Salud
"Sentí que era el precio que tenía que pagar por ser madre": así son los problemas de suelo pélvico y cómo evitarlos
Cada vez son más las mujeres que deciden pedir ayuda apoyarse en un profesional gracias a la divulgación que hacen muchos sanitarios. La incontinencia urinaria o el dolor en las relaciones íntimas se pueden tratar

Ejercicio funcional respetando el suelo pélvico en Espacio Power / Jazmine García

"Los problemas de suelo pélvico son una esfera que está rodeada de mucho tabú socialmente, de mucho castigo a lo largo de muchas generaciones", puntualiza Sara Fernández, fisioterapeuta especialista en suelo pélvico. Sentir dolor en silencio es duro. Que no te dan las herramientas ni la información necesaria para la solución, es todavía peor. Muchas personas evitan reír, correr o mantener relaciones íntimas porque aunque quieran, su cuerpo no se lo permite. Y viven con inseguridad, con vergüenza, escondiendo algo que debería contarse a voces.
Muchas mujeres en España conviven con un problema de suelo pélvico y la mayoría, lo calla. Pero cada vez son más las que deciden buscar ayuda y recuperar su vida gracias a un pilar fundamental como es la divulgación. Una de las mujeres que dedica su vida a ayudar a otras a superar los problemas de suelo pélvico es la malagueña Rocío Garrido, fisioterapeuta experta en suelo pélvico y creadora de 'Espacio power', un centro médico donde la fisioterapia se alía con el entrenamiento funcional.
El punto de inflexión para especializarse en el suelo pélvico fue su primer parto con 26 años, momento en el que apareció la incontinencia urinaria y de gases, "corría trotando unos 5 minutos en llano y me orinaba encima", se sincera. Explica que los médicos y sanitarios lo catalogaron como normal "¿qué esperabas tras haber tenido un hijo de 4 kilos?", le decían. A Rocío Garrido eso le removió por dentro: "Sentí que era el precio que tenía que pagar por ser madre".
La especialista en suelo pélvico añade que cuando dio a luz no estaba preparada a nivel de conciencia. No tenía trabajadas las herramientas naturales que ofrece la naturaleza a las mujeres para poder enfrentar esa situación tan dolorosa.

Especialistas en suelo pélvico, Rocío Garrido, Sara Fernández y Paula Olmos / Jazmine García
¿Qué es el suelo pélvico?
Rocío Garrido explica el suelo pélvico como si fuera una casa. Las paredes serían la "faja" abdominal, formada por tres capas musculares que rodean la zona desde la columna hasta el ombligo. El techo lo representa el diafragma torácico, "el principal músculo respirador, responsable también de cómo gestionamos las emociones", especifica. Y el suelo pélvico sería el cierre de la casa por abajo. Para que esta estructura se mantenga debe estar al vacío.
Cuando se pierde —ya sea por una mala postura mantenida en el tiempo, una cicatriz abdominal o pélvica, una hernia, la falta de ejercicio físico o incluso por factores emocionales como una relación sexual insatisfactoria o una situación de estrés— el sistema de presiones se desajusta y aparecen los problemas.
Garrido explica que la salud del suelo pélvico no puede entenderse de forma aislada, sino en relación con tres esferas inseparables: cuerpo, mente y entorno. "Si tú tienes un dolor de cabeza, no vas a estar simpática con tu madre. Si en el trabajo sientes que no te tratan como mereces, ese estrés condiciona tu postura, tu energía y tu manera de relacionarte", ejemplifica.
Para la especialista, alcanzar ese equilibrio es uno de los mayores retos, ya que "la sociedad en la que vivimos no nos permite vivir en equilibrio". Y ahí es donde cobra importancia la información: "La información es poder", recalca.
Consciente de la complejidad del tema, Garrido y su equipo optan por explicar con detalle cada valoración a sus pacientes. Tanto, que invitan a las mujeres a grabar la consulta en audio: "Así se llevan su propio podcast de la valoración".
Los falsos mitos sobre el suelo pélvico
"Pensar que es normal hacerse pipí no lo es. Pensar que es normal que duela un poco al mantener relaciones sexuales, tampoco". Con esta rotundidad, Rocío Garrido, desmonta algunos de los mitos más extendidos en torno a la salud femenina.
Uno de los más frecuentes es la creencia de que practicar deporte, especialmente entrenamiento de fuerza, perjudica al suelo pélvico. "Aquí digo sí y no", matiza Garrido. Si la persona no tiene conciencia corporal ni sabe cómo activar la musculatura profunda, actividades que aumenten la presión abdominal —como coger peso o saltar— pueden agravar los síntomas. Sin embargo, con una buena técnica que incluya control postural, respiración y activación adecuada, el ejercicio no solo no daña, sino que fortalece.
La especialista critica que muchas mujeres reciban como respuesta médica la prohibición de actividades cotidianas: coger al nieto, levantar una bombona o practicar ciertos deportes. "Al final me quitan cosas que hacer y me quedo solo en respirar", lamenta. Y recuerda que la respiración, mal ejecutada, puede ser incluso más dañina que un esfuerzo puntual: "Respiramos entre 18.000 y 20.000 veces al día. Si te pusiera a hacer 20.000 sentadillas en un día, tendría que ingresarte". Por eso, recalca que lo esencial no es prohibir, sino educar en la conciencia del cuerpo, la postura y la respiración.

