Crónicas de la ciudad

Aparquen sus escombros en San Julián

Este barrio de Málaga sigue siendo uno de los pocos rincones de Europa donde los vándalos a motor ‘aparcan’, a diario y en línea, decenas de escombros en varias calles sin problemas. 

Escombros ‘aparcados’ en la avenida de Manuel Castillo, en San Julián, el pasado martes.

Escombros ‘aparcados’ en la avenida de Manuel Castillo, en San Julián, el pasado martes. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Los norteamericanos innovaron en su día con la llegada de los cines pensados para los conductores, y la recogida de comida rápida sin soltar el volante. 

En Málaga, tierra de la innovación, vamos un paso más allá y prácticamente hemos patentado lo nunca visto: el aparcamiento de escombros. 

Lo fácil es proyectar en una gran pantalla ‘El diablo sobre ruedas’ y que acudan los automóviles. Lo verdaderamente único es contar, en una ciudad mediterránea y europea, con varias calles en las que los escombros se aparcan en línea y pronto lo harán en batería. 

Escombros en línea en la calle Teresa Carreño, en San Julián, este martes.

Escombros en línea en la calle Teresa Carreño, en San Julián, este martes. / A.V.

Se trata, eso sí, de una ‘innovación’ que provoca problemas de imagen, amén que de higiene, en especial al barrio que acoge esta experiencia en absoluto piloto, pues lleva varios años funcionando como un reloj.  

El barrio en cuestión es San Julián y este diario, bromas aparte, ya dio cuenta de este problemón el pasado mes de mayo, fruto del descontrol en este rincón de Málaga, aprovechado por los vándalos.

Cierto es, que nuestro Ayuntamiento limpia el desastre de forma cíclica, pero la frecuencia de la retirada no es su fuerte y, por lo que parece, tampoco las multas ejemplares o la presencia disuasoria de agentes de policía.

El caso es que, a los pocos días de una limpieza municipal, los herederos por derecho de los vándalos, los suevos y los alanos, campan a sus anchas por San Julián en cómodos camiones y furgonetas, dispuestos a demostrar que, a borricos, ni el famoso Platero les gana. 

Muebles en la avenida Manuel Castillo, en San Julián, el martes.

Muebles en la avenida Manuel Castillo, en San Julián, el martes. / A.V.

Como ya contó este periódico, los salvajes con carné de conducir -es un suponer-, reparten sus dones por la calle Teresa Carreño y la avenida de Manuel Castillo. A fin de cuentas, están a un tiro de piedra de centros comerciales como Bricomart y lo fácil para ellos es descargar las sobras y comprar material nuevo que, próximamente, volverán a descargar. La pescadilla vándala que se muerde la cola. 

En el paseo esta semana de esta sección había una presencia notable de sanitarios destrozados y restos de haber hecho obras en general en el cuarto de baño; pero no faltaban bolsas de escombros, colchones destrozados y un surtido bastante variado de muebles. 

En ocasiones, como lo espurreado no cabe en el aparcamiento ‘asignado’, el hotentote de turno -como diría el capitán Haddock-, opta por soltar el resto en las aceras, que así quedan bloqueadas. Innovando que es gerundio, y es lo nuestro. 

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