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Memorias de Málaga

El último primero de mayo: trabajar menos

Lo que este año se ha pedido no es la mejora del salario sino trabajar menos horas. En el Día del Trabajo los periodistas siempre trabajamos. En una ocasión, hubo que contar a los manifestantes, uno a uno, desde la Tribuna de los Pobres.

Manifestación del Día del Trabajador en Málaga

Manifestación del Día del Trabajador en Málaga / Álex Zea

Guillermo Jiménez Smerdou

Málaga

El ya pasado 1 de mayo, y haciendo honor al sentido de la palabra como es habitual en mi caso, a primeras horas de ese singular Día del Trabajo, sobre las 10 de la mañana, me puse a escribir, en este caso concreto, el reportaje o capítulo de las Memorias de Málaga dedicado al Día del Trabajo.

Todos los ‘1 de mayo’ de los que tengo memoria los he festejado trabajando, pues el famoso Día del Trabajo no es día de descanso o asueto, que suena más poético, para los profesionales de la información, porque tenemos que contar en los medios habituales (prensa, radio, televisión…) lo que hacen ese día los trabajadores.

Mientras descansan, se manifiestan por las calles con pancartas en las que reivindican derechos, mejoras, justicia social y con pitos, bocinazos y otros medios, o se quedan en casita porque les apetece, los «plumillas», como despectivamente se nos calificaba antes, cumplimos con nuestra obligación: trabajar.

Los orígenes de esta conmemoración – Día Internacional del Trabajo –se remontan a la manifestación que mujeres trabajadoras protagonizaron en Chicago el 1 de mayo de 1886, con incidentes muy graves: hubo muertos y heridos entre los manifestantes y la policía, con una violencia inusitada en Haymarket Square. Un año después, 1887, en el mes de noviembre, cuatro anarquistas fueron ahorcados.

Desde aquellos sucesos, la conmemoración del Día del Trabajo se fue extendiendo por muchos países de los cinco continentes.

Rusia, por ejemplo, se incorporó en 1890, o sea, cuatro años después que las mujeres de Chicago dieran su vida por reivindicar lo que se ha dado en llamar Justicia Social, o sea, que no fueron los comunistas los creadores de la Fiesta del Trabajo, sino las mujeres chicagüenses… un movimiento feminista.

Repito: estas líneas las estoy escribiendo el 1 de mayo de 2025, y su publicación es hoy, varias semanas después.

San José Obrero

En la España de Franco, el 1 de mayo tenía otro nombre, no inventado por el Caudillo, sino por Pío XII en 1955. Lo instituyó el Papa con la denominación de «Día de San José Obrero».

Los Primeros de Mayo al uso se empezaron a celebrar en España, Málaga incluida, en la Transición, y como yo estaba en el mundo del periodismo, me tocó la ‘china’ de trabajar todos los años ya que es parte de nuestra tarea, llueva o granice.

Las celebraciones del día mundial de los proletarios, o simplemente trabajadores, en el periodo franquista se conocían con esa denominación neutra o religiosa de San José Obrero, sin aspavientos ni consignas; el nuevo Gobierno lo fulminó y adoptó lo que los sindicatos reclamaban: El Día del Trabajo, de origen chicagüense, como dije anteriormente.

Como era redactor a secas de Radio Nacional de España en Málaga y del diario ‘Ideal’ de Granada en Málaga, los dos medios me eligieron para informar de las incidencias de las manifestaciones…, no el primer año sino todos los que vinieron después. Quien manda, manda.

La plaza de la Constitución

El trayecto de la manifestación tenía los primeros años como meta la plaza de la Constitución, la cual recuperó su nombre después de la etapa anterior en que fue denominada plaza de José Antonio Primo de Rivera.

A la tercera o cuarta vez de cumplir mi misión informativa, intentando dar el número real de asistentes porque los cálculos de los organizadores y de los medios oficiales – la Policía Municipal – no coincidían, con diferencias espectaculares, mi compañero de la redacción de ‘Ideal’ y redactor de Radio Popular Pedro Antúnez y yo nos pusimos de acuerdo para ser nosotros los llamados a fijar el número de manifestantes pasando olímpicamente de los interesados.

