Memorias de Málaga
120 años de la Asociación de la Prensa de Málaga
Creada en 1905 un 1 de febrero, la de Málaga es la primera asociación de periodistas que hubo en España. Por este aniversario, este 2025 ha recibido la Medalla de la Ciudad

La corporación municipal y los responsables de la Asociación de la Prensa de Málaga, tras recibir la Medalla de la Ciudad. / álex Zea
La Asociación de la Prensa de Málaga cumple este año de 2025 ciento veinte años de existencia.
Con tal efeméride, el pasado 30 de enero, y dentro de los actos de la fiesta patronal de San Francisco de Sales, nos reunimos los socios en el Hard Rock Café, en el Muelle 1, y se inauguró el programa de actos a desarrollar durante todo el año.
La fundación de nuestra asociación fue un 1 de febrero de 1905. Nuestra presidenta, Elena Blanco Castilla, en el acto de referencia, recordó que la primera Asociación de Periodistas de España fue la de Málaga, todo un honor que de vez en cuando debemos recordar. En el acto fue la concesión y entrega de las Medallas de Honor a tres compañeros de diferentes medios.
Pocas fechas después asistí a la ceremonia de entrega a la Asociación de la Prensa de Málaga de la Medalla de Ciudad, que volvió a congregar viejos y jóvenes periodistas con los que compartí el trabajo en distintas ocasiones, y otros que conozco por su firma o voz en los informativos.
Reencuentros
Estas dos celebraciones me han permitido reencuentros con colegas que han dejado ya la profesión y gozan del descanso. Mi asiento reservado en el acto coincidió junto a un maestro del periodismo deportivo, Manolo Castillo. Su hijo, actual director de Sur, me advirtió que su padre tenía problemas de visión, y que me presentara con mi nombre.
No fue necesario. Me reconoció en seguida y empezamos a charlar como si el tiempo no hubiera pasado. Conocía la historia del Málaga, de sus jugadores, triunfos, subidas y bajadas de categoría. Aunque se jubiló prolongó varios años colaborando en el segundo periódico donde desarrolló la profesión, ya que había comenzado en La Tarde.
Me vino a la memoria un periodista de Sur, Carlos Cobo, siempre encerrado en los teletipos que vomitaban sin cesar noticias de todo el mundo, alegres, tristes, catastróficas.
Tan imbuido estaba en lo suyo que apenas intervenía en los comentarios de los compañeros de redacción. No recuerdo haber leído ni una información ni una entrevista con su firma. Era de los que trabajaban en silencio. Sí tengo un recuerdo especial: su hijo cursó la carrera de Medicina y descolló en su especialidad, la Psiquiatría.

En primer plano, el periodista malagueño Sebastián Souvirón Utrera. / ARCHIVO FAMILIAR
Todos los telegramas iban a manos de Claudio Grondona, el redactor jefe, que se reveló como un guionista excepcional en un espacio que le brindó el director de Sur y Radio Nacional, Francisco Sanz Cagigas.
En el espacio Candilejas, durante varias semanas reprodujo estampas populares de la ciudad, como los nacimientos, bautizos, primeras comuniones, bodas, días de playa, verbenas, compras en los mercados… Claudio ocultó su nombre, y se inventó el de Carlos Montenegro. Quién sabe si conservan por ahí los originales.
Me acordé de otro periodista de los que trabajaban en la sombra, Pepe Botella Zamorano, redactor-jefe de La Tarde. Abandonó la crítica cinematográfica por la responsabilidad que se le adjudicó. De cine hablamos algunas veces.
El caso de Benito Marín
En el citado periódico La Tarde figuraban como redactores Benito Marín, padre e hijo. Al padre apenas lo traté por razones de edad. Pero me causó una gran impresión al saber que dramaturgos españoles – de la época de Jacinto Benavente – elegían Málaga para el estreno de sus obras para así conocer la opinión de Benito Marín, al que consideraban el número uno en el difícil oficio de analizar y comentar obras de teatro. A sus conocimientos literarios unía uno en las antípodas: los toros. Si bueno era en una actividad, no menos lo era en la otra.
Lo que colmaba sus dotes fue lo que me comentaron un día dos empleados de Prensa del Movimiento, Teixeira y Aurioles eran sus apellidos.
Como mecanógrafos, en más de una ocasión Benito Marín recurría a ellos porque la vista le impedía hacer su trabajo. Cada uno frente a una máquina tecleaban lo que Benito Marín les dictaba, alternando la crítica de toros con sus comentarios sobre el estreno en el Cervantes de un drama o alta comedia. No se lo podían creer.
