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Memorias de Málaga

El himno de España sigue sin letra

España es uno de los cuatro países del mundo que no tiene letra, junto con San Marino, Kosovo y Bosnia-Herzegovina. Así seguiremos hasta que los políticos no se pongan de acuerdo.

La selección española de fútbol femenino escucha el himno nacional en un partido en la última Eurocopa.

La selección española de fútbol femenino escucha el himno nacional en un partido en la última Eurocopa. / EFE

Guillermo Jiménez Smerdou

Guillermo Jiménez Smerdou

Málaga

Con cierta frecuencia las televisiones españolas transmiten acontecimientos deportivos de cierto rango internacional – partidos de fútbol de las selecciones de fútbol masculinas y femeninas, baloncesto, tenis…– en los que España está presente.

Sea en España o en otro país, antes del inicio de los encuentros, por tradición o norma aceptada por todos los países participantes, en medio del silencio de la asistencia, se procede a la interpretación de los himnos de los países, unas veces con bandas de música en el mismo estadio y otras a través de grabaciones.

Yo, como español, me emociono oyendo nuestro himno y observo el máximo respeto para el oponente, con desconocimiento absoluto de la letra que entonan los futbolistas daneses, turcos, suecos... en su lengua. Por su tono, a veces, adivino que hacen gala de sus victorias, virtudes, triunfos… 

Echo de menos la letra de nuestro himno, el que se cantaba en las escuelas públicas hasta la transición democrática. Empezaba «¡Viva España! Alzad los brazos, hijos del pueblo español. Que vuelva a resurgir…».  

La conservo en la memoria porque lo oí y canté hasta el día en que el Gobierno decidió eliminarla. La letra del himno la redactó don José María Pemán, que fue director de la RAE, cuando la RAE era el alma mater de la cultura española y los académicos se ocupaban de nuestra lengua bajo el lema de «Limpia, Fija y da Esplendor»; ahora corren otros vientos que dislocan a los maestros de primera enseñanza con concesiones que chocan con las reglas de la ortografía.    

Volviendo a la letra censurada – en la España moderna existe la censura –, el público español que asiste a los acontecimientos jalea el himno, igual que los jugadores, sin conocer letra alguna, pero con los gritos y banderitas con la enseña nacional, poniendo de manifiesto su amor a la Patria, porque los himnos y las banderas son la manera de expresar su amor a España. Que entre los sesenta u ochenta mil espectadores haya muchos que no comulguen con los que se sienten españoles de verdad, es posible, pero la mayoría se impone. ¡Viva España!.

Los himnos

Los himnos son, no lo digo yo, «composiciones poéticas o líricas que alaban hechos, personajes, héroes, sucesos…», y cada país elige para esas loas lo que el pueblo decidió un día o apoyó un día. El himno que ha superado a todos los que conozco es ‘La Marsellesa’, que habla de guerra, venganza, honor… y que los franceses entonan con fervor, gobierne quien gobierne.

Cuando empiezan las primeras notas de ‘La Marsellesa’ -«Allons enfants de la Patrie, le jour de Gloire est arrivé»… -los franceses se ponen en pie, firmes, y siguen las estrofas hasta el solemne final de «Formez vos bataillons, marchons, oui, marchons qu’un sang impur abreuve nos sillons, sillons ouh ouh».

No solo la cantan, sino que la sienten de verdad. La letra se remonta al año 1792 y, aunque ha sido retocada algunas veces, para el francés de siempre es algo sagrado. 

El himno mexicano tiene un arranque único: «¡Mexicanos al grito de guerra, el acero apresta al bribón, y retiemble en sus centros la tierra al sonar rugido del cañón…!». Y así toda la letra. Cuando la entonan ponen toda su fuerza para llegar a todas partes. Están orgullosos de su himno.  

Alemania no le va a la zaga: «Deutschland, Deutschand über alles, über alles in der Welt…», en español, «Alemania, Alemania por encima de todo, por encima de todo en el mundo»… En español no tiene el rigor y fuerza que en el idioma en que está escrito. Para entenderlo hay que oírselo a los alemanes.

Gaiteros en los Premios Princesa de Asturias, en una foto de archivo.  | EFE

Gaiteros en los Premios Princesa de Asturias, en una foto de archivo. | EFE

En los himnos de cada país se alude a la lealtad, la patria, las viejas glorias, las conquistas (en Suecia, «quiero jurar hasta la muerte»), (en Croacia «patria nuestra, heroica tierra amada»), en Bulgaria («defensa de la patria y de las virtudes del pueblo»), el himno de Grecia el más largo del mundo con 158 estrofas («Oda a la libertad»)…  

Argentina no se anda por las ramas en su himno. Tres veces grita ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad!; las primeras palabras del himno de Bolivia son «Bolivianos, el hado propicia nuestros votos…»; «¡Somos libres, seámoslo siempre», cantan peruanos. En Nicaragua hay que ponerse de pie, descubrirse y poner los brazos al costado.…

En España, se acabó

En España se ha decidido eliminar la letra porque por lo visto puede herir a terceros que cantemos nuestras victorias, nuestras hazañas, nuestros héroes, nuestras conquistas… Y en su lugar, una de esas letras ofrecidas para sustituir «en España empieza a amanecer», o «al paso alegre de la paz», se propone ensalzar el campo, los trigales, hasta los pajaritos y las niñas jugando al infernáculo…, que no es nada malo, es el vocablo que define el juego infantil que en Málaga conocemos por el guiso o la rayuela.

