Memorias de Málaga
Carranque: un barrio con cine propio y un obispo de vecino
La barriada de Carranque se diseñó como un pueblo con todos los servicios, incluido su cine, inaugurado en diciembre de 1959 y que concluyó su actividad en 1981. Por cierto que del barrio fue también vecino el obispo

Paroquia de San José Obrero en la plaza de Pío XII de Carranque.jpg / Arciniega
El cine Carranque estaba, como es natural, en la barriada del mismo nombre; bueno, cuando se construyó, la denominación era Barriada del Generalísimo. Después, y ahora, conserva el nombre de la finca en la que se construyó la barriada: Carranque. Dejando a un lado cómo denominan los arquitectos y urbanistas el complejo Carranque, recurro a lo más fácil de entender: Carranque es un pueblo dentro de una ciudad, Málaga.
Los diseñadores, cuyos nombres ignoro -fue una promoción pública, no del Ayuntamiento de Málaga- planificaron la barriada como un pueblo, con todos los servicios y una gran plaza en el centro, la plaza de Pío XII, en la que sobresaliera la iglesia parroquial, San José Obrero. Un gran jardín, un Colegio Menor (Mediterráneo se denominaba), edificios de dos o tres plantas con bajos para comercios y establecimientos públicos, y una serie de calles alineadas con construcciones diversas, incluidas viviendas unifamiliares dotadas con pequeño jardín y patio interior. Para completar las instalaciones y servicios imprescindibles para que sus habitantes no tuvieran que abandonar ‘el pueblo’ para cubrir sus necesidades, se construyó un mercado de abastos y un cine, establecimiento al que se le dio el nombre de barriada, Teatro Cine Carranque, ubicado en la misma plaza central.
Como complemento se construyó enfrente un Polideportivo que atendía a los pobladores y residentes en sectores cercanos. La superficie de estas instalaciones dotadas de pistas de atletismo, pabellones para el baloncesto y balonmano, piscina, graderías para el público… se acercaba a los 60.000 metros cuadrados. Ahora tiene el nombre de Ciudad Deportiva Carranque Javier Imbroda. Aunque fue una obra pública, uno de los artífices del proyecto fue don Ángel Herrera Oria, obispo de la diócesis. Su influencia está presente no solo en el nombre de la plaza -Pío XII-, y en la magnitud de la iglesia parroquial, sino en la denominación de las calles, todas rotuladas con nombres de advocaciones de la Virgen. Pero el objeto del capítulo de hoy no es Carranque, sino el cine que se construyó en la gran plaza, con el nombre de Carranque, claro.
Inauguración
La barriada se construyó entre los años 1955 y 1958, y el cine se inauguró el 15 de diciembre de 1959 con un programa doble, ‘Calabuch’ y ‘Retaguardia’. ‘Calabuch’ fue una de las películas más deliciosas de Luis García Berlanga, que contó con un trabajo excepcional del actor Edmund Gwenn en el rol de un profesor norteamericano que se refugia en un rincón de España para rebelarse de la creencia de la bondad y beneficios de la energía atómica.
Valentine Cortese, Juan Calvo, Félix Fernández y otros actores españoles formaban parte del reparto. La otra película, ‘Retaguardia’, interpretada por Guy Madison y James Whitmore, pertenecía al bloque de películas bélicas. El cine Carranque también era teatro, y tenía una capacidad reducida: menos de seiscientas localidades.
Reestrenos y estrenos
Como cine de barriada, el horario era el habitual de 5 de la tarde a 1 de la madrugada y programas dobles. Las cintas que proyectaba eran de segunda o tercera visión, las que ya habían sido estrenadas en las salas del Centro. Como en los primeros años de funcionamiento no estrenó ninguna película, y si se produjo alguno se me escapó, no llegué a conocer el nuevo cinematógrafo.
Quien me puede sacar del error es nada menos que Juan Antonio Vigar, el director del Festival de Cine en Español. En algunas entrevistas comentó que su afición al cine tuvo su origen en el cine Carranque. Es que nació en el «enclave» de Málaga, por utilizar el término que se aplica al de Triviño en la comarca de Burgos o Comunidad Autónoma de Castilla y León.