El año anterior, en la plaza de la Constitución, la concentración de sindicalistas llenaba el recinto, pero no uno encima de otro.

A uno de esos líderes de un sindicato convocante le pregunté cuántas personas calculaba que había en la plaza. Su respuesta fue contundente: en la plaza había 100.00 personas. No me atreví a discutir su optimista cálculo… pero ¿cien mil personas en la plaza de la Constitución? No cabían ni con calzador, pensé por mi cuenta.

Uno a uno

Al año siguiente, como he apuntado en líneas anteriores, mi compañero Antúnez y yo decidimos contar uno a uno a los manifestantes, algo así como la cuenta de vieja. Optamos por seguir la manifestación desde la atalaya natural de la Tribuna de los Pobres, lugar privilegiado y buscado por los cofrades de Semana Santa para ver pasar las procesiones, y que el ignorado autor de la denominación se apuntó un éxito que ha pasado a la historia de nuestra ciudad.

El final de la calle Carretería para los manifestantes (para todos, el inicio de la histórica vía) era un lugar estratégico para nuestro plan. En ese punto, la manifestación llegaba al cenit de la comitiva. Salió de la plaza de la Merced y en el recorrido se iban incorporando los trabajadores, afiliados o no, a los sindicatos convocantes. Había que festejar la congregación del Primero de Mayo con su presencia, sin necesidad de portar una pancarta, un tambor, un pito de carretilla o la voz pidiendo salarios justos, trato humano y lo que todos reclamamos para nuestra actividad profesional.

Al llegar los líderes presidiendo el acto, Pedro Antúnez empezó a contar, y a una señal con una mano, me pasó el testigo e inicié mi cuenta. Y así durante media hora, que es el tiempo que tardó la comitiva en pasar por la Tribuna de los Pobres.

Nuestra rudimentaria manera de conocer el número de manifestantes dio el resultado apetecido: sumadas las dos listas obtuvimos lo que perseguíamos.

Aquel mismo día en los informativos de Radio Popular y Radio Nacional dimos los datos numéricos del Primero de Mayo de Málaga capital, y al día siguiente en las páginas de nuestros diarios se contrastaron nuestros datos con los oficiales. Como habíamos supuesto no coincidían con los facilitados por la organización y por la Policía Municipal. Las diferencias eran notables. Aproximadamente nuestro trabajo se quedó casi en la mitad justa.

Los datos estarán en los periódicos del 2 de mayo; en los del periódico ‘Ideal’ se podrán comprobar, si es que se conserva la edición de Málaga de aquel año. Como no soy ni licenciado ni doctor en Historia, no voy a seguir investigando para demostrar que lo que acabo de contar es verdad.

Un día después

Hasta el punto final, todo lo redacté el 1 de mayo de 2025, y el día 2 del mismo mes me interesé por el resultado del Primero de Mayo. A los miles de participantes de años pasados, los de 2025 son decepcionantes: en Málaga capital, según los responsables, entre 15.000 y 20.000; según la Subdelegación del Gobierno, 2.100.

Lo que este año se pide no es el mejor salario; la petición al parecer unánime es trabajar menos horas: 37 horas y 30 minutos semanales.

Como estamos en Europa, la petición de nuestros progresistas de Sumar mejora las jornadas laborales de Alemania, Italia, Portugal, Suecia, Suiza… y Rusia, todas con las 40 horas semanales, aparte los convenios o acuerdos entre empresas y trabajadores que rebajan esos límites. El único que nos gana es Francia, que anda por las 35 horas semanales. Las jornadas laborales de China y otros países asiáticos no las conozco.

Solo nos queda esperar un añito para la petición de una nueva rebaja. Ojalá viva para contarlo, aunque yo ya tengo mi horario de trabajo: cuando me da la gana.

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