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Seguridad

Inteligencia policial, la anfitriona invisible de los pisos turísticos de Málaga

La profusión de estos alojamientos en la capital ha aumentado el número de visitantes y la actividad de algunas áreas de la Policía Nacional. Es temporada alta para el Grupo de Hospederías, encargado del control de viajeros que usan estos inmuebles, y para el de Robos, que combate a los grupos organizados que han visto un filón en este sector

Varios turistas pasan cerca de cajas o cajetillas de llaves de los pisos turísticos en el casco histórico de Málaga.

Varios turistas pasan cerca de cajas o cajetillas de llaves de los pisos turísticos en el casco histórico de Málaga. / Álex Zea

Málaga

La mañana que el jefe del Grupo de Hospederías de la Policía Nacional recibe a La Opinión de Málaga, su equipo ya ha revisado los datos de cerca de medio millar de personas que durante la tarde noche anterior se han alojado en la capital malagueña. Gran parte de esos visitantes han elegido viviendas turísticas, un sector cuya expansión, además de tener un gran impacto sobre el modelo económico y social de la ciudad, genera un descomunal movimiento de personas procedentes de cualquier lugar del mundo. Y muchísima investigación policial, tanto a nivel preventivo como de hechos consumados.

Las primeras horas del día han sido pura rutina, es decir, un no parar de temporada alta pero sin resultados excepcionales. El responsable del grupo explica que a primera hora han enviado un radiopatrulla a un piso turístico en el que parece que se ha alojado un tipo con una orden de detención por un asunto judicial pendiente. La identificación ha sido plena y han puesto fin de sus vacaciones. También tienen en agenda entrevistarse con un turista francés cuyos datos coinciden con los de una persona cuya desaparición ha sido denunciada en su país. El inspector explica que seguramente sea alguien que no quiere saber nada de las personas que lo buscan y habrá que respetar su decisión como adulto, pero una vez comprobado que está bien la información servirá para desactivar la alerta en origen.

Estos dos servicios han sido posibles porque los propietarios o gestores de esas viviendas turísticas han registrado correctamente los datos de los huéspedes en la plataforma digital Ses.Hospedajes desarrollada por el Ministerio del Interior. Al igual que los alojamientos tradicionales (hoteles, hostales, pensiones, campings...), el trámite es obligatorio, tiene que incluir a todas las personas que hagan uso del inmueble y debe hacerse antes de que pasen veinticuatro horas desde el check-in. Una de las tareas del grupo son las inspecciones. La mayoría cumple y el que no lo hace suele ser por desconocimiento, hay que tirar de pedagogía. Se les explica la importancia de hacerlo y de una posible sanción si reincide. Entre 100 y 600 euros por infracciones leves (errores o retrasos) y de hasta 30.000 euros por las graves (no registrar a los huéspedes o no comunicar los datos).

Algunos propietarios ponen en bandeja las llaves de los pisos tuísticos a los ladrones. | L.O.

Algunos propietarios ponen en bandeja las llaves de los pisos turísticos a los ladrones. / L.O.

El volcado de la información de los viajeros permite detectar perfiles de interés policial. Revisar huésped por huésped es totalmente imposible, así que usan un programa que cruza la información con todas las bases de datos policiales nacionales e internacionales disponibles. El sistema marca a las personas que cumplen los requisitos para que los agentes tiren del hilo. Los casos más habituales son como los descritos al principio del artículo, personas a las que se busca por tener una reclamación policial, por una condena o un juicio pendiente. También hay falsas alarmas, visitantes que comparten nombres y apellidos con delincuentes o por un error involuntario de transcripción. El inspector recuerda casos de detenidos por quebrantamiento de condena en el ámbito de la violencia de género: «Hemos ido al alojamiento de personas con órdenes de alejamiento de sus parejas y estaban juntos».

Hospederías también da cobertura a otros grupos de investigación que siguen el rastro de determinadas personas, pero el inspector defiende cómo este equipo de trabajo genera una «inteligencia policial propia». Su trabajo también detecta patrones, como el alojamiento de una o varias personas que se repite sistemáticamente en las mismas zonas y periodos (Navidad, Semana Santa y verano), las épocas preferidas para delincuentes dedicados a actividades tradicionales como los hurtos o los robos.