Fachada del antiguo Teatro Cine Carranque, en la plaza de Pío XII / Gregorio Marrero
En 1976 y siguientes, el mercado cinematográfico experimentó una espectacular oferta de películas de todas las procedencias. A las películas de la serie B -las da bajo coste y alquiler barato- se unieron, por decirlo de la manera más clara, las de «cuatro perras gordas» y nulo valor, cintas variopintas cuyos títulos revelan su contenido. Tal fue la avalancha de películas de la serie C, que los cines de barrio y barriadas de Málaga, incluidos los de verano, estrenaron película tras película hasta el punto de que el modesto cine Carranque estrenó entre 1976 y 1981, año en que cerró sus puertas para siempre, ¡39 películas!
Puedo detallar año por año y mes por mes los títulos de todas las películas, pero para no aburrir al lector me limitaré a mencionar algunos que dan idea de su contenido y, en algunos casos, de su oportunismo. De las 5 de 1976 menciono ‘Los jaguares contra el invasor misterioso’; de las 17 de 1977, ‘El niño que lloraba al hombre lobo’, ‘La saga de las Dráculas’ y ‘Espérame en Siberia, amor mío’; de las 3 de 1978 ‘Alfileres de oro’; en 1979 (9 películas), ‘La venganza de las mujeres vampiro’, ‘Ligeramente viudas’ y ‘El invencible dragón chino’; en 1980, ‘Las chicas del Pom-Pom’ y ‘Los places de la noche’.
En 1981 -desconozco el día exacto-, el cine Carranque, como tal cine, cerró su actividad y el local sirvió para mítines y otros actos públicos. Los dos últimos estrenos fueron dos matinales, el primero el 11 de enero con la película ‘Vacaciones en Nueva York’, y el segundo y último, ‘Vuelve Tarzán de los monos’, el 2 de febrero, estreno compartido con los cines Lope de Vega y Monumental.
Un vecino excepcional
Entre los residentes o vecinos de Carranque hubo uno muy especial, poco común por su rango. Me refiero a don Ramón Buxarrais Ventura, obispo de la diócesis, quien al asumir la responsabilidad de presidir la sede de Málaga tomó una decisión inesperada o nueva: renunciar a residir en el Palacio Episcopal.
Desde su toma de posesión quiso integrarse en la ciudad de una manera muy peculiar. El Palacio, para el trato diario con los párrocos y relaciones inherentes a su representación; para vivir, un lugar modesto, ningún lujo. Eligió la parroquia de San José Obrero en la plaza de Carranque, que disponía de una vivienda para el párroco lo suficientemente amplia como para dos personas. Residentes y vecinos de Carranque tenían conocimiento de la decisión de don Ramón de vivir en la zona porque le veían entrar y salir e incluso utilizar el transporte público, porque no usaba el vehículo oficial.
Me contaron que a veces se desplazaba al centro de la ciudad en el coche de algún vecino que descubría su presencia en la calle o en la parada del autobús… y, no lo pudo confirmar, en cierta ocasión se subió a un vehículo de Pompas Fúnebres para este menester. Aunque en otra ocasión volveré a rememorar algunos encuentros con don Ramón Buxarrais, en su deseo de conocer la vida y costumbres de los malagueños de la clase media, expresó que le gustaría comer un día en la casa de un malagueño, con su mujer e hijos, para así conocer mejor su vida y costumbres. No recuerdo cómo fue, pero el elegido o sugerido amo de casa con hijos era un vecino de la misma plaza Pío XII, frente a la parroquia: José María Guadamuro, quien pertenecía a la plantilla de trabajadores de Radio Nacional de España. Cuando él le anuncio a Alicia, su mujer, que el obispo iba a cenar en su casa con sus hijos, se echó a temblar. La convenció… y varios días después, el obispo rodeado del matrimonio y sus cinco o seis hijos, cenó como uno más y experimentó algo nuevo, cómo era compartir una cena con una familia cualquiera, charlar de todo, de lo que hacían los niños…
Carranque tuvo un cine y un obispo como vecino.
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