Los Souvirón
La saga de los Souvirón sigue en los medios informativos. En estos momentos, al frente del Canal 2 de Málaga, hay un bisnieto de uno de los cuatro hermanos que trabajaron en la profesión, cada uno en una especialidad diferente.
Empiezo por el primero, Sebastián Souvirón Utrera que cursó, salvo que esté en un error, la carrera de periodismo en la Escuela de El Debate, título del periódico que fundó don Ángel Herrera Oria antes de su decisión de cursar la carrera eclesiástica.
En El Debate se formaron muchos periodistas antes de la Guerra Civil. Cómo Sebastián fue elegido para dirigir un nuevo periódico, primero con el nombre Arriba, y después como Sur, no lo sé. Pero se hizo con una redacción que todavía casi se venera porque estaba integrada por auténticos maestros de la comunicación.
Tuve la suerte de conocer a algunos, como Cayetano Fernández Trescastro, que sufrió una crisis que le afectó el cerebro y tuvo que jubilarse por enfermedad incurable; a su lado destacaba la figura de Domingo Fernández Barreira, que dominaba la lengua inglesa, lo que le valió años después en Madrid como entrevistador de los famosos del cine de Hollywood que por oleadas llegaron a nuestro país.
En el primitivo Sur ejerció la crítica cinematográfica, era un excelente entrevistador – en la revista Primer Plano se conservan todas – y ejercía de malagueño en Madrid, hasta el punto de alojarse en el hotel o pensión en la calle Alcalá o Puerta del Sol.
Otro Fernández: Enrique Llovet Fernández, hijo de médico. Voló a Madrid e ingresó en la Escuela Diplomática con la máxima nota. Su nueva profesión le llevó por medio mundo y era una delicia oírle contar anécdotas de su paso por la América de habla española.
A esa redacción se incorporaron como periodistas los hermanos Salvador y Santiago Souvirón, el primero emigró a Madrid; estuvo vinculado a Radio Nacional de España hasta su jubilación. El segundo, Santiago, marcó un hito en la Escuela Oficial de Periodismo que dirigía Juan Aparicio López.
Para ingresar en la Escuela, entre otros requisitos, los alumnos eran sometidos a un test, como se dice hora; responder por escrito a un centenar de preguntas sobre todo lo divino y humano. La variedad de las preguntas permitía a los examinadores tener una idea aproximada de los conocimientos generales de los futuros alumnos.
Al terminar la prueba y leer las respuestas, Juan Aparicio llamó al aspirante Santiago Souvirón porque le costaba creer que hubiera contestado a casi todas las preguntas de los temas más variados.
La charla con Santiago le reveló que era un fuera de serie. Era la primera vez que un aspirante a cursar la carrera había superado la prueba casi ciento por ciento.
Terminada la carrera, Santiago ingresó en Sur hasta su jubilación y pasó por los informativos de Radio Nacional de España en Málaga.
El cuarto Souvirón de la saga, Agustín, además de periodismo cursó la carrera de Derecho, la cual ejerció sin olvidar nunca el Periodismo.
Otros compañeros
Mentalmente (a veces el cerebro se acelera de forma natural) me vinieron a la memoria otros periodistas de mis primeros años, compañeros que me recibieron con afecto y cariño de los que aprendí lo poco o mucho que sé.
Uno de los más divertidos y amenos fue Rafael Conejo Ferri, familiarmente conocido por Conejito, porque otro periodista afincado en Málaga tenía el mismo apellido, Ángel Conejo Alonso.
A Conejito lo conocí cuando era el redactor-delegado del diario Ideal de Granada en Málaga. Se conocía Málaga al dedillo, era amigo de todo el mundo, derrochaba buen humor y se permitía hacer bromas con los mismísimos serios y poco asequibles gobernadores civiles que regían la ciudad.
Con él tengo una deuda de gratitud porque fue el que me propuso a la dirección de Ideal para cubrir la plaza de redactor de Málaga por su jubilación. A él le sustituyó José Luis de Mena Mejuto, y la plaza de éste la cubrí yo, donde desarrollé el periodismo escrito en todas sus dimensiones.
El otro Conejo (Ángel Conejo Alonso) creo que procedía de Zamora, era muy serio y congenié con él porque coincidimos en el Teatro Cervantes. Él comentaba los estrenos de teatro… y yo, ocasionalmente, asumí la misma responsabilidad. Le agradecí sus consejos en los descansos de las representaciones.
Tengo que cortar porque he llegado al límite de la colaboración. Pero en otra ocasión volveré a recordar a los periodistas de la Málaga de mis principios, porque fueron mis maestros.
Nuestra Asociación cumple 120 años y dedicarles unas líneas es por mi parte una obligación porque, repito, me ayudaron de forma desinteresada a aprender el oficio
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