Bromas aparte, ni siquiera podemos mentar el descubrimiento de América, cuando en nuestro imperio no se ponía el sol, las batallas ganadas, ni los Reyes Católicos, ni la Reconquista, ni a los Reyes Godos.

Han pasado más de cincuenta años desde que nuestro himno fue descabezado de su letra. Ninguno de los gobiernos que se han ido alternando durante medio siglo se atrevió ni ha tenido la intención de suplir esa falta.

De los cientos de himnos que identifican a otros tantos países del globo – 195 –, solo cuatro, uno de ellos, España, carecen de letra, a saber, San Marino, Kosovo y Bosnia-Herzegovina. San Marino porque es tan pequeño que ni se han molestado en redactarlo, supongo. Los otros dos casos tienen su origen en su agitada historia, porque están en los Balcanes donde durante un tiempo todos los núcleos de población fueron englobados en uno solo, Yugoslavia, hasta que todo saltó por los aires.

Conociendo el percal del momento presente en el que el lema es decir no al otro, no llegar a ningún acuerdo, no aceptar ninguna enmienda, ponerse verde en el Parlamento y fuera del hemiciclo, en el Senado, en las televisiones, en los pasillos, es impensable crear ‘una mesa’ para afrontar la necesidad o conveniencia de que España tenga un himno con letra, que es lo normal. Pero en nuestro país nada es normal.

Si se creara una mesa para debatir la letra, y se barajasen como imprescindibles las palabras España, Héroes, Batallas, Bandera…, la primera voz que saldría (no soy adivino, pero acierto), se alzaría cuando se mencionara España. «España no existe: somos reinos, principados, comunidades». Lo de bandera, la nuestra es la ikurriña. «Mire usted, la bandera de España está por encima, y las otras para identificar cada comarca o autonomía»; «Bueno, eso es lo que usted dice, pero por ahí no van los tiros».

«Seamos serios: la bandera es la bandera y el himno es el himno»; «para mí, no, usted defiende lo indefensible porque es un ultra».       

La supuesta mesa titulada algo así como de «pareceres democráticos para debatir los prolegómenos previos para dotar al Himno Nacional de España de un texto que exalte los valores de la raza e historia», a la tercera sesión de trabajo en un periodo de un año, tres meses y ocho días, se disuelve por no alcanzar un acuerdo satisfactorio. Los integrantes de la mesa percibirán los emolumentos y dieta que les correspondan por su trabajo, a los cuales se les agradece su buena voluntad para alcanzar un acuerdo marco. Esta disposición se publicará en el BOE. 

Entre tanto, y haciendo caso omiso de los tiras y aflojas de los políticos de estos últimos años, las comunidades han ido cumpliendo sus deberes creando sus banderas e himnos con música y letra. La Comunidad Valenciana tiene su himno que se canta con orgullo en sus fiestas y conmemoraciones; la región de Murcia ha hecho lo propio y Asturias, con himno interpretado por grupos de gaiteros emocionan al pueblo español con la letra tan sencilla y sentida como «Asturias, patria querida, Asturias de mis amores. ¡Quién estuviera en Asturias en todas las ocasiones».

Y al finalizar, todos los grupos de gaiteros, tras unos segundos de silencio, interpretan el Himno de España que emociona de verdad. Solo por esta secuencia de los himnos de Asturias y España merece seguir el acto del Teatro Campoamor cada año.

Andalucía también hizo sus deberes. La obra de Blas Infante, andaluz de la provincia de Málaga, tardó un poco en ser aceptada, pero hoy ocupa el lugar que le corresponde, y las primeras palabras de su texto son un canto a la región y su extensión: «¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad. Sea por Andalucía libre, España y la Humanidad!».

Esperanza

Es posible que un día los políticos se pongan de acuerdo en algo o que un tercer partido ocupe el espacio entre los dos partidos contendientes y medie entre uno y otro y la gobernanza sea posible.

Espero que cuando mi bisnieta alcance la mayoría de edad esto se haya hecho realidad. Mi bisnieta tiene un año y medio. Tiempo hay para llegar a un acuerdo. Ut supra. No sé si este latinajo va bien o mal. Pero queda bonito. 

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