Ejercicio funcional respetando el suelo pélvico en Espacio Power / Jazmine García
Escuchar sin juzgar es clave
"Estoy harta de que vaya a un profesional sanitario y juzguen mi sentir", expresa Rocío Garrido. Para ella, el primer paso de cualquier valoración funcional es escuchar sin prejuicios lo que la mujer cuenta. Explica que en muchas ocasiones una paciente llega con una sintomatología nueva que, aunque no siempre se manifieste de forma constante, supone una señal de alerta: "Yo antes no tenía esto y ahora sí". Ante esta situación, Garrido subraya que el deber del profesional no es desestimar, sino indagar en sus hábitos, en los cambios recientes y en el contexto vital y corporal.
En sus consultas, la especialista dedica entre 40 minutos y una hora a la escucha activa, creando un "puzle mental" para elaborar hipótesis antes de pasar a la exploración funcional. Esa valoración incluye reproducir la molestia o el dolor en diferentes movimientos —desde un acceso vaginal doloroso hasta una incontinencia urinaria al toser— y contrastar los hallazgos con una ecografía en movimiento. "La funcionalidad es transmisión de tensión, es ajuste de presiones", puntualiza.
A su juicio, la falta de formación específica en suelo pélvico ha llevado a que muchas mujeres normalicen síntomas que condicionan su vida diaria: "Pensamos que la menopausia es la peor etapa, que ya no se puede hacer nada. Y es cuando más fuerte tienes que estar".
Para Garrido, informar y acompañar sin juicio es tan importante como el propio tratamiento. Recalca que la adaptabilidad del suelo pélvico depende no solo de la anatomía, sino también de factores emocionales, respiratorios, posturales y de hábitos cotidianos. “Una persona más perfeccionista y controladora tiende a acumular más tensión en su musculatura profunda", explica.
En definitiva, la fisioterapeuta defiende una visión integral: entender los cambios hormonales como parte de la biología femenina, reforzar el cuerpo y la mente en cada etapa y, sobre todo, empoderar a las mujeres con información veraz y sin juicios. "Para por lo menos entender que no eres tú la culpable de eso. Que tienes muchas cosas para poder hacer y mejorarlas. Y que no estás sola", afirma.
Señales de alerta
La especialista en suelo pélvico Sara Fernández señala que existen síntomas frecuentes que muchas mujeres tienden a normalizar, pero que en realidad son señales de que algo no está funcionando bien y deben ser atendidos. Uno de los más comunes es la pérdida de orina, aunque sea solo una gota. Fernández aclara que esto no es normal en ninguna etapa de la vida: ni durante el embarazo, ni en el postparto, ni en la menopausia. Tampoco deben pasarse por alto los escapes de heces o de gases.
Otra señal de alerta es el dolor en la zona pélvica o sacra. El suelo pélvico engloba toda esta esfera corporal, y por ello no se debe normalizar el dolor: es una forma en la que el cuerpo avisa de que algo no va bien. En el terreno íntimo, Fernández recuerda que las relaciones sexuales no deberían doler, aunque hoy en día muchas mujeres lo han asumido como algo habitual. También es importante prestar atención a la sensación de pesadez en la vagina, como si hubiera un bulto, o a la dificultad para usar un tampón o una copa menstrual cuando se desea hacerlo y el cuerpo no lo permite.
La información cambia vidas
"Los momentos más emocionantes con mis pacientes siempre acaban en llanto", confiesa Rocío Garrido. Uno de los que más le marcaron fue el de una joven de 27 años que acudió a consulta tras un cuarto embarazo, con un prolapso de vejiga tan avanzado que asomaba un centímetro y medio por la vagina.
A pesar de arrastrar esa lesión desde el segundo embarazo, nadie le había explicado la importancia de la fisioterapia de suelo pélvico. "Había pasado por muchos profesionales sanitarios y ninguno se había parado a decirle: 'Mira, esto lo podemos trabajar así, entrenar de esta forma o acudir a este especialista’'", lamenta Garrido.
Cuando le mostró en la ecografía qué podía mejorar y qué no, la paciente rompió a llorar. "Me abrazó y me dijo: aunque no pueda mejorar al cien por cien, solo con que me digas en qué situación estoy y dónde tengo que poner el foco, ya me siento aliviada". Ambas terminaron entre lágrimas: la paciente por sentirse acompañada y la especialista porque se vio reflejada en la joven, recordando a la Rocío de 26 años que también necesitaba norte.
Otro caso que relata Garrido es el de una chica de 23 años que sufrió una grave lesión en el esfínter anal durante una relación íntima por desconocimiento de su biología. La falta de información la llevó al quirófano de urgencia. "Por eso insisto en que necesitamos educar, también en los centros escolares. Prefiero mil veces que los especialistas expliquemos cómo funciona el cuerpo antes de que los jóvenes se expongan desde la ignorancia", reivindica.
Estas experiencias refuerzan su convicción de que el cuidado del suelo pélvico debe abordarse de manera integral, con profesionales que hablen el mismo idioma: fisioterapeutas, ginecólogos, psicólogos y nutricionistas. "La mujer ha vivido demasiadas veces desde el desconsuelo, la falta de apoyo y el juicio. Mi energía está depositada en cuidarla y asesorarla", asegura.
Su objetivo, subraya, va más allá de lo económico: llegar al mayor número de mujeres posible, incluso a través de la atención online. "Pienso en esa mujer en Nepal que ha tenido varios hijos y a la que nadie le ha dicho que, al coger a su bebé, contraiga el suelo pélvico mientras exhala. Con esa simple información ya estaría previniendo más de un 50% de lesiones. Y esa mujer también se lo merece", recalca.
Convencida de que la información es poder, Garrido afirma sentirse hoy, con 41 años, más fuerte que nunca: "No acepto que me digan que, con la edad, todo empeora. Cada día me encuentro mejor, porque sé dónde poner el foco y cómo cuidarme. No estamos diseñadas para vivir enfermas hasta el final de nuestra vida".