El Real Decreto 933/2021, que entre otras razones actualizó el de 1959 para incluir los Apartamentos Turísticos (AT) y las Viviendas de Uso Turístico (VUT), justifica este control de viajeros por la amenaza que actualmente supone el terrorismo y el crimen organizado, este último con especial incidencia en la Costa del Sol, y la relevancia que en ambos casos tiene para sus protagonistas el alojamiento. También la movilidad, razón por la que los Grupos de Hospederías también ponen el microscopio en los registros de las personas que usan vehículos de alquiler, otro negocio que genera muchísima información diaria en la provincia.

Como destino turístico de primer orden, la hemeroteca de la crónica policial malagueña recoge muchas operaciones en las que los alojamientos han sido la respuesta a la pregunta del dónde. También las viviendas turísticas, que sólo en la capital han sido escenarios recientes de una amplia gama de infracciones penales cometidas entre sus paredes, por sus huéspedes o por personas ajenas a los mismos. Dos muertes violentas (una en el ámbito de la violencia de género y otra durante el robo al inquilino), agresiones sexuales, una guardería de cocaína, fugitivos, estafas vinculadas al alquiler de estos alojamientos...

Una cajetilla de llaves de un piso turístico del Centro

Una cajetilla de llaves de un piso turístico del Centro / ÁLEX ZEA

Robos en AT y VUT

Algunos de esos delitos pueden ser circunstanciales, otros no tanto. Las viviendas turísticas se han convertido en un objetivo de especial interés para las organizaciones itinerantes dedicadas a desvalijar a los usuarios de estos domicilios. La proliferación y concentración de esta modalidad habitacional, el hecho de que los huéspedes pasen muchas horas fuera de las viviendas y las lagunas de seguridad en torno a las mismas han creado un nicho irrenunciable para estas bandas, que se mueven como pez en el agua en edificios donde nadie les pregunta quiénes son.

Los agentes del Grupo de Robos de la Policía Nacional aseguran que no está siendo una temporada especialmente mala, pero confirman casos en la capital mayoritariamente protagonizados por grupos de mujeres procedentes de países del Este. Ellas conocen las zonas en las que en cualquier bloque hay varias o muchas viviendas turísticas. Y que los que las disfrutan suelen dejar pertenencias de valor cuando salen de excursión por la ciudad. «Buscan sobre todo dinero en efectivo y joyas, pero tampoco renuncian a llevarse un pequeño electrodoméstico del alojamiento como una buena cafetera», apunta el responsable del grupo.

Él y su compañero destacan la habilidad que estas chicas tienen para detectar que los moradores no están y que tienen medio trabajo hecho. De nada sirve una buena puerta si no se cierra bien. Es habitual que los inquilinos de un piso turístico sólo tiren de ella al salir y no echen la llave. O que la cerradura sea electrónica, normalmente dotada de un simple resbalón que los huéspedes abren tecleando un código numérico que previamente le ha facilitado el propietario o la agencia. En ambos casos, los ladrones más versados apenas necesitan unos segundos para deshacerse del cierre con una lámina de plástico extraída de la parte más ancha de un bote de champú o de un limpiacristales, una herramienta más accesible que las radiografías que se utilizaban antiguamente. Recientemente, estos mismos agentes han detenido a una española de 81 años especialista en este método. Considerada una histórica en el robo de viviendas tradiciones, sus últimos cinco allanamientos en pisos turísticos marcan una tendencia.

Turistas en la playa de La Malagueta

Turistas en la playa de La Malagueta / Álex Zea

Pero los ladrones no se achantan con cerraduras echadas y de más calidad. Los agentes aseguran que este tipo de delincuente también tiene experiencia en técnicas como el impresioning (crear una llave utilizando el bombín como molde) o el bumping (introducir una llave maestra o manipulada en la cerradura y golpearla). Estos métodos no suelen dejar rastro, pero, ante una eventual complicación, no dudan en emplear métodos más expeditivos y forzar las puertas con herramientas de palanca y taladros. También hay cacos, en este caso autóctonos, que utilizan el escalo como medio para acceder a las viviendas por las ventanas que los moradores han dejado abiertas.

Los agentes siempre dan a los propietarios de los inmuebles afectados el mismo consejo, que inviertan en una buena cerradura y que animen a los visitantes a usarla bien. «Existen cierres antibumping y antiimpresioning que evidentemente son más caros, pero no deja de ser una inversión en seguridad que van a agradecer unos y otros», explica el responsable del grupo antes de recordar que las mirillas con cámaras también son muy útiles. A los turistas, además de echar bien el cerrojo, les recomiendan que cuando salgan dejen la televisión o la radio encendida.

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