Mercadillos
Los mercadillos de Málaga se reinventan para no morir: "Hacemos pedidos por Whatsapp"
Los jóvenes viven en la rapidez de internet y los mayores siguen apostando por la compra tradicional porque existe una brecha digital

Jazmine García
Ir a comprar se convierte en una experiencia distinta cuando, en lugar de dirigirte a un gran comercio, te desvías y acabas en el mercadillo de tu barrio. Es otro mundo.
En vez de paredes sin ventanas que te hacen perder la noción del tiempo, aquí hay aire fresco y luz natural. En lugar de precios fijos e inamovibles, existe el arte del regateo, ese tira y afloja con el vendedor que convierte cada compra en un duelo. Y en vez de una conversación fugaz de "hola" y "adiós", se crea un vínculo, una fidelidad, un "¿qué tal los estudios de tus hijos?", que hace del mercadillo algo más que un simple lugar de intercambio: un espacio de comunidad.
La ciudad de Málaga posee 16 mercadillos repartidos por varios distritos. Pero, en la provincia de Málaga al completo existen más de 100. Ningún barrio ni municipio deja fuera este tipo de compra y venta.
Uno de los mercadillos más destacados es el de la avenida de Europa situado en el barrio de Huelin, es un referente del comercio tradicional en la ciudad. Con 167 puestos los miércoles y 170 los sábados ofrece una amplia variedad de productos que van desde frutas y verduras hasta ropa, calzado y artículos para el hogar. Su horario es de 9.00 a 14.00 horas, siendo los sábados los días de mayor afluencia.
La experiencia de venir al mercado: encuentras de todo
"¿Cómo están los precios hoy?", "Me hace falta una correa", "Ahí no voy que me dieron gato por liebre", "Aquí estoy comprando unas cucharillas que no sé qué pasa que se tiran las cosas a la basura y las cucharas van detrás", "—Buenos días, Fernando, ¿qué tal estás?—" "—Aquí haciendo como el que trabaja—".
Estas son las conversaciones que se dejan escuchar cuando paseas por las largas calles llenas de puestecillos. Esta humanidad, simplicidad y nostalgia es la que desprende cada persona que compra o vende en este lugar. "La gente busca lo bueno, bonito y barato", explica Diego desde su puesto de ropa.
Cada persona viene buscando algo distinto: Petri hoy ha comprado frutas y viene al mercado por costumbre, porque le pilla al lado de casa y ella prefiere comprar aquí que en otro establecimiento. Sandra Martín lleva entre sus manos unos 'leggins' y afirma que acude al mercadillo cada miércoles y sábado porque en otros establecimientos no hay tallas grandes a un precio asequible.
Marta y Paula, dos de las más jóvenes del mercadillo, cuentan que vienen a dar un paseo y mirar si les gusta algo de bisutería o algún bolso, "aquí en el mercadillo existen productos distintos a los que todos estamos acostumbrados de ver en las tiendas físicas", añaden.
José Luis González lleva fruta y aceitunas en sus bolsas y explica que, aunque no suele venir porque le pilla bastante lejos, hay muchos productos interesantes y a buen precio.
"La gente sigue viniendo porque tenemos precios atractivos, tú no vas a encontrar un pantalón de chándal con cremallera a 5 euros en ningún lado, no existe, entonces la gente le llama la atención", explica 'El chico', un vendedor que lleva más de 50 años con su puesto de ropa. "Trabajamos a poco margen de beneficio pero vendemos a cantidades y así vamos defendiendo y sobreviviendo como podemos", argumenta.

Clientes haciendo su compra en el Mercadillo de Huelin / Jazmine García

Uno de los puestos del mercadillo de la avenida de Europa. / Jazmine García
Hay que reinventarse para no morir
Para sobrevivir hay que saber adaptarse. No es fácil porque en la zona de confort se está genial. Pero los años pasan, las nuevas modas llegan y no hay que quedarse atrás. "Ahora las ventas han ido disminuyendo, es lógico, la competencia y las ventas online afectan a los mercadillos", explica Iván un mercader de ropa.
Internet es el presente y futuro de todo, y si no puedes con el enemigo hay que unirse a él. A cargo de un puesto repleto de frutas y verduras, que parecen sacadas del mejor cuadro de bodegones, se encuentra Patricia, una comerciante que lleva junto a su marido más de 30 años dedicando su vida al mercadillo.
Ella ha visto en las redes sociales una oportunidad laboral, mientras otros muchos puestos optan solo por las ventas del boca a boca o por la reputación que han conseguido durante años. “Nosotros estamos incorporando ahora también las ventas por WhatsApp. Hacemos un vídeo, lo mandamos, me hacen los encargos y después vienen cuando puedan y lo recogen, hay que ir renovándose para no morir”, explica entusiasmada Patricia.
El futuro del mercadillo: "Estamos con el agua al cuello"
Todos los comerciantes coinciden en que el futuro se prevé negro y que la situación es más complicada ahora que antes. “Ahora está la cosa más flojita, pero siempre hay temporadas y ahora mismo está la cosa regular”, explica Patricia.
Los vendedores cuentan que la razón de la caída de las ventas se debe a los precios cada vez más competitivos, la subida de los impuestos y en general, al encarecimiento de la vida. "Este es el dinero que lleva mi casa para delante y la cosilla esta más durilla, estamos con el agua al cuello", narra preocupado “El Chico”.
Iván, un comerciante de ropa, afirma que pagan mucho y que el Ayuntamiento de Málaga podría “echarles una mano” con los pagos.
La juventud prefiere las compras rápidas: "Las personas mayores sufren una brecha digital"
“En general el público es mayorcito, es de una edad mayorcita”, explica Patricia en su puesto de verduras. Sandra y Marta narran que las personas jóvenes ya están acostumbradas a la rapidez, a las redes sociales, a comprar por internet, a la comodidad de que te lleven el pedido a casa en cuestión de horas.
“Las personas mayores sufren una brecha digital bastante importante, vienen a comprar aquí por costumbre, porque les gustan ver y tocar el producto, la relación de cercanía, pero es que casi nadie se preocupa de enseñarles que existe también la facilidad de comprar en internet”, afirman las dos jóvenes.
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