Cultura
Réquiem: la Pasión de Casarabonela llega al Cementerio de San Miguel
Por tercer año consecutivo La Pasión de Casarabonela presenta ‘Réquiem’ junto al malagueño grupo vocal Lumen Laudis, en el cementerio de San Miguel. Una reflexión sobre la vida y la muerte que se representa este viernes en el panteón de una de las familias más importantes en la historia reciente de la ciudad: Los Heredia

Curro Granados

La muerte es una cuestión de la vida. Nos iguala a todos. Nacemos tomando una bocanada de aire y morimos exhalando el último y definitorio aliento. El ser humano desde el principio de los tiempos se ha sentido atraído por el desconocido lado opuesto a la vida. Ritos, honores, rememoraciones, evocaciones, conjeturas, hipótesis e incluso algún estudio, sin conclusión probatoria, ha servido históricamente para explicarnos y convencernos de que la muerte no es el fin, sino un cambio de estado del plano terrenal a otro al que han llamado de mil maneras. Algo inevitable que nos perturba siempre. Ni qué decir los médiums o espiritistas que aseguran que pueden ser el puente entre el ser orgánico y el espiritual.
Lo cierto es que este mes de Todos los Santos se inicia rememorando a los muertos, a nuestros muertos. Las formas son diversas según las religiones e incluso el lugar del planeta donde se evoca a los que vivieron con nosotros. Ahora bien, son los zombies, los esqueletos, las brujas o vampiros los que mandan sobre nuestras casi extintas tradiciones. Es mortal cómo otras culturas sepultan nuestras costumbres que ya casi agonizan asesinadas por las visuales catrinas o los Halloween.
Poco o nada quedan de aquellos toques de campana a muertos que comenzaban en la madrugada del día de Los Santos y sucumbían hasta el último segundo de vida de la jornada de difuntos. Eran principalmente los adolescentes quienes se reunían en el campanario de las parroquias para hacer sonar las campanas que nos llevaban a los recuerdos de los vivos sobre los muertos. Castañas asadas, historias de terror, leyendas clásicas y algún que otro susto, a propósito, hacían que estos chavales no se durmiesen en una noche especialmente mágica. Nunca terrorífica.
En décadas anteriores en los hogares las llamadas ‘mariposas’ que flotaban en un plato o cuenco de aceite ya usado representaban a los familiares que pasaron al ‘otro lado’ de la vida. Se encendían una mariposa por cada difunto. El cementerio impecable. Días antes los nichos, tumbas y panteones -los menos, pues estos pertenecían a las familias más pudientes-, eran limpiados a propósito y las calles del camposanto agradaban con sus aromas a flores de difuntos.
¿Se imagina usted frente a frente a la muerte, posiblemente a la suya, en una conversación que le lleve a valorar su vida y lo antagónico?
La muerte para amar la vida
«Contemplar la muerte no es cómodo ni agradable. Pero enfrentarnos a la ausencia, a todas las ausencias, nos convirtió un día en humanos. La vida se construye también desde su negación. Puede ser prácticamente una anécdota si no entendemos realmente su papel», explica Pedro Olalla, director de Réquiem.
El también director de La Pasión de Casarabonela me conduce a través de las calles del cementerio de San Miguel, de Málaga. «Nada seremos si nada conservamos. Que esté aún en pie es un milagro». No hay frase en nuestra conversación que no contenga una pensamiento, un examen del lugar relacionado con el tema que nos lleva al camposanto.
Rememora que su abuela vivió en una casa muy cerca de la necrópolis. «De pequeño correteaba por el cementerio y especialmente por el panteón de los Heredia». Detenidos en este mausoleo explica que en él se representa el Réquiem, añadiendo otro recuerdo más, cuando de niño se bañaba en la alberca circular cercana a este mausoleo.
No es solo una misa de difuntos, ni un auto sacramental, ni un concierto… «El Réquiem es el portal de entrada a otro pensamiento. Una herencia sonora que depositamos como un documento en nuestro archivo mental. Nada seremos si nada conservamos. La esperanza puede llegar también desde la oscuridad. El Réquiem confronta nuestra propia fragilidad desde el panteón de los Heredia. Desde ese hermoso planetario del más allá ojeamos nuestra historia. Su impulso nos vincula con lo que un día fuimos», afirma.

