Crónicas de la ciudad
La suciedad que ‘levita’ en Málaga
Frente a la clásica modalidad de la roña en las aceras, Málaga cuenta con numerosos rincones en los que el homínido incívico puede explayarse, sin necesidad de mancillar el suelo.

Los topes de acceso al Centro, ayer, convertidos en mesas altas de hostelería. / A.V.
Estos días se habla mucho en Málaga de la falta de limpieza, y son legión los vídeos y fotos de usuarios que, en las redes sociales, inmortalizan muchos rincones de la ciudad con roña incrustada en las aceras.
Resulta fascinante el origen de la palabra ‘roña’ porque procede del latín ‘aerugo’, que hace referencia tanto al óxido como al orín.
Y aunque en noviembre de 2023 se publicó en el BOPMA la nueva Ordenanza para la Garantía de la Convivencia Ciudadana, más de año y medio después de su entrada en vigor todavía miles de dueños de perros sacan a pasear sus mascotas por Málaga sin la botella con agua y jabón obligatoria.
Sin saberlo, están contribuyendo al aumento de la roña en su acepción latina original. Las multas por no limpiar el pipí del perro van desde los 75 a los 500 euros.
Esta ordenanza, por cierto, también especifica que está prohibido abandonar o dejar en la vía pública todo tipo de residuos, empezando por las colillas; pero también menciona los chicles, restos de comida, envases... en suma, todo lo que nos sobra, con excepción de la rebeca.

Dos de los tres topes con basura, en la mañana de ayer. / A.V.
"En la vía pública"
La normativa municipal se cuida mucho en precisar que está prohibido dejar este tipo de porquería «en la vía pública».
Quizás lo hace porque, en Málaga, el homínido incívico tiene a su disposición un abanico amplísimo de rincones en los que largar la basura lejos de papeleras y contenedores -y que salga el sol por Antequera- sin que eso suponga arrojarla al suelo.
Ningún espacio de la ciudad se libra de esta práctica cromañona, tampoco la supuesta ‘zona noble’. Ayer mismo, en la calle Juan Luis Peralta, la que linda con el Rectorado de la UMA y la Casita del Jardinero del Parque, los tres grandes topes para impedir atentados a motor, habían sido transformados por varias tribus de homínidos en ‘mesas altas’.
Por este motivo, a primera hora de la mañana todavía se encontraban con tarrinas de helados, servilletas, latas y otros restos de su incivismo arcano.

La solitaria lata del homínido, en la baranda de la Fuente de Génova, ayer, a primera hora de la mañana. / A.V.
En la misma línea, un homínido de dedos prensiles se bebió una lata de cerveza en mitad de la plaza de la Constitución, y en lugar de comportarse como un Homo sapiens de provecho y tirarla en una papelera a dos pasos, decidió abandonarla en la baranda que rodea nada menos que la Fuente de Génova.
Así que en Málaga luchamos contra la roña en las aceras; pero también contra la ‘porquería que levita’. Demasiados frentes.
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