Ejercicio funcional respetando el suelo pélvico en Espacio Power / Jazmine García
Prevención y deporte funcional
Entrenar pensando en el suelo pélvico sigue siendo una sorpresa para muchas mujeres. "La primera reacción es de asombro, porque no son conscientes de que esta esfera también se puede activar y de que la respiración tiene un papel fundamental", señala Paula Olmos, entrenadora en 'Espacio Power'. Su metodología pone el acento en hacer visible lo invisible: aprender a integrar el suelo pélvico en la vida diaria a través de la respiración y la postura.
Olmos critica la falta de seguimiento en los gimnasios convencionales, donde "la mayoría de usuarios se apunta sin una valoración previa, sin saber cuáles son sus puntos fuertes o débiles, ni cómo empezar a entrenar correctamente". La consecuencia, afirma, es clara: "Se entrena desde la prisa, desde el estrés, sin que el monitor pueda acompañar de cerca, y eso acaba generando lesiones o frustración".
El entrenamiento funcional, en cambio, persigue la prevención y la coherencia. Postura y respiración son la base: "Si no gestionas bien las presiones internas del cuerpo, aparecen problemas de espalda o de suelo pélvico. Hacer consciente a la persona de cómo respira y cómo coloca su pelvis es clave para evitar futuras disfunciones", sostiene.
La constancia, más que la intensidad, es la piedra angular de este enfoque. "Prefiero que una mujer venga una vez por semana y se adhiera, a que empiece con cuatro días y lo deje enseguida. El objetivo es que adquiera recursos y herramientas para cuidarse sola, no que dependa siempre de nosotras", añade.
El trabajo interdisciplinar con fisioterapeutas y la detección precoz de síntomas permiten adaptar cada programa de manera personalizada. Y los resultados, asegura Olmos, están sorprendiendo incluso a quienes llegan con años de malos hábitos respiratorios o posturales: "Con pequeños cambios desbloquean muchas cosas, se emocionan y sienten que, por fin, alguien las escucha y las acompaña en el proceso".
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