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Vivienda

"Es mucho más complicado irte a estudiar a Málaga que a otro sitio de Andalucía"

Muchos jóvenes que desean estudiar en la Costa del Sol viven una odisea para encontrar una habitación asequible dentro de sus posibilidades

Salón de un apartamento.

Salón de un apartamento. / La Opinión

Jazmine García

Jazmine García

El verano se agota y, con él, las esperanzas de muchos estudiantes que buscan alojamiento en Málaga para el próximo curso. La demanda sigue siendo altísima, pero la oferta es escasa, cara y llena de obstáculos. En la capital de la Costa del Sol, el simple hecho de conseguir una habitación se ha convertido en una auténtica odisea y en un logro para los afortunados que lo consiguen.

José de la Torre, estudiante de un máster en la UMA, natural de Córdoba, lo sabe bien. Tardó tres meses en encontrar la habitación que será su hogar durante el próximo curso escolar. Está ubicada enfrente del Hospital Carlos de Haya y su precio es de 350 euros. "Lo ofertaban por 300 euros, pero en una semana lo subieron 50 euros sin motivo. Nos tocó negociar para que al menos cambiaran algunos muebles", deja claro. Empezó en abril con la idea de alquilar un piso de dos habitaciones para compartir con su pareja. Pero pronto se dio de bruces con la realidad: "Lo mínimo eran 800 euros. En portales como Idealista o Fotocasa era imposible, publicaban un anuncio y a los cinco segundos ya había cientos de personas interesadas. Ni siquiera te daban la oportunidad de visitarlo, la gente lo reservaba sin verlo porque está desesperada", relata. Cansado de buscar por los portales inmobiliares, decidió mirar a través de X (antiguo twitter) y cuenta que ahí es donde encontró la solución grcias a un chico que le avisó de que en su piso había dos habitaciones libres, "he sentido impotencia y, de hecho, el piso que he encontrado es un piso de 4 personas, he tenido que adaptar mis condiciones porque si no, me quedaba sin piso", aclara de la Torre.

Requisitos de los caseros

A las dificultades de precio se suman los requisitos de los propietarios: nóminas, meses por adelantado o el pago íntegro de la anualidad, avalistas... Condiciones que muchos estudiantes no pueden asumir. "Entiendo que exista desconfianza, pero la mayoría tenemos avalistas o becas. Aun así, muchas veces te dejan plantado porque siempre aparece alguien dispuesto a pagar más", lamenta José. Al final, no le quedó más remedio que aceptar una habitación en un piso compartido con desconocidos.

Los caseros no solo establecen requisitos de pagos o avales, si no que también establecen límites de edad de 17-20, 20-23, de 25-27, alquilan solo a chicas o, por otro lado, solo a chicos, no fumar, no llevar parejas, no tener animales y una larga lista que difculta al estudiante acceder a una habitación.

"Tuve que conformarme"

El caso de José no es aislado. Delia Astorga, natural de Villanueva del Trabuco, tardó dos meses en encontrar habitación para estudiar Financiación y Contabilidad. "Cada vez que veíamos un piso y queríamos reservarlo, ya había alguien antes. Era frustrante, solo quería cerrar el alquiler y disfrutar del verano". Cuando por fin dio con una habitación en el barrio de Huelin, tuvo que pagar 320 euros más gastos, después de haber rechazado varios que eran "asequibles", pero que luego el casero les pedía un mes por adelantado, la fianza y la inmobiliaria me pedía otro mes más IVA, "era mucho dinero", dice con impotencia.

María Berrocal, que empezó a buscar en junio, también tuvo que conformarse con algo que no cumplía sus expectativas. "Las habitaciones baratas estaban lejos de la universidad o mal conectadas. Al final encontré un apartamento en Teatinos por 800 euros para compartir con otra persona. No era lo que quería, pero tuve que conformarme y aguantar con algo peor", señala la joven estudiante de ingeniería en diseño industrial y desarrollo del producto.

El mercado inmobiliario

Las inmobiliarias reconocen la presión del mercado. Elena, gestora de Rash Rooms, explica: "Tenemos lista de espera de estudiantes. No hemos notado bajada de demanda, lo que sí vemos es que ahora buscan habitaciones más premium, con aire acondicionado, limpieza o internet". Para atraer a los inquilinos, su empresa ofrece servicios adicionales y asume las reparaciones. Pero admite el problema de fondo: "Hay muy poca oferta. Muchos propietarios prefieren no publicar sus pisos por miedo a la okupación o los impagos".

Según datos del portal Idealista, Málaga ha registrado una caída del 19% en la competencia por cada habitación respecto al año pasado. Sin embargo, los precios siguen tensionados. En barrios periféricos se pueden encontrar habitaciones por 210 o 250 euros, pero en zonas más demandadas los precios superan con facilidad los 300, 400 e incluso 700 euros. En algunos casos, se han llegado a anunciar habitaciones por 900 euros.

Yolanda Rodríguez, responsable comercial en la inmobiliaria Toré, apunta varias razones que explican las oscilaciones de precios: "La cercanía del inicio del curso, el cambio de la ley de vivienda o el trasvase de pisos turísticos a alquiler de temporada. También influye la ubicación: cuanto más lejos de la universidad y peor conectada la zona, más barato".

Alternativas

Con este panorama, muchos jóvenes se plantean opciones distintas a los pisos compartidos. Las residencias ofrecen más comodidades, pero a un precio elevado: entre 700 y 800 euros mensuales. "Te incluyen comida, limpieza o incluso piscina, pero es mucho más caro", recuerda María del Carmen, estudiante que probó ambas fórmulas.

La Universidad de Málaga, consciente de la dificultad de acceder a un alquiler, mantiene un programa de convivencia intergeneracional. Los estudiantes que no puedan pagar un piso pueden alojarse con una persona mayor, a cambio de compañía y pequeñas tareas cotidianas. Una iniciativa que busca aliviar la falta de vivienda, fomentar la solidaridad y combatir la soledad de los mayores.

Málaga, ciudad prohibida para estudiantes

Frente a otras ciudades andaluzas como Granada, Jaén o Córdoba, Málaga es percibida como un lugar casi inaccesible para vivir durante la etapa universitaria. "Me llegué a plantear volver a mi pueblo o irme a otra ciudad más barata", admite José de la Torre. Una reflexión que comparten muchos estudiantes, atrapados entre alquileres desorbitados, requisitos imposibles y una oferta que no cubre la demanda. "Es mucho más complicado irte a estudiar a Málaga que a otro sitio de Andalucía por como es el alquiler, es imposible irte tú solo, por ejemplo", asegura María Berrocal.

La conclusión es clara: estudiar en Málaga es cada vez más caro. Y, para muchos jóvenes, encontrar piso se ha convertido en la asignatura más difícil de aprobar.

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