias; cuando ya fray Alonso vino como prelado a Málaga, dictó un auto con fecha 7 de diciembre de 1670, fijando para esos fines, según nos dejó indicado Medina Conde en sus Conversaciones Malagueñas, el jueves del Santísimo Corpus Christi y si este no pudiera ser, indicaba a su vez el domingo infra octavo, el día de San Agustín y los dos primeros domingos de enero y febrero de cada año.

Con gran entusiasmo inició esta nueva andadura la noble institución, pero debido a algunos inconvenientes e incidencias de orden económica y administrativa en el Hospital de Santo Tomás, los individuos que la integraban se instalaron en el Hospital de San Ana, o ‘de las Bubas’ situado en la plaza de la Merced y junto a la puerta de Granada.

La iglesia subterránea de la Escuela de Cristo, en San Felipe Neri.

La iglesia subterránea de la Escuela de Cristo, en San Felipe Neri. / Antonio Lara Villodres

Tampoco allí debieron estar satisfechos, quizás por la estrechez del local u otros problemas que desconocemos, el caso es que en octubre de 1695, la institución religiosa solicitó trasladarse para la práctica de sus fines al recién inaugurado Hospital de San Julián, obra del prebendado García Garcés, creador de la institución de la Santa Caridad en Málaga.

Se ignora el fundamento que tuvo aquella hermandad, compuesta de 72 integrantes, para no acceder a los deseos de los protectores de la Escuela de Cristo, el caso fue que el día 9 de noviembre del mismo año, se le denegó la solicitud.

Esta institución a finales del XVII entró en declive hasta casi desaparecer, pero sin embargo a inicios del siglo siguiente el conde de Buenavista, conocedor de la grave crisis por la que pasaba, la patrocinó, y elevó a la altura merecida.

Para ello compró unas casas en la calle Parras y la plaza de Canteros, (conocida por este nombre en aquella época) situadas frente a la actual iglesia, advocación de San Felipe, que posteriormente mandó construir el conde a su cargo; al igual que la casa que el 6 de diciembre se construyó con licencia del cabildo de 1719 y que estaría a nombre de la Escuela de Cristo.

El oratorio

El conde de Buenavista pasó a construir a la Escuela su oratorio, en el subterráneo de la capilla aneja a la casa que poseía en la calle Gaona. El 3 de julio de 1739, en presencia del propio conde, Antonio Tomás Guerrero y de los apoderados de la Escuela de Cristo Francisco Díez Cruzat y Francisco Herrera, tomaron posesión del habitáculo consistente en una sacristía y un pequeño panteón para la comunidad.

Armas del Condado de Buenavista.

Armas del Condado de Buenavista. / Antonio Lara villodres

Las vicisitudes y desventuras de la Escuela de Cristo y la Congregación filipense estuvieron unidas prácticamente desde su creación hasta su desaparición.

La epidemia de la fiebre amarilla de principios del XIX desató una fuerte mortandad entre los hermanos, con el consiguiente perjuicio en los ejercicios religiosos; sin embargo, poco después, se reanudaron con la participación y ayuda de algunos eclesiásticos.

Sin embargo, pocas décadas más tarde, muerto Fernando VII, el renacer de las ideas liberales y los decretos de incautación de las leyes desamortizadoras de las primeras décadas del XIX dieron pie casi a su desaparición. A mediados del siglo XX, sí podemos hablar ya de extinción de aquella antigua hermandad de la que fue uno de sus más conocidos integrantes San Antonio María Claret.