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Crónicas de la ciudad

Una experiencia al borde de la muerte en el Cementerio de San Miguel

El dramaturgo, fotógrafo y antiguo profesor Eduardo Nieto cuenta el accidente que tuvo, hace casi 20 años, en el Cementerio de San Miguel, mientras trabajaba como reportero gráfico. La paradoja es que la vida se la salvaron los muertos.

Eduardo Nieto, esta semana,  junto al lugar en el que casi pierde la vida en 2005.

Eduardo Nieto, esta semana, junto al lugar en el que casi pierde la vida en 2005. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

La expresión «estoy vivo de milagro» deja de ser una frase hecha y se convierte en una constatación, cuando Eduardo Nieto cuenta lo que le sucedió en el Cementerio de San Miguel, en el año 2005. 

Este conocido hombre del teatro en Málaga, veterano fotógrafo y, en sus tiempos mozos, un imaginativo profesor de Primaria a quien sus alumnos todavía recuerdan con cariño, respira con alivio cuando pisa este precioso camposanto, en el que casi estuvo a punto de ‘descansar’ mucho antes de cualquier previsión.

Como recuerda, hace 19 años recibió el encargo de la Cofradía de la Paloma de inmortalizar con su cámara una ofrenda a los hermanos difuntos. La cita fue en el panteón de la cofradía del Miércoles Santo; que se encuentra en la segunda mitad del camposanto, tras la capilla. 

Al pie del panteón, cuenta Eduardo, «había una trampilla subterránea de las que tienes que levantar la compuerta».

La trampilla daba paso a una sucesión de escalones, que dejaban constancia de la profundidad de la parte subterránea: casi 7 metros. «Entré primero, porque pensé que había que sacar a los hermanos bajando las escaleras, con el centro de flores en la mano», detalla.

Así que, como no había otra, comenzó a bajar; pero los primeros peldaños eran «dos o tres escalones de hierro, agarrados con unas garras a la pared»; el resto eran de ladrillo. 

El problema es que la estructura de hierro, de tanto tiempo en ese sitio oscuro y lóbrego, «se fue pudriendo». Lo pudo constatar cuando, al pisar esos dos, tres peldaños, «aquello se despeñó»

La parte sutbterránea del panteón tiene casi 7 metros de profundidad.

La parte sutbterránea del panteón tiene casi 7 metros de profundidad. / A.V.

Golpe y caída

Antes de caerse con todo el equipo, tuvo tiempo para chocarse con una lápida que había en la pared de enfrente, de la que todavía conserva una cicatriz en la frente. De ahí, cayó al suelo «a 6,90 metros de profundidad y eso es muerte segura; tienes todas las papeletas para irte», remarca. 

Sin embargo, Eduardo, que sólo se rompió la muñeca, cuenta que se salvó «gracias a los muertos»: «Caí sobre un lecho arenoso formado por huesos descalcificados de una fosa común». 

Ese inesperado colchón, creado por años y años de restos que se depositaban a través de un tragaluz, le salvó la vida. Un hermano de la Paloma consiguió sacarlo al exterior. 

Eduardo Nieto, que sólo tuvo que ser operado de la muñeca, vuelve esta semana al lugar de los hechos y da las gracias por estos casi 20 años de ‘propina’ que, de momento, le ha regalado la vida.

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