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Mirando atrás

‘Roto’: el mundo cabe en una tienda de Málaga

Cuando tenía 50 años, el abogado malagueño Javier Ruiz se lió la manta a la cabeza para poner en marcha una tienda para coleccionistas de todo tipo de objetos. Se llama ‘Roto’, hace tres años se mudó a la calle Pastora, junto a la Alameda, y acuden clientes hasta de Alaska.

Javier Ruiz, esta semana en ‘Roto’, con un desplegable dedicado de Cruyff, de un álbum de cromos de Cropán.

Javier Ruiz, esta semana en ‘Roto’, con un desplegable dedicado de Cruyff, de un álbum de cromos de Cropán. / A.V.

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Javier Ruiz, el propietario de esta céntrica tienda en calle Pastora, 1, a dos pasos de la Alameda, reconoce que es difícil describir su establecimiento: «No es una juguetería pero hay juguetes, tampoco es una tienda de música pero hay libros, ni una librería pero hay libros, ni es un anticuario».

En la famosa película de Disney ‘La bruja novata’, Ángela Lansbury describe la zona londinense de Portobello Road como aquella en la que «se compra y se vende hasta el sol». ‘Roto’, explica su dueño, trae a Málaga ese espíritu de las tiendas de Londres, que también abundan en otros rincones de Europa, aunque en España no tanto. «Es una tienda de cosas», zanja Javier Ruiz.

A este abogado de La Trinidad la vida le dio un vuelco cuando quebró una importante compañía malagueña en la que trabajaba. «Me pilló con 50 tacos y me dije: ¿Qué hago yo ahora y en plena crisis?, porque con 50 no se puede ir a ningún lado».

La respuesta fueron los mercadillos artesanales, aprovechando su faceta de coleccionista. «Y me fue muy bien», explica.

Un detalle de ‘Roto’, con muñecas y miniaturas de personajes de uniforme, incluidos don Juan Carlos y doña Sofía.

Un detalle de ‘Roto’, con muñecas y miniaturas de personajes de uniforme, incluidos don Juan Carlos y doña Sofía. / A.V.

El siguiente paso fue abrir en 2016 un establecimiento, que primero estuvo en calle La Regente y desde hace tres años, en el emplazamiento actual.

A la hora de trabajar, una de sus máximas es que «si algo me gusta para mí, lo traigo, lo disfruto y lo pongo en venta», y explica que, «al principio, te enamoras de la pieza, no la quieres vender y la pones muy cara».

La otra máxima -tan popular entre el gremio como castiza- es que «cada mierda tiene su mosca». Y no es ninguna exageración: mientras habla con La Opinión en ‘Roto’ entra Mariano González, un veterano coleccionista del que también se nutre Javier Ruiz, que cuenta que colecciona «cajas de cerillas de 1840, porque en Málaga había cuatro fábricas», aunque también va detrás de las cajas de 1.900.

Para él, que además de cajas de cerillas ha coleccionado «de todo», la tienda es «una maravilla».

Álbumes de cromos, mapas, figuritas de plomo, pistolas de juguete con repuestos de ‘fulminantes’, colecciones de insectos, tebeos antiguos, discos de los Beatles o de los Rolling...

Pink Floyd sí, reguetón, no

Javier Ruiz explica que, salvo algunas excepciones, el grueso de la tienda está dedicado a objetos de los años 60 a 90 del siglo pasado. Por eso, en la ambientación musical subraya que tiene vetado «el reguetón», y comenta que, en ocasiones, los clientes entran por el aire acondicionado o para escuchar, por ejemplo, a Pink Floyd. «Se está fresquito, hay buena música y yo no soy un malaje», bromea.

Antiguos juguetes de hojalata que aún funcionan.

Antiguos juguetes de hojalata que aún funcionan. / A.V.

Entre las excepciones de su arco temporal, la estrella de ‘Roto’ es una colección de juguetes de hojalata de entre 1910 y 1940, que siguen en forma tantas décadas después. Para demostrarlo, pone en marcha el que representa a dos músicos negros de jazz al piano, y el de un hombre con mandil, gorra y una carretilla, este último, de la casa alemana Lehmann.

También de los años 50 y 60 son muchos de los libros de texto, que siguen siendo muy demandados; a veces, por los grabados que exhiben o porque disciplinas como la Química, han evolucionado tanto que un manual de la posguerra se convierte en todo un viaje científico al pasado.

El mapamundi

Y no sólo entran malagueños en busca de objetos de colección o ligados a su vida; emplazada en el Centro Histórico, el paso de turistas nacionales y extranjeros es constante.

El mapamundi que Javier Ruiz tiene en la tienda muestra de dónde proceden los visitantes extranjeros.

El mapamundi que Javier Ruiz tiene en la tienda muestra de dónde proceden los visitantes extranjeros. / A.V.

Para demostrarlo, Javier Ruiz extiende un mapamundi, en el que tiene señalados los puntos de origen de sus visitantes, y por detrás, las ciudades y países de los que provienen, escritos a mano por los mismos clientes: Sudáfrica, Corea del Sur, Japón, Indonesia... También de Alaska y, en una ocasión, aparecieron los miembros de un buque escuela peruano que estaban dando la vuelta al mundo, cuenta.

Quizás, una de las visitas más emotivas fue la de un norteamericano que comenzó a hojear un álbum de cromos de la película ‘Los Diez Mandamientos’ (1956). Como detalla Javier, el hombre se detuvo en una de las páginas y comenzó «a llorar»: había localizado a su padre, uno de los actores de la película, así que se volvió a su país con ese inesperado regalo familiar.

Aparato para medir la cabeza del cliente que va a hacerse un sombrero.

Aparato para medir la cabeza del cliente que va a hacerse un sombrero. / A.V.

Con página propia en Todocolección, cuenta que ya ha llegado a un punto en el que no necesita buscar, sino que ya son los clientes los que acuden a ofrecerle cosas. Una de las más exóticas, por cierto, es un aparato mecánico para medir la cabeza, con el fin de confeccionar un sombrero.

A la hora de despedirse, Javier confiesa que no cierra a la hora de comer, «porque para mí es como estar en un cumpleaños». El mundo de los recuerdos está en sus manos.

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