Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Novela histórica

Ser mujer en la Málaga del Siglo de Oro

El escritor malagueño Diego Ceano publica ‘El llanto de las arrepentidas’ (Jákara), una novela histórica que sigue los pasos de una joven en la Málaga del XVII. El autor quiere mostrar cómo era entonces la vida de la mujer, una existencia marginal y llena de riesgos que podían llevarle a la prostitución o a la mendicidad.

Diego Ceano, con su novela histórica ‘El llanto de las arrepentidas’.

Diego Ceano, con su novela histórica ‘El llanto de las arrepentidas’. / A.V.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

«Esto no es una novelita rosa, es la desgarradora historia de una mujer en el siglo XVII», avisa Diego Ceano.

El escritor malagueño regresa con una novela histórica, ‘El llanto de las arrepentidas’ (Jákara), que guarda relación con uno de sus libros de divulgación más conocidos, ‘Historias antiguas de putas, puteros y puterías de Málaga y su obispado’, que aborda la prostitución en el XVII.

Ahora, con ese bagaje investigador, aparece el Diego Ceano novelista, aunque como explica a La Opinión, el personaje principal surgió de una familia de carne y hueso: «Estaba leyendo sobre los Repartimientos en El Borge, cuando las tierras que antes habían sido de los moros se dieron a cristianos de sangre pura, y aparece el nombre del padre de una familia que tenía una niña. Empecé a tirar del hilo y al final escribí sobre la historia de esta niña», destaca.

El propósito de ‘El llanto de las arrepentidas’ es mostrar, sobre todo a las lectoras, cómo vivía una mujer en la Málaga del 1600, recalca el autor.

Una mujer sola

Para empezar, Diego Ceano hace hincapié en que es falsa la imagen de algunas películas de las mujeres saliendo solas a la calle. «La mujer en el siglo XVII no salía prácticamente sola; lo hacía con los hijos, los padres o los maridos, porque si a una mujer la violaban, no tenía defensa alguna y encima exculpaban al violador».

En este sentido, cuenta el caso real de un hombre de la época que, para hacerse con una mercería en la calle de los Escuderos -hoy, la calle Compañía, aclara- llegó a violar a la hija del propietario, de solo 12 años.

«La sentencia le condenó a casarse con la hija; imagínate para ella el tener que casarte con tu violador», explica. Al poco, el padre de la niña apareció suicidado, la niña también apareció muerta por un accidente y el violador pudo regentar la mercería y hacerse con todos los bienes. «Por eso las mujeres no iban solas», remarca.

Como explica, en los casos de violación si la mujer no podía justificar que «había perdido la virginidad a causa de un accidente», tenía un horizonte bastante oscuro. En general, detalla el autor, las salidas posibles eran el ejercicio de la prostitución, la mendicidad o el vivir amancebada con algún hombre casado, pues la retirada a un convento era un porcentaje «mínimo», recalca.

La novela sigue los pasos de Isabel de Hurtado, la niña de El Borge, nacida a finales del XVI y que, tras ser violada, es entregada en matrimonio a un hombre mucho mayor que él y termina en Málaga capital de prostituta.

Plano de Málaga en el siglo XVI, con una planta muy parecida a la del XVII.

Plano de Málaga en el siglo XVI, con una planta muy parecida a la del XVII. / PLANOSCARTAPUEBLA.COM

Como recuerda Diego Ceano, la familia Fajardo continuaba todavía con el monopolio de la prostitución en Málaga, una merced de los Reyes Católicos a Alonso Yáñez de Fajardo, que proseguía su nieto Luis, uno de los personajes de la novela.

Precisamente, será la madre de este Luis de Fajardo, doña Leonor de Mendoza, que también aparece en la obra, la encargada de promover en Málaga, en contra de los negocios de su hijo, «conventos de arrepentidas; de prostitutas que pasaban a ser monjas de clausura», cuenta Diego Ceano.

El escritor detalla que doña Leonor abrió conventos de arrepentidas en puntos de la capital como la calle Cinco Bolas o calle Granada, «y eso le costó a ella sangre, sudor y lágrimas, porque el hijo no quería».

Se trataba de conventos «de no más de 10 o 12 monjas», tuteladas por las bernardas del Císter.

Diego Ceano aprovecha los recuerdos de Isabel de Hurtado, que tiene una larga vida, para retratar los acontecimientos de un siglo perlado de tragedias, como la peste, riadas o la sempiterna compraventa de esclavos. No es, insiste, «una novelita rosa», sino una ventana por la que mirar cómo vivían las malagueñas del XVII.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents