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Historias de la Costa

Robert Redford en Mijas: así fue su estancia de varios meses en Málaga

La superestrella de Hollywood vivió seis meses en la provincia en mitad de un proceso de dudas, en 1966; aquí pensó en dejar la profesión y dedicarse al arte

Robert Redford, en la película 'The Old Man & The Gun'.

Robert Redford, en la película 'The Old Man & The Gun'. / Eric Zachanowich

Lucas Martín

Lucas Martín

La Costa del Sol no sólo es un motivo para las bebidas heladas y los trajes de baño. Su evocación debería contar con tantos epígrafes de enciclopedia como los sueños de Carlo Magno. A las historias del rock and roll y del lujo de los sesenta se podrían sumar nuevas definiciones. Entre ellas, la de formar parte de la biografía de las grandes estrellas de Hollywood. Incluso de las más celosas con su vida privada. Es el caso del icono, de la leyenda, de Robert Redford, habitante ilustre de Mijas, donde su carrera dejó atrás la bruma y el anonimato.

Recomponer la estancia del californiano en la provincia resulta una tarea ardua, desmigajada. Al actor no le gusta hablar de sí mismo, la referencia se oculta en entrevistas privadas, en páginas de turismo norteamericano. Allí se agota el misterio, parcialmente desvelado en los últimos cuarenta años. Robert Redford no sólo estuvo en Mijas, no ejerció de turista. En sus calles vivió una encrucijada, estuvo a punto de dejar el teatro, de no ahondar en el camino del cine.

El Robert Redford que residió en la Costa no era el de la sonrisa de cartel y revista. Su trayectoria estaba perforada por las dudas. Arrastraba dolor, la muerte de su madre, de su hijo recién nacido. No sabía si la interpretación representaba la respuesta. Fue su segundo intento de renuncia. El primero, en el que ensayó la huida de la bohemia, en París y en Italia, resultó un fracaso, abundó en el abandono y el consumo, cada vez más acusado, de alcohol.

Imagen de archivo de mayo de 1972 en la que Robert Redford conversa con el director Sydney Pollack durante el Festival Internacional de Cine de Cannes.

Imagen de archivo de mayo de 1972 en la que Robert Redford conversa con el director Sydney Pollack durante el Festival Internacional de Cine de Cannes. / AFP

Un semestre en la provincia

En 1966 las cosas eran muy distintas. Sus papeles en musicales le habían convertido en un talento incipiente. Robert Redford prometía, aunque seguía sin tener clara su vocación. Se matriculó en la escuela de artes de Nueva York. Ahí, en la pasión por la pintura, inesperadamente, entra en escena Mijas. En mitad de sus primeros éxitos, con 29 años, la superestrella convenció a su mujer y se trasladó a la Costa del Sol para dedicarse al arte. Durante seis meses, el periodo en que se radicó en la provincia.

La revelación

En Málaga, Robert Redford trocó su condición de actor emergente por la de artista desconocido. La duda se inclinaba lentamente por el lado de los pinceles, extendidos hacia el sol de Mijas. No se sabe si fue una llamada o una revelación mística, pero pocos meses después fue contratado para llevar al cine la obra que la había reportado éxito sobre la madera: ´Descalzos por el parque´, con Jane Fonda, la película que le catapultó a la gloria. Quizá el guión le llegó mientras paseaba en un burro-taxi, de mano de un cartero nacido en Las Lagunas. Lo que sí está claro es que a partir de ese momento no existieron más vacilaciones, o al menos, expresadas con maniobras evasivas, billetes de avión y cajas de acrílicos.

¿Cómo era su vida en Mijas?

La biografía que Michael Feeney Callan escribió sobre el actor ('Robert Redford. La biografía') relata cómo la llegada a Mijas se hizo en medio de una fuerte crisis profesional, pero también personal, ya que su matrimonio con Lola Van Wagenen no iba por buen camino, marcado además por la pérdida de su hijo Scott al poco de nacer. Eso llevó al actor a buscar un refugio con su mujer y dos hijos pequeños fuera de su entorno, con el que lidiar también con sus crecientes problemas con el alcohol.

Su día a día en Mijas era muy bohemio. Pintaba, salía al campo con sus hijos, se movía en moto por el entorno e iba a comprar comida a pequeñas tiendas de Mijas y Fuengirola. Conoció las procesiones de la Semana Santa y caminaba la mayor parte del tiempo descalzo, en un ambiente de relajación y fuera de la presión laboral que sentía en su incipiente carrera de actor.

Melannie Griffith en la película dirigida por Robert Redford 'Un lugar llamado Milagro'.

Melannie Griffith en la película dirigida por Robert Redford 'Un lugar llamado Milagro'. / L. O.

Coincidencia con Melanie

El misterio, sin embargo, persiste. ¿Por qué Mijas? La fama en los sesenta se centraba en Marbella y Torremolinos. La pregunta, si se refiere a España, es más evidente. Robert Redford tenía debilidad por el mundo hispano. Había crecido en Santa Mónica, en un barrio latino. Su primera mujer, con la que viajó a la provincia, se llamaba Lola. No son casualidades. El vínculo se palpa en una de las últimas películas que dirigió, ´Un lugar llamado Milagro´, de 1988, basada en la batalla de autonomía de un pueblo de América Latina. Lo extraño es que el reparto ofrece un golpe de azar, una estructura circular, simpática. El actor se decantó por darle un papel a Melanie Griffith, quien entonces aún no conocía a Antonio Banderas. Pasado y presente del pequeño Hollywood de la Costa del Sol, del vórtice de historias del litoral de la provincia. Quizá ambos se reúnan algún día y recuerden: el pescaíto, los cambios, la piedra blanca de Mijas, donde Robert Redford fue simplemente un pintor desconocido.

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