Réquiem / JORGE SERRA
Es complejo hablar de la muerte. Es difícil que algo tan impactante como el perder a un ser querido pueda llegar a convertirse en algo artístico. «Frente a la muerte, la épica. Frente al llanto, el canto. Y la posibilidad de un impacto escénico más cerca del corazón que del cerebro. A veces es necesario dejarnos llevar por un dolor cuya batería la carga el mismo deseo de vivir. Un majestuoso cementerio es el escenario de este monumental viaje a la vida. Una relación de amor con la memoria», afirma Olalla.
Escenario monumental
Seguimos a la espalda de la capilla de San Miguel, en el cenotafio 164 sito en la calle de San Rafael. Un mausoleo que fue acabado en 1882 y del que destaca el grupo escultórico de la tumba de Manuel A. Heredia, realizado por el escultor de Napoleón, Lorenzo Bartolini. El ángel tallado en mármol blanco, que se sitúa en una de las tumbas, entre la verja y el propio monumento fúnebre, parece que también se interesa por las palabras de Olalla. Me parece que en algunas ocasiones gira la cabeza y nos mira con curiosidad.
En este viejo cementerio, joya de nuestra ciudad, y en el mismo lugar en el que estamos detenidos, se celebrará el próximo viernes 8 de noviembre un impresionante Réquiem que aúna la dramaturgia de La Pasión de Casarabonela con la excelencia del coro sacro -especializado en músicas del renacimiento y el barroco-, Lumen Laudis, que interpretará íntegramente la famosa Misa de Difuntos de Cristóbal de Morales, una de las obras maestras de este maestro de capilla de la Catedral de Málaga, que falleció en nuestra ciudad en 1553.
¿Qué es el Réquiem, que trae a este mágico espacio? «El Réquiem pone voz a los ausentes, a todos los desaparecidos. Es un catálogo razonado de voces y cantos para entender la muerte como una consecuencia de la vida. El Réquiem es una experiencia sonora y un hallazgo visual cargado de una rara belleza», explica Pedro Olalla.
Sin escenario, casi sin atrezo, más que los propios elementos decorativos de la misma edificación, jugando con la luz natural del atardecer, la propia desnudez y belleza de las voces de Lumen Laudis, la gestualidad de los actores, con atuendos sencillos, como la muerte, todo el conjunto se eleva sobre la escena para impactar en la psique de los vivos. El mensaje siempre fue y es el eje fundamental en todo lo que crea Pedro Olalla. En los textos no hay palabras vanas de contenido sino todo lo contrario. La verja del mausoleo separa a los vivos de los muertos, de nuevo y como es habitual, en La Pasión de Casarabonela, se usan elementos naturales de manera simbólica.

REQUIEM CARTEL / Jorge Serra
En este mundo de muertes, en el que descansan no solo los cuerpos sino las vivencias, experiencias, sentimientos, deseos, con toda la carga emocional y de respecto que supone este lugar, ¿viene a hablar de la vida?
«Totalmente. Arrastramos un impulso al que llamaremos sueño como parte de nuestra propia experiencia mortal. En un cementerio la sangre siempre bombea con más fuerza. En estas sepulturas descansa nuestro pasado. Aquí se escribió una historia. Y se tejió la densa tela de araña de un relato existencial. Un paraíso subjetivo. Un paisaje escultórico que hunde sus raíces en los orígenes de la emoción. Atrapemos el milagro que tenemos aquí. Su acento de verdad. Y que aquella antigua energía perviva para siempre en el futuro».
Olalla se muestra orgulloso por el conjunto monumental del cementerio de San Miguel Arcángel, bendecido el 1 de julio de 1810 bajo la advocación del «principie de los espíritus celestiales», por el provisor y vicario general del Obispado, Feliciano Molina, y que tiene calles cuyos nombres evocan a personajes de La Pasión como ‘Cristo’, ‘Magdalena’ o ‘Verónica’. Un camposanto considerado como uno de los principales cementerios monumentales, uno de los pocos ejemplos de la arquitectura decimonónica que se ha mantenido casi intacto, sin alteraciones relevantes, en el que las grandes familias de la burguesía del siglo XIX, construyeron importantes panteones diseñados y ejecutados por relevantes diseñadores y arquitectos de la época.
Una alhaja de estilo neoclásico que dirige Jorge Serra Castañeda «y que es y ha sido junto a su equipo parte fundamental para que nuestro proyecto sea una realidad y se pueda llevar a cabo», destaca el director de Réquiem.
Cristóbal de Morales
Este Réquiem está basado en los textos de La Pasión de Casarabonela simbolizado en una madre que llora la pérdida de su hijo «lo busca, no lo encuentra, pero lo siente», con música del coro sacro Lumen Laudis que interpreta íntegramente el Réquiem de Cristóbal de Morales, cuya partitura original se conserva en la Catedral de Málaga.
De Morales fue sacerdote, compositor y maestro de capilla principal representante de la escuela polifonista de Andalucía. Cantor pontificio entre 1535 a 1545 y compositor en Roma. Entre 1551 y hasta su muerte en Málaga en 1553 ejerció como maestro de la capilla de la Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación.
La obra se inicia con la caída de la tarde. El día comienza a agonizar y la luz del ocaso es la que determina el comienzo del Réquiem. Cuando esta luz solar deja de estar presente en el camposanto es sustituida por la iluminación del fuego en una escena con alto simbolismo. No hay cables, luces artificiales, micrófonos o altavoces. Se presenta al espectador desde el plano natural y directo.
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